La pasividad receptiva contra el sujeto dualizado

*Lectura previa recomendada: “La importancia de la autenticidad para una filosofía práctica”

La concepción dualista del sujeto produce a nuestro parecer serios problemas y contradicciones en el seno de la conciencia humana de individuo. El dualismo supone la distinción mente-cuerpo – de origen cartesiano -, prisma a través de cuya mirada ha producido históricamente funestas consecuencias en tanto ha provocado la distinción volitiva – que puede apreciarse en el ideal ascético – por el cual, las pasiones, con origen en el cuerpo, son juzgadas como perniciosas en tanto “esclavizadoras”, al no provenir de la voluntad racional, siendo asimiladas al pecado en las caracterizaciones religiosas-. Frente a estas, la voluntad racional, vista como única instancia garante de la libertad del individuo, tiene por objetivo luchar contra dichas pasiones.

Este modelo suscita fuertes fricciones en el individuo, como veremos a continuación, el cual se ve obligado a reprimir pasiones tan legítimas como su capacidad de razonar, en virtud de una determinada conceptualización del carácter humano. Para caracterizar está dinámica contraproducente resulta interesante extraer las consecuencias de articular la dinámica por la cual reconocemos nuestra identidad bajo este prisma dualista, lo cual nos desvelará perspectivas poco apetecibles:

El momento de descubrimiento responde – inserto en el modelo dualista – a una pasividad que Simone Weil llamará pasividad baja, en tanto es una pasividad por la cual descubrimos circunstancias o rasgos de nuestro modo de ser que juzgamos como negativas al no provenir de nuestra capacidad de libre decisión. Frente a este descubrimiento tenemos solo dos opciones, o claudicar y rendirnos ante el peso de estos, renunciando por tanto a la libertad para forjar nuestra identidad, o luchar contra ellos gracias a lo que – siguiendo el modelo kantiano – llamamos la voluntad.

Aplicar la voluntad para reconocernos una identidad que tenga sentido para nosotros es sin duda necesario, sin embargo, articular las fuerzas de la voluntad y de las pasiones internas, sumadas a las circunstancias externas, como directamente enfrentadas es claramente contraproducente, y termina por abocarnos a la derrota por lo que Weil llama el orden de la gravedad.

Para entender esto resulta muy explicativo el ejemplo de la balanza, que propone la misma autora:

La aguja de la balanza representa la acción del sujeto, y ésta apunta en base a los pesos que soportan los platillos. Para cambiar  la dirección de la aguja – nuestra acción – tenemos dos opciones: O mover la aguja de la balanza con los dedos, y mantenerla en la dirección que queremos (lo cual tendrá una duración determinada hasta que se nos agote la fuerza), o cambiar los pesos.

La opción de mover al aguja con los dedos es la que podemos asemejar a la voluntad enfrentándose a las pasiones y circunstancias de nuestra vida; como es lógico, éstas últimas no se agotan pues tienen un origen natural o externo y, por el contrario, nuestra voluntad resistiendo consume nuestra fuerza en una batalla perdida de antemano. La opción que resulta mas conveniente es, a todas luces, modificar la distribución de los pesos hasta que la aguja – la acción – esté orientada a nuestro gusto.

Para acometer esta tarea necesitamos percibir el momento de descubrimiento inscrito en la mecánica de reconocimiento de nuestra identidad bajo una óptica no dualista, en lo que Simone Weil llama pasividad receptiva. Esta pasividad no comprende los límites que nuestros rasgos y circunstancias vitales suponen como un enemigo al que vencer empuñando la espada de la regia voluntad, sino que es una pasividad que pretende escuchar el orden natural del mundo y de nuestro ser para enfocar el momento de decisión en una sinergia con nuestros rasgos, pasiones y circunstancias que forje una identidad que nos garantice una vida con sentido.

De esta manera, la pasividad receptiva nos permite aplicar el momento de decisión no como una lucha brutal contra la corriente, sino como un momento creativo por el cual somos capaces de utilizar la corriente para nuestros propósitos. Esta forma de pasividad que se distingue por la escucha activa que posibilita una nueva dimensión el movimiento de decisión, nos aleja implícitamente del modelo dualista: nuestro cuerpo transmite sensaciones que deben ser escuchadas y, al afirmar esto, negamos el carácter pecaminoso o pernicioso de nuestras disposiciones, nuestras pasiones o nuestras circunstancias comprendiendo que responden a un orden de necesidad contra el no hay que luchar, sino en el que hay que apoyarse.

Esta nueva comprensión de la dinámica hace que los esfuerzos de nuestra voluntad no se enfoquen contra un muro inamovible en un vano intento por resistir, sino que se dirijan en una dirección de construcción creativa para una identidad cuya fidelidad nos garantice la satisfacción de las necesidades de una vida feliz y ética.

 *  Entrada sintética de ideas originales de Josep Corbí recogidas en:   Morality, Self-Knowledge, and Human Suffering. An Essay on the Loss of Confidence in the World (New York, NY: Routledge, 2012) Cuyo ejercicio reflexivo ahonda en la obra de Bernard Williams y Simone Weil.

 

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3 responses to “La pasividad receptiva contra el sujeto dualizado

  • La importancia de la autenticidad para una filosofía práctica | Humo de lector

    […] Sin embargo, aun con el considerable poder explicativo de esta teoría de la identidad, sigue resultando harto difícil orientar el método para responder a la pregunta por el cómo vivir – orientar la acción, en definitiva – y esta dificultad responde a que observamos la teoría a la luz del modelo de sujeto dualista, propio de la modernidad, y que está fuertemente arraigado en la sociedad occidental. Sobre el problema que esta concepción dualista representa y las posibles formas de  superación de esta concepción en la orientación de la pregunta por el cómo vivir ahondaremos en la siguiente entrada: “La pasividad receptiva contra el sujeto dualizado” […]

  • Carlos Pradas

    Parece que al final sí te ha gustado el temario de Corbí 😉 Resulta curioso darse cuenta de que las querellas filosóficas se repiten una y otra vez. Desde un nuevo avatar de Descartes y los racionalistas, como bien has dicho, a un nuevo avatar de los románticos (Goethe, Schiller, Hölderlin…). Por supuesto, sin quitarle ningún mérito a Williams ni a Weil. Buena entrada 🙂

    • Beijabar

      Sin duda, al final son las mismas cuestiones pero desde diferentes perspectivas. Ésta me ha resultado muy atractiva por el empoderamiento que su comprensión puede dar a una persona para regir mejor su vida.

      El temario de Corbí ha estado bien, la primera parte sobre la autoridad de la primera persona es mas aburrida, pero a partir del tema de la identidad resulta interesante.

      Gracias por el coment!

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