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La pasividad receptiva contra el sujeto dualizado

*Lectura previa recomendada: “La importancia de la autenticidad para una filosofía práctica”

La concepción dualista del sujeto produce a nuestro parecer serios problemas y contradicciones en el seno de la conciencia humana de individuo. El dualismo supone la distinción mente-cuerpo – de origen cartesiano -, prisma a través de cuya mirada ha producido históricamente funestas consecuencias en tanto ha provocado la distinción volitiva – que puede apreciarse en el ideal ascético – por el cual, las pasiones, con origen en el cuerpo, son juzgadas como perniciosas en tanto “esclavizadoras”, al no provenir de la voluntad racional, siendo asimiladas al pecado en las caracterizaciones religiosas-. Frente a estas, la voluntad racional, vista como única instancia garante de la libertad del individuo, tiene por objetivo luchar contra dichas pasiones.

Este modelo suscita fuertes fricciones en el individuo, como veremos a continuación, el cual se ve obligado a reprimir pasiones tan legítimas como su capacidad de razonar, en virtud de una determinada conceptualización del carácter humano. Para caracterizar está dinámica contraproducente resulta interesante extraer las consecuencias de articular la dinámica por la cual reconocemos nuestra identidad bajo este prisma dualista, lo cual nos desvelará perspectivas poco apetecibles: Continuar leyendo


La importancia de la autenticidad para una filosofía práctica

¿Cómo debe uno vivir? Esta importante pregunta filosófica ha tenido tradicionalmente dos enfoques que, a la luz del pensamiento contemporáneo, nos resulta imposible aislar: Por un lado, la tradición socrático-aristotélica ha enfocado la reflexión como medio para perseguir el fin último de la felicidad, por otro, – teniendo en Kant el máximo exponente del ideal ascético que hereda la concepción moral de la religión – la modernidad ha dirigido los esfuerzos de la reflexión hacia el justo obrar, el cual culmina parcialmente en un concepto que reconoceremos fácilmente como importante, la responsabilidad.  Nos resulta bastante intuitivo comprender lo inapropiado de la rigidez de cualquiera de ambos enfoques, y que para responder a la pregunta por el modo de vivir, resulta necesario articular nociones que aúnen ambos intereses.

Es en esta linea en la que la noción de autenticidad que plantea Bernard Williams resulta muy explicativa; dicha autenticidad, que consiste en la fidelidad a una identidad personal, debe comprenderse como un valor fuertemente ligado a un vivir que trata de colmar las expectativas de un sujeto en cuanto a felicidad y responsabilidad. Ahora bien – hete aquí la dificultad – ¿como funciona la creación de una identidad? y ¿de que manera podemos generar una acción acorde a ésta? Continuar leyendo


Democracia natural

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Tweet-debatía yo, hace un tiempo, a tenor del perjuicio que suponía la radicalidad ideológica en el seno de la opinión pública; de como las etiquetas que marcaban a amigos y enemigos empobrecían el debate social, entorpeciendo el análisis crítico de opiniones que, de ser consideradas como independientes, bien podrían tener mucho que enseñar, y lo hacía con uno de los estupendos piensa-mucho que se esconden detrás de Cumbres Sin Ecos, nada menos.

Rápidamente, la única manera en que Twitter te permite acontecer, llegamos a un buen acuerdo al respecto de esta cuestión; sin embargo sugerí que, aunque nada tiene de apropiado ese irracional odio que da forma al concepto de enemigo, todos tenemos en el debate social a quien considerar “el enemigo”; y bajo determinada perspectiva teórico práctica, bien podría resultar incluso provechoso. Mi idea no es para nada nueva, es de hecho compendio de influencias claramente identificables, y sin embargo espero que sea una teoría digna de lectura, quizá mas que de aplicación, por su énfasis en la comprensión dinámica de la realidad.

Las bases de mi elucubración parten de teorías que se asocian al nombre de  Heráclito de Efeso. Éste era uno de los primeros filósofos físicos, aquellos que entendían la creación del mundo a partir de un principio físico natural, en su caso el fuego; ahora bien, entendido como cambio, como movimiento. Esta es una idea que personalmente siempre me ha gustado mucho, pues Heráclito define esta esencia cambiante del mundo como el eterno devenir, algo que encaja con mi concepción de la realidad como un devenir existencialista; es decir, entendido como el resultado de una cantidad de factores incontables en modo alguno, de entre los cuales solo nos está permitido afectar, si acaso, unos pocos; lo cual nos sitúa en una situación cercana a la indefensión, nunca total.

Por otro lado, este es un punto muy importante, hay contenido en el saber de Heráclito otro principio muy interesante, el de la teoría de los opuestos. Esta sostiene que los opuestos crean con su negación del otro una dinámica equilibrada, es decir, la tensión entre los opuestos crea un equilibrio, aun mas, un flujo equilibrado. Sin duda este es el germen de filosofías dialógicas como la de Hegel, y de conceptos como el círculo virtuoso, que encontramos en autores como Gadammer o Heidegger.

Propongo que intentemos abrir la dualidad, ampliamente criticada en la posmodernidad, e integrar estos conceptos en un sistema democrático, asumiendo al tiempo ciertas realidades. Asumiendo, en primer lugar, el carácter inevitablemente moral del ser humano en sociedad, y asumiendo a la vez la insuficiencia de la ley. Esto podría constituir la guía de una verdadera democracia natural. Continuar leyendo


Desafío a mi lágrima

Como si alguien apretase tu estómago en un gran puño; no se describir mejor la sensación que atenaza el sentir cuando intentas reconstruir mentalmente el puzle social a través de las noticias y críticas imperfectas de los periódicos y medios de comunicación diversos, por supuesto estos siempre omiten todo lo que va mas allá de occidente, y aun así la visión de la realidad es dura como un clavo de ataúd. Lo que más duele de la realidad, de las familias en la calle, de los trajeados ladrones que nunca han necesitado ser un pirata en un parque cualquiera, de las colas en el economato, de los ojos llorosos, y de todo ese amplio etcétera que no hay letras para escribir, es que es culpa nuestra… Continuar leyendo