“La pasta no lo es todo” – El porqué del momento del emprendedor

“Esta es la hora del emprendedor”

Lapidaría frase que aun cierta, puede ser fácilmente malinterpretada. La crisis económica supone un escenario perfecto para el ciudadano cargado de ilusión, para el idealista, para el reformador, para aquel que quiere adquirir un compromiso con la sociedad a través de su trabajo aun tras los varapalos del desempleo, sin embargo, entender este compromiso implica cierto esfuerzo reflexivo y, a poder ser, tapones al sentarse frente a la televisión. Lo primero que hay que hacer es dejar de pensar en el dinero como objetivo principal, se que no es fácil  mas de otra manera no habrá reforma posible, ni personal ni social –  pues ese es precisamente el problema del “patrón” español (empresarios realmente hay pocos), objetivo que por otro lado no tienen ni idea de como conseguir –  pero además solo se conseguirá una enorme frustración como resultado.

La situación actual es la que es, económicamente desastrosa, por lo que unos objetivos de crecimiento económico, de una empresa de nueva creación y de la economía doméstica, son de muy difícil consecución. Ahora la apuesta debe ser otra, ahora hay que hacer “economía de guerra”, es decir, reducir el consumo al máximo posible, y buscar aquella felicidad, que hasta ahora muchos han encontrado en éste, a través de la realización en la labor profesional. Ahora es el momento de apostar por tu empresa, de emprender, y de hacerlo sabiendo que el objetivo a corto y medio plazo es tan solo la viabilidad, es decir, cumplir, a nivel económico, los objetivos de toda empresa que tienen que ver con su responsabilidad social, a saber: dar de comer a sus trabajadores; este es el sentido último de una empresa, y no otro.

Esta crisis nos brinda la oportunidad de hacer florecer una nueva generación de empresarios, renovadores, reformadores, cuya labor consista en descentralizar la producción y los servicios acaparados por grandes empresas a través de una oferta competitiva. El objetivo es provocar cambios tales como para conseguir que la frustración que antes arrastraba el empleado por sus escasamente productivas, mal pagadas, y desmotivadas horas de trabajo, sea sustituida por la ilusión de trabajar, no por mas, pero si en lo que se desea y como desea. Es hora de volver a darle valor a la felicidad en el trabajo, ya que, si prestamos un poco de atención, podemos percibir que hasta el momento que representa nuestra actual coyuntura socio-laboral, la felicidad era patrimonio casi exclusivo del tiempo libre para la mayoría de los españoles. Es por esto por lo que los esfuerzos y reclamos por la conciliación familiar y laboral han proliferado y se han recrudecido en los últimos años, el trabajo era una obligación, un mal necesario. Sin embargo, cambiar el sistema productivo, emprender con cierta independencia acompañada de valores colaborativos, puede traernos buena parte de la realización personal en el trabajo que se nos arrebató con el culmen de la tardía revolución industrial en nuestro país. Podemos recuperar el amor por el trabajo, y lo que es mas importante, transmitir esta herencia a nuestros hijos. Las crisis son también oportunidades, pero no en el sentido que usureros, agentes de bolsa y agencias de rating quieren decir “oportunidad”, sino en el sentido de un nihilismo que empapa la sociedad actuando como abono para el florecer de un nuevo tipo de pensamiento y civilización.

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