El pensamiento político de Maquiavelo: La ética subyacente.

El pensamiento político de Maquiavelo es, en mi opinión, uno de los mas ricos en la historia de este, y sin embargo se ha visto comúnmente desdeñado en su soledad. La soledad a que refiero es la de aquel pensamiento que supone una revolución con respecto al pasado, pero no es la revolución que trascenderá a traves de la tradición a la tónica general del pensamiento político moderno. Es la soledad que ha provocado la mala imagen de su pensamiento, y que sin embargo es digno de reivindicar.

Desde Aristóteles hasta la actualidad, el pensamiento político se ha visto implícitamente ligado a la ética en la tradición europea; en un primer momento pre-moderno correspondiente al pensamiento político medieval, la política estaba ligada a la ética de la autoridad moral de las instituciones religiosas, vehículo de la moral divina, y por tanto vinculadas al cristianismo y las instituciones eclesiásticas y su tradición. En un segundo momento ilustrado e idealista, con el que comúnmente se ha limitado a definir la modernidad, la ética está racionalmente ligada a la política mediante una relación de superioridad, la ética idealista guía la política. Entre estos dos momentos es cuando se situa el pensamiento político de Maquiavelo, según el cual la política debe tratarse desde un punto de vista racional, lo cual lo convierte probablemente en el primer moderno con respecto a su pensamiento político, pero ademas considera, en virtud de esa misma racionalidad, que la política debe estudiarse como una disciplina independiente de la ética, y establecer mediante la reflexión los objetivos de esta sin incluir el sesgo ético. Esto le valdrá las críticas y el aislamiento que su pensamiento ha sufrido durante siglos por parte de la tradición, y que no obstante ha dejado su huella ,tanto en la práctica política como en el pensamiento, por su realismo y vitalidad.

La principal causa de esto, destacada por los comentaristas filosóficos de la obra de Maquiavelo, es que en realidad la ética no ha desaparecido, sino que invirtiendo de alguna manera el paradigma, la ética es contemplada como una herramienta para la política. La fundamentación teórica sobre la causa por la cual surgen los estados modernos ya no es el contrato social, sea de origen Hobbesiano o Rousseauniano, sino que para Maquiavelo es, aunque compleja de extrapolar de sus escritos y solo según mi comprensión, una suerte de fusión de conceptos entre algo que hoy podríamos aproximar a la voluntad de poder Nietzschiana y la noción de patria de Fitche. Hemos de considerar, por supuesto, que Maquiavelo tiene una visión holista de las sociedades, y en ningún caso su pensamiento está todavía tiznado del individualismo moderno, de lo cual resulta cierta inconmensurabilidad.

Según esto, el estado tiene dos momentos, el de su creación y el de su perduración, y su trato es diferente en cada momento, sin embargo lo que aquí nos importa es que estos dos momentos definen los objetivos de la política para Maquiavelo: la creación de un estado estable y su perduración en el tiempo. Las condiciones de creación influyen notablemente en su proyección, en las dificultades que supondrá o no su posterior perduración, y a la vez el  momento de perduración tiene sus propios problemas a resolver, pero en ambos momentos es importante la ética, pues la estabilidad de un estado depende en gran medida del equilibrio que se desprende de su percepción, externa e interna, de legitimidad y firmeza.

En está ética supeditada pero racional, es donde se inscribe el concepto de virtú Maquiavélica, tan interesante y rico, en mi opinión. Y que pone de manifiesto lo errado del prejuicio común que la tradición ha traído hasta nuestros días sobre el pensamiento de Maquiavelo, aquella que da el tan peyorativo sentido con el que normalmente utlizámos la palabra “Maquiavélico”. La virtú es por tanto un concepto históricamente solitario en la tradición, y que no en vano ha llegado hasta la filosofía de nuestros días.

En la pluma del pensador italiano, el término virtú sufre un uso que algunos podrían considerar excesivo, pero que sin embargo algunos comentaristas han encumbrado hasta el status de concepto clave, precisamente por la riqueza con la que el intencionado uso polisémico por parte de Maquiavelo la dota a lo largo de su obra. El concepto del que la virtú se distancia es el de virtud medieval: este concepto tiene un carácter principalmente moral, ya que está tiznado por el cristianismo imperante, pero además, este carácter moral adquiere la forma de algo parecido aun servilismo ante el devenir como forma de encarnar el servicio a Dios, el cual dicta el destino de los hombres. La virtud invita al quietismo, a la resistencia ante las inclemencias del destino, las tentaciones y los sufrimientos generales y privados.

Maquiavelo recupera en su virtú, sin embargo, parte de su significado clásico aristotélico: por un lado gracias a la noción de equilibrio que tizna esta nueva concepción, por la cual la virtú no es un concepto exclusivamente moral aunque tampoco se desprende por completo de este aspecto; trata de articular a la vez las fuerzas del raciocinio, la moral e incluso el entrenamiento físico. Esto, empero, no es lo que supone la radical diferencia con la virtud contemporánea y eclesiástica, de carácter más estoico y reservado, sino el que la virtú de Maquiavelo tiene un carácter marcadamente vitalista, práctico, y que refiere a la habilidad del hombre para comprender la realidad y adaptarse a ella en una actitud combatiente y edificadora. La virtú del hombre moderno es una suerte de habilidad compleja para interpretar los giros del destino y situarse en una posición ventajosa, saber esperar el momento oportuno.

Una interesante perspectiva arrojada por el autor es la contraposición que hace de la virtú con la fortuna, que aquí se entiende como lo incontrolable del devenir, como aquello necesario y desconocido, aquellos giros del destino sobre los que se navega con el buen timón de la virtú o se naufraga en el quietismo y la pasividad, que aboca a la cristiana resignación.

Es por esto que, en mi opinión, Maquiavelo está moviéndose en el terreno de la filosofía práctica con el buen tino del realismo en sus ojos, y sin abocar su pensamiento a una directriz oscura o irresponsable, sino precisamente todo lo contrario. No es legítimo simplificar la supeditación ética a la política, porque en realidad sucede una retroalimentación por la cual la buena política persigue unos objetivos para los que ciertas prácticas y actitudes, desprendidas de ciertas reflexiones éticas a su servicio, son la única manera de alcanzarlos.

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4 responses to “El pensamiento político de Maquiavelo: La ética subyacente.

  • Carlos

    Me ha encantado tu entrada. La valoración de Maquiavelo me ha recordado a lo que dice de él Barbara Tuchman: es el único teórico de la la acción política “como es” y no “como debe ser”. Solo por eso sus seguidores, conscientes de ello o no, tienen todo la artillería del triunfo. Y como dijo él mismo: quien le critica por dar una guía inmoral al poderoso es que no se ha dado cuenta de que también ha dado al moral las claves para acabar con él.

    ¡Enhorabuena!

  • con efe de filosofía

    Excelente artículo. Mucho más somera es esta reflexión genérica que realicé en su día y que creo que está al hilo de lo que comentas: http://conefedefilosofia.blogspot.com.ar/2012/12/la-filosofia-politica.html

    Un saludo entre filósofos blogueros 😉

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