Aire

Y a pesar de todo está el aire.

Aunque dances al unísono, aunque intercambies vibraciones con perfecto sincronismo, aunque te engañe la dopamina o aunque te rodees de gatos, la soledad atómica es el elemento adicional, sin abreviatura periódica, del que está compuesto el aire.

La vida es de una verosimilitud maravillosa, desesperada. En ella, la espiritualidad que asome su dualidad coronada quedará rápidamente en ridículo ante los hachazos en el cráneo. La lencería del individuo permanece, sin embargo, fuera de las garras de la NSA gracias al secreto de tu cuerpo pre-tecnológico, y del que esconda la todo poderosa monja risueña, campesina.

Y a veces, en la ilusión y el traqueteo, se escapa algo de color de liguero; cuando chocan las espadas, cuando se regalan los besos, cuando el sistema de extinción salva los incunables de archivos y bibliotecas, en definitiva, cuando falta el aire. Pero esto no es lo natural: acaso sea por simple movilidad, tu piel te define solitario, como el traje al buzo.

El aire es la realidad riéndose de tus pretensiones de comunión. Es el que atenúa la señal de tus ojos buscando conexión, y el que te mueve la antena cuando hay peligro en el área. Es el que te impide la amputación cervical por telequinesia cuando el demonio se te lleva; el que encaja tus golpes fallidos y te permite vivir. Es lo que no eres tú, además de los que por su esencia no son tú.

El aire guarda la fragancia de la sensualidad de un carpesano, la esperanza del contacto, la fe en un dios con capa; permite el fenómeno, y la potencia de los ojos y oídos, el teatro y la tragedia, el deleite y decir nada. El aire es ser yo, sin teatro cartesiano, y con la conexión neuronal rota solo en la punta de los dedos. El aire es lo que nunca seremos por ser hombres y mujeres de una magia sabor menta al servicio de las trenzas de la resignación.

Efferalgan de un gramo y chicle para este vuelo con retrasos que intenta secuestrar al aire por el que vuelan los misiles y el sinsabor.

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One response to “Aire

  • Creta Kanoo (@deJongMarion)

    Buenos días, quizá no te acuerdes de mí y te parezca extraño que me haya acordado de ti, pero así es. He cotilleado tu humo de lector, y vaya, me ha encantado cómo escribes, sobre todo la entrada de Quince minutos, trauma y sueño. Simplemente me apetecía no perderte de vista.
    Quise dejarte el mensaje en twitter, pero no he podido. Borra el comentario si quieres.
    Por cierto, te envío esto desde la facultad, ¡gracias a ti!

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