Humo de Huelga: #14N Qué, porqué y cómo.

Difícilmente habrán logrado dejar de percibir que ayer fue una jornada de huelga general en España, así como en otros países Europeos. Y aunque probablemente estén hartos, por decirlo suavemente, de crónicas, análisis y estadísticas varias sobre la huelga, de una u otra óptica monocromática, este blog no puede resistir la tentación de explicar porque su autor secundó esta huelga #14N (y no otras anteriores desde 2004), y como fue su experiencia al respecto, desde una punto de vista que pretende ser crítico, y que lo consigue en la medida que el lector considere.

Para empezar hemos de comentar que la huelga ha sido tradicionalmente un arma de presión que ha pertenecido en exclusiva a la lucha trabajadora, y cuya mecánica es tan sencilla como paralizar la labor productiva con el objetivo de provocar pérdidas económicas en el capital empleador. La estrategia de utilización de este arma es la simple repetición, hasta que las pérdidas sea un “mal mayor” que el que produciría la adecuación de las condiciones de los trabajadores a sus demandas, siempre desde el punto de vista de la patronal.

Qué:

Esta huelga del 14N bien merece, creo , que hagamos una reflexión sobre sus supuestos, su carácter y sus motivos, para encontrar las diferencias con su uso tradicional:

Esta ocasión de Noviembre ha contado con el carácter desesperado que normalmente caracteriza a toda huelga, que es un arma usada siempre como último recurso, ya que produce también un importante perjuicio en el trabajador, sin embargo, aunque esto no ha cambiado, esta vez la reivindicación ha ido mas allá de la intención de derogación de las modificaciones legales que caracterizan el enemigo habitual de una huelga general: la reforma laboral; que afecta a las condiciones laborales que la ley establece para el mercado de trabajo nacional.

Esta ocasión era ligeramente diferente, pues englobaba en su intención un objetivo mucho mas social. Era una crítica a los métodos que el gobierno ha tomado para solventar la grave coyuntura económica del país, que exige sacrificios a la ciudadanía llana en sus mínimos, permitiendo al tiempo que una pequeña parte de la sociedad mantenga o amplíe ciertos privilegios. Ayer se utilizó la huelga como método, pero no con el objetivo de provocar pérdidas a una patronal concreta o abstracta, sino de provocar, directamente, perjuicio económico y de imagen sobre el país, impidiendo que la situación se solucione por el camino que el gobierno ha elegido, ya que la ciudadanía considera tal camino injusto y con demasiadas víctimas, en dos palabras, desigual e irresponsable. Esto supone que los trabajadores y ciudadanos, no renunciaron ayer solo a un día de su sueldo en su lucha por unas condiciones de trabajo mas justas, sino que sacrificaron incluso parte de un futuro que siendo quizá prometedor, supondría demasiados años de travesía por el desierto que pueden evitarse, y demasiadas víctimas inocentes. No es mi intención ahondar ahora en esto, porque creo que si hay un consenso ciudadano mínimo es precisamente acerca de esta cuestión, y creo, como explicaré mas adelante, que la jornada de ayer dio contundentes prueba de este consenso.

Porqué: 

Ayer yo hice huelga. Han corrido unas cuantas desde que empecé a trabajar a finales de 2003 con mis tiernos 19 y, sin embargo, nunca me había sumado a ninguna. El principal motivo es que había considerado a los sindicatos convocantes un tanto hipócritas. Creo que en esta opinión también hay un amplio consenso, pues sindicalistas o no, gentes de izquierdas o no, hemos asistido a la domesticación del éforo natural (Fichte) que los sindicatos han supuesto en la lucha de clases que ha dado forma a nuestra realidad ( desde la revolución industrial), gracias aun hueso que llamamos financiación estatal.

Sin embargo, esta vez, a pesar de que los convocantes eran los mismos, no era solo su voz la que llamaba a la huelga y la protesta;  aquel sonido reivindicativo, aquella llamada, llegaba distorsionada, algo confusa, quizá como la pluralidad en do mayor, mezclando protestas de jubilados, de funcionarios, a favor de la sanidad, contra los desahucios… y aun mas, había voces concretas, la llamada traía claramente el nombre de este hospital, ese colegio, o aquel centro de día… Y señores, quizá fui solo yo y estoy equivocado, pero fue aquí donde percibí la consecuencia del cambio de conciencia que supuso aquel movimiento que  tantos quisieron etiquetar y que llamamos “indignado”. Ayer sentí que si el movimiento sindical tiene un futuro como éforo natural, pasa por fusionarse con una conciencia ciudadana plural y basada en el consenso.

Cómo:

La crónica

Ayer, 14 de Noviembre, en huelga y vago que soy, no madrugué. Me levanté sobre las nueve y me dispuse a desayunar mientras  me informaba en la prensa digital de como discurría la jornada de huelga. Poco después nos preparamos, cargando en la mochila agua y algo de comer, y pertrechados para un frió que luego decepcionó, salimos a las 10 y algo hacía el centro de Valencia, en busca de la unificación de los piquetes matinales. Los encontramos en la puerta del Mar y, allí donde parecía que había mas reivindicaciones ciudadanas que sindicales, nos unimos. La manifestación improvisada/piquete itinerante discurrió por Colón,  Lauria y llegó a la Plaza del Ayuntamiento; después fue por la Calle de la Sangre, San Vicente y San agustín,  Guillem de Castro y hasta la Gran Vía. Durante todo este recorrido hubo un ambiente agradable, y de reivindicación “festiva”. Se coreaban consignas consistentes en combinaciones de las palabras “Cierra” “Vaga” y “General” ante los comercios que no cerraban al paso de la manifestación, en ocasiones se conseguía una, más simbólica que efectiva, bajada de persiana, y en otras no, sin incidente alguno en cualquier caso.

Esto, lo creerán con mas facilidad si terminan la lectura de esta tortuosa crónica, mejoró ampliamente mi consideración de los sindicatos y sus métodos tradicionales: al margen de lo sumiso de sus directivas en los últimos años, ayer gané confianza en las huestes sindicales aunque, como en cualquier guerra, seguí desconfiando de sus generales.

Sobre las 13:20 una mirada hacía la multitud que cortaba la Gran Vía te decía que la gente prudente empezaba a marcharse, desaparecían las banderas de UGT y CCOO, además de las madres, los niños, los ancianos…  Y en ese instante estalló el primer incidente.

Integrados en el gentío, alguna porra desenfundada provocó el peor guía de las multitudes, el miedo (tanto miedo por un cardenal… ni que fuese Richelieu), y al girar la cabeza en pos del origen de un chasquido, vi correr al grueso de la manifestación en dirección hacia nosotros; salimos por patas. Atravesamos una formación de furgones policiales rellenos, cual bombón, de dulces anti-disturbios,  y por un criterio que quiero creer  ligeramente superior al que guiaba a la multitud en su elección de la ruta de escape mas apropiada, logramos evitar tanto porras como pisotones, tropiezos y empujones de una multitud poco considerada. El incidente fue puntual, y pronto la muchedumbre se encaminó a Plaza de España… donde ya, sin duda, no quedaba allí ni una sola persona prudente.

Una vez en la plaza, las capuchas se levantaban a mi alrededor,  las caras se cubrían, y la edad media era de unos veinticinco años. Mientras pensaba en lo que suponía el emboce de mi compañía, descubrí que no estábamos en buen lugar, al menos no en el lugar que alguien como yo considera bueno. Empezó el lió.

De repente había vallas tiradas por el suelo, contenedores volcados comenzaban su tóxica combustión, y detrás nuestro, una multitud aun algo plural de gente joven, se situaban seis furgones policiales con su relleno ya a pie de calle, avanzando con contundencia… A correr tocan, arrancamos con fuerza, nos refugiamos en un portal durante un momento para evitar la primera oleada de histéricos, después seguimos corriendo hasta San Agustín, y torcimos a la izquierda porque, como quiero creer, tenemos algo mas de criterio que la masa, que giró a la derecha. Esquivamos el cerco policial en nuestro giro cerrado por la acera, y respiramos aliviados al ver que por esta vez nos habíamos librado…

Por la tarde la manifestación tubo otro tono muy diferente, claramente ciudadano, claramente social. Incluso aquellos que no habían secundado la huelga estaban allí, es decir, había un gran cantidad de ciudadanos que compartía, si no los medios, si el fin. Es decir, el canto que llamaba a la huelga no era de sirena, y fe de ello daba el lleno de Atocha. Y es por esto, y no por los variables índices de participación en la huelga que unos y otros medios publican, o los índices de consumo eléctrico que otros tantos manipulan o interpretan, o las críticas a la violencia manifestante que puedo atestiguar  por lo que considero que la jornada de ayer fue un éxito. No importa si la huelga fue un éxito o no, ni si la convocatoria manifestante fue un éxito o no, lo que está claro es que como reivindicación ciudadana plural y consensuada, cada uno a su modo, ayer si se envió con éxito un mensaje, y aunque sea desoído, creo que ayer se hizo mucho por algo muy importante, la unión de los ciudadanos. Tanto en quien considera que la huelga es perder tiempo y dinero, como en quien la apoya y no puede hacerla, como en quien de hecho la hace, parece que hay un pensamiento común tras todo esto, y quizá es hora de apagar la tele y la radio, escuchar si acaso a las personas, y empezar a apartar diferencias que, siendo mínimas, se excitan con fervor solo por conveniencia.

Nota: Próximamente habrá un extra sobre la manifestación violenta.

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2 responses to “Humo de Huelga: #14N Qué, porqué y cómo.

  • Erik Macbean

    Me ha parecido una crónica interesante, aunque pongo en dudas algunas afirmaciones (como no podía ser de otro modo por mi parte). A saber:

    – “(…) sino que sacrificaron incluso parte de un futuro que siendo quizá prometedor, supondría demasiados años de travesía por el desierto que pueden evitarse, y demasiadas víctimas inocentes.”

    No comulgo con la seguridad que usted muestra al afirmar que esos años de travesía por el desierto “pueden evitarse”.

    – “Tanto en quien considera que la huelga es perder tiempo y dinero, como en quien la apoya y no puede hacerla, como en quien de hecho la hace, parece que hay un pensamiento común tras todo esto, y quizá es hora de apagar la tele y la radio, escuchar si acaso a las personas, y empezar a apartar diferencias que, siendo mínimas, se excitan con fervor solo por conveniencia.”

    Dos aspectos, aquí: la unidad ciudadana que usted dibuja yo no la he visto; y el tema de “escuchar (…) a las personas” me chirría. Pero eso es por el poco respeto que le tengo, en general, a las personas. Mea culpa.

    Por lo demás, muy de acuerdo en los motivos -salvo el enunciado- que se enumeran para explicar por qué la huelga sí y muy ameno el relato de la maratón valenciana.

    • Beijabar

      Ciertamente, para escuchar a las personas primero habría que situarlas en un marco de diálogo que hoy por hoy no existe, así que aunque creo en ello, el chirrido que comenta me es muy familiar. Y no, la unidad no “se presenta” por si misma, no claramente, pero a mi me ha parecido, si miramos bajo algunas capas, una justa interpretación de “la jornada” como conjunto. Muchas gracias por el comentario.

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