El sello perezoso

El momento de admitir el final de este blog llegó hace meses; es ahora. Con mucho menos arte que otros, clausuro ahora estos años de aprendizaje salvaje y parcialmente desaprovechado, de expresión feliz, aun en la tristeza intrínseca del pensamiento. Creo cerrar aquí la infancia de mi intelectualidad – o algo menos capcioso -, sin significar esto que haya conquistado una madurez vegetal; simplemente se acabaron las piruletas, el pica pica y la búsqueda de palos con los que dibujar las caras en patas de gallo.

Escribo este cerrojo contento y atemorizado por el comienzo de una nueva etapa. Se acerca algo que desde luego no puedo definir, pero que intentará mantener visible la escritura en tanto necesidad agridulce, y que buscará abandonar la mirada solitaria de la embestida para destruir, quizá, en compañía.

Para dar cabida a las reflexiones cotidianas de mi vivaz sesgo mortuorio me construiré otro nido en el que podrán leer o ignorar con placer idéntico, mas para mi trabajo disertativo sobre lecturas o realidades intentaré encontrar un lugar mas concurrido y expuesto, más al alcance de las hachas de los maestros.

Muéranse de viejos.

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