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Lo político de los universales.

Desde el discurso político siempre se insta al ciudadano a acometer el juicio de determinadas medidas políticas adoptadas, o de sus consecuencias prácticas, desde unas bases que se pretenden inamovibles, es decir, desde algo que es, que supone un marco de objetividad y referencia desde el que pueden caber ciertas interpretaciones sobre como proceder, y que dan lugar a diferentes posturas políticas, pero que tienen una base común y clara. Esta base común y clara no es otra cosa que una base cultural hegemonizada, de la cual se pretende desprender cierta legitimidad precisamente por su condición de universal. Sin embargo, lo universal, lo comúnmente aceptado, no siempre lo ha sido en otro tiempo, y la homogeneización cultural es producto de una labor política; el universal es por tanto en su especificidad un contenido político. Continuar leyendo

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Democracia natural

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Tweet-debatía yo, hace un tiempo, a tenor del perjuicio que suponía la radicalidad ideológica en el seno de la opinión pública; de como las etiquetas que marcaban a amigos y enemigos empobrecían el debate social, entorpeciendo el análisis crítico de opiniones que, de ser consideradas como independientes, bien podrían tener mucho que enseñar, y lo hacía con uno de los estupendos piensa-mucho que se esconden detrás de Cumbres Sin Ecos, nada menos.

Rápidamente, la única manera en que Twitter te permite acontecer, llegamos a un buen acuerdo al respecto de esta cuestión; sin embargo sugerí que, aunque nada tiene de apropiado ese irracional odio que da forma al concepto de enemigo, todos tenemos en el debate social a quien considerar “el enemigo”; y bajo determinada perspectiva teórico práctica, bien podría resultar incluso provechoso. Mi idea no es para nada nueva, es de hecho compendio de influencias claramente identificables, y sin embargo espero que sea una teoría digna de lectura, quizá mas que de aplicación, por su énfasis en la comprensión dinámica de la realidad.

Las bases de mi elucubración parten de teorías que se asocian al nombre de  Heráclito de Efeso. Éste era uno de los primeros filósofos físicos, aquellos que entendían la creación del mundo a partir de un principio físico natural, en su caso el fuego; ahora bien, entendido como cambio, como movimiento. Esta es una idea que personalmente siempre me ha gustado mucho, pues Heráclito define esta esencia cambiante del mundo como el eterno devenir, algo que encaja con mi concepción de la realidad como un devenir existencialista; es decir, entendido como el resultado de una cantidad de factores incontables en modo alguno, de entre los cuales solo nos está permitido afectar, si acaso, unos pocos; lo cual nos sitúa en una situación cercana a la indefensión, nunca total.

Por otro lado, este es un punto muy importante, hay contenido en el saber de Heráclito otro principio muy interesante, el de la teoría de los opuestos. Esta sostiene que los opuestos crean con su negación del otro una dinámica equilibrada, es decir, la tensión entre los opuestos crea un equilibrio, aun mas, un flujo equilibrado. Sin duda este es el germen de filosofías dialógicas como la de Hegel, y de conceptos como el círculo virtuoso, que encontramos en autores como Gadammer o Heidegger.

Propongo que intentemos abrir la dualidad, ampliamente criticada en la posmodernidad, e integrar estos conceptos en un sistema democrático, asumiendo al tiempo ciertas realidades. Asumiendo, en primer lugar, el carácter inevitablemente moral del ser humano en sociedad, y asumiendo a la vez la insuficiencia de la ley. Esto podría constituir la guía de una verdadera democracia natural. Continuar leyendo


El humo de las ideologías excluyentes

En momentos de crisis, no necesariamente económica, siempre hay un auge de los proteccionismos, que en sus fases iniciales no son mas que ahorro donde antes había despilfarro, pero no hablamos aquí de dinero, sino de bondad y confianza. Cuando las cosas y las caras vienen duras, las madres aconsejan a sus hijos infantes, en los barrios, estar poco tiempo en la calle y volver sin falta antes del anochecer, procurando evitar a los desconocidos y sus míticos caramelos de droga pura; de igual manera, los padres recomiendan a sus hijas casaderas, cuando salen, no perder el sentido en la demasía necesaria para terminar siendo víctima – mientras cargan la escopeta para una excursión nocturna nada relacionada con el ocio filial -. Y esto lo hacen, además, con el paternalismo bienpensante que les es propio, y con la tenacidad y cuidado con que la sabana africana enciende fuegos y alza vigías para proteger a sus niños de las risueñas fauces de las hienas. Sin embargo, parece fácil de comprender, esta no es un actitud apropiada para el miedo social en democracia. Continuar leyendo