Democracia natural

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Tweet-debatía yo, hace un tiempo, a tenor del perjuicio que suponía la radicalidad ideológica en el seno de la opinión pública; de como las etiquetas que marcaban a amigos y enemigos empobrecían el debate social, entorpeciendo el análisis crítico de opiniones que, de ser consideradas como independientes, bien podrían tener mucho que enseñar, y lo hacía con uno de los estupendos piensa-mucho que se esconden detrás de Cumbres Sin Ecos, nada menos.

Rápidamente, la única manera en que Twitter te permite acontecer, llegamos a un buen acuerdo al respecto de esta cuestión; sin embargo sugerí que, aunque nada tiene de apropiado ese irracional odio que da forma al concepto de enemigo, todos tenemos en el debate social a quien considerar “el enemigo”; y bajo determinada perspectiva teórico práctica, bien podría resultar incluso provechoso. Mi idea no es para nada nueva, es de hecho compendio de influencias claramente identificables, y sin embargo espero que sea una teoría digna de lectura, quizá mas que de aplicación, por su énfasis en la comprensión dinámica de la realidad.

Las bases de mi elucubración parten de teorías que se asocian al nombre de  Heráclito de Efeso. Éste era uno de los primeros filósofos físicos, aquellos que entendían la creación del mundo a partir de un principio físico natural, en su caso el fuego; ahora bien, entendido como cambio, como movimiento. Esta es una idea que personalmente siempre me ha gustado mucho, pues Heráclito define esta esencia cambiante del mundo como el eterno devenir, algo que encaja con mi concepción de la realidad como un devenir existencialista; es decir, entendido como el resultado de una cantidad de factores incontables en modo alguno, de entre los cuales solo nos está permitido afectar, si acaso, unos pocos; lo cual nos sitúa en una situación cercana a la indefensión, nunca total.

Por otro lado, este es un punto muy importante, hay contenido en el saber de Heráclito otro principio muy interesante, el de la teoría de los opuestos. Esta sostiene que los opuestos crean con su negación del otro una dinámica equilibrada, es decir, la tensión entre los opuestos crea un equilibrio, aun mas, un flujo equilibrado. Sin duda este es el germen de filosofías dialógicas como la de Hegel, y de conceptos como el círculo virtuoso, que encontramos en autores como Gadammer o Heidegger.

Propongo que intentemos abrir la dualidad, ampliamente criticada en la posmodernidad, e integrar estos conceptos en un sistema democrático, asumiendo al tiempo ciertas realidades. Asumiendo, en primer lugar, el carácter inevitablemente moral del ser humano en sociedad, y asumiendo a la vez la insuficiencia de la ley. Esto podría constituir la guía de una verdadera democracia natural.

El principio de un sistema elaborado sobre estas bases es la interiorización de la beligerancia y contradicción que caracteriza al ser humano y sus intentos de organización social, a la vez que la asunción por parte de los ciudadanos de una ética de la responsabilidad. Es decir, alejarse de la postura del demócrata durmiente.

A todas luces puede verse la incapacidad de la ley en nuestras sociedades “democráticas” de garantizar justicia ninguna, son reflejo de una deficiente función gobernante. Según la teoría democrática, un gobierno representativo tiene la obligación de defender los intereses da la totalidad de su pueblo, quien atesora siempre su autonomía como un derecho. Sin embargo, lo que sucede realmente es que diversas asociaciones utilizan su poder (económico, político, y social) para guiar el gobierno hacía la defensa de unos intereses particulares. En la definición de esta guía hay conflicto, claro que si, entre unos, otros, y los de mas allá, entre unas élites que se pelean por defender sus intereses, y utilizan la ley como una mera herramienta.

Esta dinámica, lejos de alarmarme, me parece muy acertada; la ley es solo una herramienta, su forma se define según unos intereses, en parte morales, ciertamente, pero que en muchos ámbitos nada tienen que ver con la moral o un ideal de justicia; y esta se esgrime como lanza o como escudo durante la contienda, según al conveniencia. Esto no elimina una base moral en las sociedades, que normalmente todos comparten ya sea por un sentimiento de deber o por el miedo a las consecuencias; en cualquier caso las sociedades tiene algo que las une, mas allá de sus conflictos, y esa tierra del campo de batalla es en realidad, también la ley, la parte de la ley que es moralmente compartida. El problema de esta contienda (que supone la democracia), como el de casi todas, es que hay quien no lucha; y quien no se involucra, quien no participa en la guerra y defiende sus intereses, va a ser desoído y esclavizado.

La democracia natural, por tanto, supone la guerra total. Sobre la base moral de la sociedad, esta moral mínima e imposible de concretar del todo que a todos nos iguala como no hace la justicia, es desde donde hay que iniciar la guerra. Si es usted un demócrata, uno de verdad, olvídese de limitarse a elecciones y votos, de programas electorales y de justicias, olvídese, en definitiva, de que nadie le represente como es debido.

Levántese ahora, si se considera un demócrata, y defienda sus intereses con uñas y dientes: sea un trabajador/a remunerado, un amo/a de casa, un empresario/a, sea usted industrial o labriego, rico o pobre, del sur o del norte, agrúpese, organícese y luche utilizando la ley como herramienta. Mienta, chantajee, soborne o utilice y proporcione enchufes trifásicos de buena calidad, si así lo considera, haga de su organización lo mas parecido a una organización mafiosa solo en la medida en que esto le sea provechoso para conseguir sus objetivos, teniendo en cuenta siempre que la ley puede ser utilizada en su contra por sus enemigos; entienda que en la guerra no hay reglas, y la política no es otra cosa que una guerra que ganan siempre los inteligentes, y de la que le dejaron fuera al inventar la democracia representativa. Pero sobre todo, esto es muy importante, al hacer esto, no se permita nada que le pueda suponer un remordimiento en el futuro.

Tenbi

Aquí es donde una perspectiva de carácter holista nos inaugura lo que entiendo por democracia natural. La tensión de los opuestos, ya no dualizada, sino enriquecida, pluralizada. La tensión entre 40, 50, 200 colectivos organizados, que utilizan medios con muy diferentes niveles de escrúpulos, determinados sólo por su propia autonomía  y que nada tienen que ver con la ley, pues su objetivo es transformar esta a su voluntad para que defienda sus intereses y garantice el declive de los del contrario. Quizá de esta tensión violenta surja el consenso que no conseguimos con el diálogo de buena voluntad, ese que estando en boca de todos se ve bien poco, porque probablemente no sea mas que otra estratagema de él, el enemigo.

Al mismo tiempo, esta tensión crea ya no un círculo, sino un auténtico ovillo virtuoso, que sin duda dará al mundo un carácter dinámico y relativamente estable entre extremos, lo que no significa, como no lo significa el actual sistema, que esta dinámica tenga como fin ineludible una mejora objetiva. Estamos hablando, en realidad, de un ajustamiento de la mecánica democrática a la realidad, pluralizándola en la medida en que todo ciudadano participa activamente en defender sus intereses y desligando el diálogo de una legalidad, que en realidad es meramente formal.

                                                                                                             Fdo.

El blog del enemigo.

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3 responses to “Democracia natural

  • Erik Macbean

    Me quito el sombrero ante esta gran exposición; limpia y clara.

    No obstante ruego se me permita hacer un inciso, querido amigo. Yo jamás he negado, ni podría negar, la utilidad que encierra y supone la presencia de un ‘enemigo’. Tanto para garantizar el equilibrio como para garantizar mi guardia. Lo que le reprocho a ese supuesto ‘enemigo’ es que sea cutre, débil y zafio. Que sea una broma vociferante, esto es, de mal gusto. Un guiñol barato que lo único que consigue es impedir el paso de la sabiduría y de la reflexión. El surgimiento del enfrentamiento legendario. Del aprendizaje, a fin de cuentas. De ese griterío obsceno es de lo que me quejaba -de lo que no puedo dejar de quejarme- yo.

    Abrazos desde las Cumbres 🙂
    Erik

    • Beijabar

      Y lleva usted razón, caballero… En ocasiones, tanto “enemigos” como, por desgracia y para vergüenza de la causa, “amigos”, son solo esa “broma vociferante” (me ha gustado mucho esta expresión suya). Y como se alegra uno de encontrar un enemigo a la altura!

      Quizá habría que hacer la diferencia entre “enemigos” (ese interlocutor cutre, débil y zafio) y lo que llamaríamos “digno adversario”… esos de los que no solo no se puede uno quejar, sino que hasta dan sentido a los esfuerzos del propio aprendizaje.

      Por desgracia, bajo cada bandera se agrupan de unos y de otros. Y que bien camuflados los cabritos!

      Reciba un fuerte abrazo ; )

  • alfonsa

    en conclusión que es democracia natural

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