Las becas en serio

Con todo este revuelo sobre el aumento de las exigencias para ser becado durante el curso 2013-2014 uno tiene que escuchar muchas gilipolleces. No nos adelantemos, sin embargo, y ubiquemos antecedentes. El ministro Wert – the big one – ha levantado ampollas y vítores con alguna de sus últimas declaraciones:

“Yo no niego que pueda existir la posibilidad de que un estudiante de pocos recursos se esfuerce, y no llegue a ese 6,5. En ese caso, la pregunta que hay que hacerse es: ¿está bien encaminado ese estudiante que no puede conseguir un 6,5 o debería estar estudiando otra cosa”    El País 24-Junio-2013

Observemos que aquí hay mesura, es innegable que hay afirmación y se cuestiona “el camino”, pero expresiones como “pueda existir la posibilidad” o “la pregunta que hay que hacerse” indican que ésta no es la mayor gilipollez que orbitará este tema del que todos opinan – yo no soy menos-; se trata de un cuestionamiento que, aunque incorrectamente formulado, es legítimo en lo que atañe al objeto de su preocupación: el dinero que se gasta en becas.

Si remitimos a las estadísticas del INE referentes a adjudicación de becas para estudios universitarios en nuestro país, siempre cursados en universidades públicas, podemos comprobar que en el curso 2010 – 2011 se adjudicaron 878.574 becas, de entre las cuales fueron 68.814 compensatorias y 272.556 de exención de tasas. Estas son las becas que principalmente se ponen en cuestión – ya que acaparan la mitad del presupuesto que el conjunto de las administraciones destinan a Becas y Ayudas al Estudio (E. Universitarios)-, proponiendo la negación de su adjudicación ante una nota media de acceso a la universidad inferior al 6,5 , y su renovación ante una obtención de menos del 100% de los créditos para carreras “de letras” y del 85% en estudios “científicos”.

Expuesta la situación, vayamos a los argumentos. Ante este panorama uno tiene que oír de todo: Que “Desde cuando los estudios superiores son un derecho”, a lo que es fácil responder que desde que el estado está obligado a garantizar la libertad de oportunidades. Esto es mas importante de lo que pueda parecer, porque para muchos determina una óptica concreta desde la que observa la cuestión. Es importante entender lo que significa derecho aquí, significa que no se puede negar a nadie el acceso a los estudios superiores por razones económicas, es decir, aquí una “libertad positiva” como es la de las posibilidades económicas para estudiar se convierte en una “libertad negativa” entendida como falta de coacción económica en el acceso a los estudios. Está conversión sucede en virtud del ideal humanista del sistema socialdemócrata – que intenta ser socavado – por el cual la educación aumenta el capital social de un país, lo cual fomenta una sociedad mas formada y preparada, que mejora el nivel de validez en la participación intersubjetiva que supone el sistema de gobierno democrático, además de los beneficios económicos que supone en un sistema económico justo y estable – No es el caso -.

Lo que todo esto quiere decir es que las becas no son caridad. Es importante entender esto, para que cuando uno escuche afirmaciones como “encima que pagamos sus estudios” (en referencia a la universidad pública), “hay que pagarles por estudiar” (becas compensatorias), comprenda su absurdez. Las becas son una manera de redistribuir la riqueza y reducir así las desigualdades sociales provocadas por un sistema económico liberal, lo que viene siendo la socialdemocracia de toda la vida, vaya.

Teniendo claro que las becas no son caridad, sino justicia social para un sistema socialdemócrata – sistema que no todos tienen que apoyar, pero que se supone es el nuestro -, afrontamos ya la cuestión con una óptica algo mas limpia de interesadas legañas, y podemos permitirnos asaltar la cuestión de si notas arriba o notas abajo. La cuestión de las calificaciones de acceso tiene un fondo argumental claro, hay que dar la oportunidad de estudiar a aquel que esté dispuesto a dedicar el esfuerzo necesario para aprovecharla, no estamos para tirar el dinero. En esto he de estar totalmente de acuerdo ¿quien no?, pero el mayor problema de medidas como la propuesta por Wert es que están planteadas de una manera aislada, ya que aunque efectivamente no sería descabellado aumentar paulatinamente el nivel de exigencia para ser becado, favoreciendo así la excelencia en el capital social que genera un buen sistema público de educación universitaria, no puede hacerse alienando el ámbito de los resultados académicos de la cuestión social.

La burda simplificación

El asalto a la cuestión de las becas ha sucedido de una manera algo simplista, en mi opinión: los únicos parámetros contemplados son lo que gana el estudiante y/o su familia, además las notas que saca. Esta simplificación no es casual, y aderezada además por un discurso lleno de “cultura del esfuerzo” y “excelencia” roza el cinismo.  Un estudiante, por suerte, es mucho mas. En una persona joven influyen diversos factores, su educación humana, sus circunstancias socio-familiares y económicas, sus ambiciones, su evolución y madurez psicológica… un sin fin de cuestiones a evaluar si quieres tomarte la cuestión de las becas en serio.

El 5.0 de un estudiante que lleva trabajando a media jornada desde los dieciséis años para ayudar económicamente a su familia y que asume una alta responsabilidad en la educación de sus hermanos ante la “ausencia” de sus padres vale, en términos de esfuerzo y excelencia, mas que el 7.5 de un joven acomodado, educado en el esfuerzo académico y con una buen provisión de recursos adicionales para mejorar sus deficiencias. El 80% de los créditos aprobados de un joven de veinte años emancipado y que trabaja a jornada completa vale mas que el 100% de los créditos de un estudiante a tiempo completo que vive en casa de sus padres sin otra ocupación que hacerse la cama y estudiar.

Las valoración de estos casos es complicada, porque una norma, un principio de evaluación – mas aun uno tan abiertamente simplista – puede resultar insuficiente, imperfecto ante la complejidad de la casuística concreta. Por eso un estado tiene dos opciones: o abre la mano a la injusticia (entendida como desigualdad) que puede suponer un sistema de becas algo mas permisivo en virtud del Segundo principio de justicia de Rawls (segundo apartado) por el cual “Una injusticia es permisible siempre y cuando tenga un efecto positivo entre los mas desfavorecidos de la sociedad”, o se esfuerza por realizar un análisis serio y riguroso de la condiciones sociales de cada alumno, así como por mejorar y pulir la complejidad y el alcance de este, para acometer la adjudicación de becas de estudio con mayor justicia. Esto es: tomarse las becas en serio.

Hay que evitar, sin embargo, el idealismo: El estado no puede garantizar que una familia no tenga problemas, que un joven reciba el cariño y el apoyo que necesita, que la economía funcione con justicia, que la moral sea universal y uniforme, etc. – Cuestiones que, además de imposibles, desharían el sinsentido en el que el sistema de educación superior se ha convertido, y probablemente atentarían contra la titulitis establecida-. El estado debe hacer política realista, orientada a un estado de bien-ser, mas que de bien-estar, a través de la educación precisamente. Teniendo en cuenta, además, que todas las cuestiones están interconectadas y ya nada puede ser visto en un aislamiento simplista. La educación, el capital social, la psicología social, la economía, el consumo, la política… todo está interconectado, y es importante que la política lo contemple desde la posición que ocupa, pero absolutamente imprescindible que el ciudadano lo comprenda por la misma razón.

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5 responses to “Las becas en serio

  • mariona83

    Por fin encuentro un momento para responderte. Pero, antes de hacerlo, se vuelve necesaria una contextualización, para acabar con ciertos prejuicios de base que pudiera haber hacia lo que voy a escribir. Primera contextualización: mis abuelos. Mi abuelo Jesús siempre afirma que desde los doce años él aportó dinero a su familia; ¿por qué? Porque era hijo de guardia civil y huérfano de madre, y desde los doce años le becaron por su buen rendimiento escolar. Y así continuó toda su formación, de modo que pudo llegar a ser alguien muy importante en la Hacienda pública (dato curioso: fue jefe de Aznar, y de hecho éste lo comenta en sus memorias). Mi otro abuelo, más de lo mismo. A su madre, con 7 años, la mandaron del pueblo a servir a la ciudad, porque ni siquiera podía su familia atender sus necesidades básicas, puedes imaginar el extracto social de mi abuelo. A base de mucho esfuerzo y de pasar hambre (lo digo de manera literal, después tuvo úlceras toda su vida como consecuencia de aquellos años) pudo estudiar medicina y labrarse un muy buen porvenir. Mi caso: sabes que tengo una enfermedad crónica desde los 14 años, y he tenido que sacar gran parte de mis estudios desde la cama, sola y sin profesores. Considero que mi media habría sido mucho mayor si no hubiera estado en estas condiciones, por supuesto.

    Dicho esto, habrá quedado claro que yo estoy a favor de ayudar a aquellos que lo necesitan y, además, lo merecen. Y también queda claro que cada persona tiene su contexto, y que no es lo mismo el 8 de una persona sana y sin responsabilidades, que el 7 de una persona enferma, o que también ha de trabajar. Es decir, creo firmemente que hay personas a las que se les debe ayudar, porque es de justicia hacerlo y porque, además, genera cosas positivas, tanto para la persona como para la sociedad.

    Ahora vienen los peros. Has dicho que piensas que las becas son una forma de redistribución de la riqueza. No, Alberto, no te equivoques, nada tiene que ver con redistribuir riqueza, sino con facilitar oportunidades de formación. Ahora bien, no todo el mundo es apto para determinada formación. Yo, por ejemplo, con mi enfermedad, habría sido incapaz de sacarme la licenciatura en ciencias del deporte. Ni falta que me hace. Toda esta demagogia de las becas y la supuesta igualdad de oportunidades lo único que hacen es ir en contra de quien realmente necesita y merece ayudas, que haberlos haylos, y muchos (como se ve en el caso de mi familia).

    Para empezar, tú lo has señalado bien: ¿por qué tiene que estar becado una persona que no trabaja y cuyos padres tienen renta aceptable? Todos los españoles tienen, por el mero hecho de serlo, una beca del 80-90% de la matrícula, independientemente de su aptitud y su posición económica: ¿te parece bien eso? A mí me parece injusto. Sobre todo porque he visto cómo el hecho de tener la matrícula prácticamente regalada hace bajar mucho el interés y el esfuerzo, y lo digo empezando por mí misma; cuando estudié en la pública, si se me atragantaba una asignatura, no me sabía mal dejármela, dado que apenas suponían 30€ tirados a la basura. Ahora bien, cuando me concedieron una beca privada para estudiar master, estuve luchando con cada asignatura para poder sacar la máxima calificación; primero, por no perder la beca. Segundo, para poder obtener posteriormente beca para el doctorado.

    ¿De qué se trata, Alberto? ¿De valorar méritos, o de procurar una buena formación a la gente? Comparas el 6 de una persona que estudia y además trabaja para mantener a su familia, con el 7’5 de quien vive a pensión completa con sus padres y sólo ha de estudiar. ¿No crees que sería más justo dejar de regalar la educación a aquellos que no la merecen, y además se la pueden pagar, para tener más dinero e invertirlo en el tipo de estudiante que tú señalas? Y no por una cuestión de dinero, sino de formación: si ese tipo vale, tiene talento, se merece una buena beca, de modo que pueda centrarse sólo en estudiar y así salir mucho mejor formado de lo que estaría trabajando y estudiando a la vez: no se trata de valorar su 6 y aplaudirle, sino de decirle “tío, te mereces todo el tiempo del mundo para poder aprovechar al máximo tus estudios”. La beca que yo tengo de doctorado funciona así: se conceden menos becas, pero a los que nos las conceden nos dan un sueldo que nos permite vivir (aunque sea modestamente) de ello. De hecho, se nos exige un compromiso de no tener otra ocupación laboral, para centrarnos única y exclusivamente en nuestra formación.

    Esta política de “universidad para todos” y criterios de exigencia mediocres lo único que hacen es redundar en la desigualdad social que tanto detestas. Sí, no me leas con incredulidad 😛 Con el nivel académico tan bajo de nuestras universidades, y la poca cultura del esfuerzo que tenemos, lo único que hemos conseguido es que todo hijo de vecino tenga un título universitario. ¿Cómo diferenciarnos dentro de esa multitud? Con dominio de idiomas, que consiguen las personas de familias con posibles porque los han enviado desde niños a cursos de verano en el extranjero. Con masteres super ferolíticos en universidades de prestigio, carísimos, y que sólo ellos pueden permitirse. Zapatero tuvo muy buena iniciativa con los préstamos para hacer master y doctorado pero, ¿cómo van a devolverlo, si al acabar los estudios está tan chungo el panorama? Y está tan chungo, entre otras cosas, por esa degradación del nivel de formación universitaria, y por ese desprecio que hay hacia las formaciones técnicas, ese complejo tan tonto de “el que no va a la universidad no vale”, de modo que tenemos una polarización: una masa de personas que apenas han acabado la ESO, y una masa de universitarios con formación mediocre. Eso es lo que ha destruido cualquier intento de tener un buen tejido industrial y de servicios, y que se haya dado ese fenómeno, muy propio de nuestra generación, de aspirar a simplemente ser funcionario.

    Conclusión: subir el nivel de exigencia universitario (para todos, becados y no becados) y ayudar a los que verdaderamente lo merecen y necesitan. No es redistribuir riqueza, sino dar herramientas para que cada uno pueda generar la suya propia. Es un enfoque diferente ☺

    • Beijabar

      Un gran comentario, y no lo digo solo por la extensión. Estoy de acuerdo en casi todo: Para empezar subir el nivel de exigencia de la universidad me parece muy necesario, y por las razones comentadas. Un gran desarrollo, en serio, el problema es que como ya comentaba, todo está inter-relacionado… Procedo a exponer mis reservas con respecto a tu perspectivas, son básicamente dos, que ya hemos comentado otras veces:

      1- Que el 80% – 90% de “beca” que todo estudiante de la pública disfruta no es tal, no es caridad, es un sistema de educación pública socialdemócrata: Bajo mi perspectiva la educación, desde primaria hasta el doctorado, es básica, que no es lo mismo que obligatoria -algo que se ha intentado aparejar para que parezca que ya “se cumple” cuando se paga la educación obligatoria que es la básica y viceversa (eso sin tener en cuenta la calidad)-. Por ello toda la educación, en tanto básica, no es un privilegio y debe estar integrada en un plan de educación pública totalmente pagado por el estado, que son los ciudadanos.

      2 – Esto no es una reserva como tal, sino la explicación de algo que comentas, que comparto, y que parece que es “casual” pero no lo es, el tema de la desigualdad en reconocimiento económico y social a las diferentes labores sociales:

      Este artículo se centra en la medida concreta que crítica, y en la coyuntura concreta de la educación universitaria, pero ya en el último párrafo apunto a una teoría socio-educativa que iría en la linea que tu comentas, aunque incluiría mucho mas, precisamente en relación a lo que comenta Erik en el comentario de abajo: Hay que “elitizar” la universidad [y lo que no es la universidad], pero no por acceso, sino por calidad de la enseñanza y exigencia de competencias. ¿Cual es el problema? La “recompensa” social y económica de lo no-universitario, esto es lo que realmente significa “desigualdad social”. Aquí está el abismo.

      Yo he salido a la calle con mi CFGS y me he tenido que escuchar de todo, que si “uno que no servía para estudiar”, “un currela” e incluso “aunque haces un buen trabajo por tu nivel no te voy a subir el sueldo” ¿Disculpa? ¿Mi nivel? No te digo ya con menos estudios lo que ocurre…

      En lo primero que hay que educar- entiendo que estamos de acuerdo – es en reconocer el esfuerzo y el trabajo de calidad mas allá de los prejuicios institucionalizados y legislados que son hoy las puntuaciones académicas y los títulos. Pero además, en respetar los roles sociales y entender su semejanza (que no igualdad estricta) por necesidad recíproca.

      [Paréntesis teórico-izquierdoso] Las elites han querido que sus hijos, y no otros, continuasen siendo la elite social que maneja los hilos con desacierto e interés, y para ello inventaron métodos de filtro: primero la educación titulada, hasta la epoca de nuestros abuelos y – en menor medida – padres, solo los ricos estudiaban.

      Cuando tras las II GM surge el estado de bienestar que intenta deshacer las tremendas desigualdades que amenazan con la quiebra del capitalismo creciente, la educación accesible a todos amenaza con igualar oportunidades, entonces se ve ligeramente el plumero porque el enchufismo descarado en los puestos de relevancia queda a la vista de todos, por suerte el auge industrial del modelo fordiano absorve a esos titulados “pobres” reconociéndolos socialmente y pagándoles bien, lo cual diluye la amenaza.

      Momentos como la crisis actual destapan en parte el pastel: no hay industria, la economía cae y ¿que titulados tienen trabajo? Los hijos de las élites. En el tejido elitista por trifásico puro, y en lo que queda del industrial y económico por lo que tu dices, “la diferencia” – nuevos filtros-, masters privados, idiomas etc… (Hablamos de tendencias generales, seguro que hay particularidades de todo tipo). [Fin de paréntesis]

      ¿La solución? Mas igualdad en la pasta – organización medios productivos – y el reconocimiento social – educación primaria, secundaria y cívica-.

      Todo el mundo quiere ir a la universidad ¿Porqué? ¿Acaso todos aspiran a descubrir el próximo Boson de Higgs, están deslumbrados por los límites de la conciencia humana o quieren desarrollar la cura definitiva contra el cancer? Ambos sabemos que no, la mayoría quieren vivir bien y gozar de respeto social, pirámide de Maslow.

      Cuando una buena educación primaria, secundaria y cívica hagan que un ingeniero respete y valore como semejante y necesario el trabajo de un técnico, de un albañil y de un operario, y se deshagan las “clases sociales” en la convivencia diaria la universidad dejará de estar sobresaturada. Para que esto ocurra hay, claro está, otro requisito: Que si el Ingeniero cobra 4.000 € al mes, el albañil o el operario ganen 2.500€, que nadie gane 20.000, y que nadie gane 600.

      Claro que hay una recompensa a la excelencia en respeto social y en remuneración económica, debe haberla, pero si las desigualdades son tales que no permiten florecer el respeto y – lo mas importante – la felicidad en los ciudadanos, la ira y la ambición individual será lo que primará, malos instintos para la cohesión social. Por eso es necesaria la socialdemocracia entendida como redistribución de riqueza, lo cual significa control y vigilancia estatal de la economía y control democrático de la política estatal, alimentada a su vez esta por una buena educación.

      Nota final: Un ejemplo de la necesidad de la calidad de la educación primaria, secundaria y cívica está en lo que tu dices de el aprovechamiento de los créditos cuando “te los regalaban”. No, no te los regalaban, los pagaban tus padres con sus impuestos, y los míos y todos los españoles, pero tu no tenías la educación cívica ni la madurez para asumir la responsabilidad de ello (harto normal, yo a esa edad apenas sabía abrocharme los zapatos), pues si así hubiese sido te hubiese sabido peor suspender esos créditos que los que te pagas con tu trabajo, que al final es tuyo y de nadie mas.

      Esto nos lleva siempre al debate de liberalismo económico vs socialismo… que siguiendo el hilo conducto del concepto de libertad para la izquierda y para la derecha podemos empezar cuanto desees ; D Mis pegas están claras, soy un hippie idealista y en estos planteamiento estoy siendo poco realista, sin embargo la tensión con el realismo injusto que defienden otras posturas (uso injusto pero ambos sabemos que precisamente en el concepto de justicia es donde están las diferencias) es lo que creo que dinamiza el debate social hacia algo que esperemos sea un avance y, si no, al menos nos quite las telarañas…

      Un abrazo ; )

      • mariona83

        Te responderé un poco desordenadamente, porque hoy no me encuentro muy bien, pero tampoco quería dejar de responderte…Si no te importa, lo haré por puntos, para no perderme en el discurso, es decir, pq soy consciente de que ahora mismo no soy la mejor escritora, y no porque crea q vas a ser un mal lector.

        1. Claro q era (y soy) consciente de que la matrícula venía en parte por los impuestos de mis padres. Pero aquí el “en parte” cobra gran importancia, porque no es lo mismo pagar tú directamente por un servicio que sólo tú has escogido, que el hecho de que el gobierno te quite tu dinero, y él decida cómo emplearlo; en ese último caso, existe una cadena de mediaciones y todo se diluye. Además, el dinero te lo quitan sí o sí, al margen de si tú vas a ser directamente beneficiado por las políticas del gobierno. Asimismo, resulta que ese dinero de la matrícula de todas maneras va a ser “desperdiciado”, por ejemplo, por otros, de modo que se entra en una dinámica de “si otro se va a aprovechar de todas maneras, por lo menos lo hago yo”.

        2. Y eso enlaza con aquello en lo que no estamos de acuerdo, que es esa idea tuya de la omnipresencia del estado como panacea de todos los problemas. No puedo compartir esa visión tuya porque, primero, valoro mi libertad, y no me gusta que sea el estado quien decida dónde educo a mis hijos, o qué médico me va a curar. Pero, por encima de eso, no la comparto porque veo los políticos que tenemos: corruptos y mediocres: ¿de verdad te parece buena idea dejar todo en manos suyas? A mí no, y eso se ve, por ejemplo, con todo lo que ha pasado con las cajas. Han sido las cajas las que han sido rescatadas, no los bancos privados: por algo será.

        3. No comparto contigo esa sanción moral del beneficio que pueda uno sacar de un trabajo honrado y bien hecho; ¿qué tiene de malo que alguien cobre mucho por su trabajo, si no hace daño a nadie y se lo ha ganado honradamente? Y esto aplica para todo tipo de profesiones, no olvides que, en tiempos de la burbuja inmobiliaria, los que se forraban eran los albañiles, fontaneros, y demás. Y a mí me pareció bien que se forraran: si a un constructor le compensaba poner esos salarios, ¿quién eres tú para sancionarlo? Como ves, este ejemplo, invalida tu tesis del prestigio social, dado que la remuneración económica no estaba en función de tener una “profesión molona y elevada”, sino en la demanda que ofrecía el mercado laboral de entonces. No entiendo cómo algunos estáis en contra de esta dinámica en el mercado laboral, pero sí que la poneis en práctica cuando queréis comprar cosas para vosotros mismos. Porque imagino que, cuando vas a comprar algo, buscas la mejor calidad al menor precio, ¿no? Siempre y cuando sepas que ese producto no viene de negocios turbios (como explotación de niños en el tercer mundo), ¿qué problema hay? Yo creo que la regulación y el control de abusos ha de ir por ese lado de los mínimos (salario mínimo, etc), no por el de los máximos, porque, de lo contrario, sólo estás fomentando que la gente no se esfuerce y se vaya todo al garete. Hay profesiones que implican mucho tiempo de estudio previo (y tb continuado), mucha responsabilidad, mucho riesgo. A cambio, uno obtiene un beneficio. Si tú obligas a que sea lo mismo ser un asalariado, que ser un empresario que arriesga su dinero y su tiempo, con la responsabilidad que implica tener personas contratadas a tu cargo, ¿quién va a querer ser empresario? Si equiparas los largos años de estudio por los que ha de pasar un médico, más la responsabilidad que acarrea a sus espaldas, ¿quién va a querer ser médico? Yo lo veo así, aunque por este camino no tenemos mucho más q discutir, porque ninguno de los dos vamos a cambiar de postura. Aunque sí me gustaría preguntarte en qué contexto se ha demostrado que tus tesis puedan funcionar…A mí me parece tan de cajón como el típico ejemplo del profesor que examina a sus alumnos, y con las notas hace una nota media, asignándosela por igual a todos: tanto los que habian suspendido como los que sacaron un diez, se quedaron con un seis. ¿qué ocurrió al siguiente examen? Que los de diez ya no se esforzaron (¿para q, para q luego les jodieran igual?) y mucho menos los del suspenso, porque de todos modos iban a aprobar.

        Alberto, ha de haber unos mínimos para proteger a los desfavorecidos, pero tratar de regular y controlar todo a través del estado, castigando a aquel que se arriesga, se esfuerza y sobresale es la peor idea de todos. Y esto vale para todo en general, y para la educación en particular.

  • Erik Macbean

    Hace muchos años que he dejado de ver el sentido al tremendo debate que gira en torno a la financiación de la universidad pública española teniendo en cuenta que la educación primaria, a mi modo de ver la más importante de todas las educaciones, es una auténtica vergüenza. Yo dejaría de parchear tanto el tejado y comenzaría por apuntalar unos cimientos que el día menos pensado se nos van a la mierda. Y luego, una vez hayamos podido garantizar unos primeros años educativos de gran calidad, ya podremos preocuparnos de lo que sigue.

    Abrazos.

    • Beijabar

      Toda la razón en mi opinión, Erik. Aquí me he dedicado a la cuestión concreta de lo de las becas seducido por su burda actualidad, he de reconocerlo, pero la cuestión está mas bien por donde tu comentas.

      En el comentario a Mariona he intentado ampliado el rango del debate a algo que quizá le parece mas interesante, y desde ya le invito a participar, porque como sabrás, tengo en muy alta estima tu opinión en estos temas ; ) Leeme aquí arriba si gustas y coménteme que te parece la percepción mas holista de la educación que describo, su integración en el sistema social, y sobre todo que valores incluirías en esa educación cívica…

      Algo que creo si tenemos en común es el concepto de “pluralidad”: ahí es donde no soy tan hippie como en otros temas que afronto desde la perspectiva idealista precisamente por el carácter belicoso de mi concepto de pluralidad, es en el debate a muerte donde realmente está la esperanza… yo tengo dos velocidades contradictorias y me gustaría saber mas de lo que opinas acerca de ello.

      Un abrazo ; )

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