Entre el amor a la patria cercana y el odio a la distante.

Como diríamos en Valencia, ahora considerada la tierra sin ley de la corrupción, el hormigón blanco y la  Formula 1 que atropella desempleados casi literalmente – Es un sentiment-. Pensar en nuestro país nos provoca una serie de contradicciones que cerca está de producirnos espasmos nerviosos, y es por eso que la gran mayoría intenta evitar pensar demasiado en él, y se contenta con el sucedáneo que supone la selección nacional de fútbol, al menos por estas fechas; imaginamos que mas tarde lo hará con el equipo olímpico nacional al completo, aunque quien sabe. La cuestión es que aun hay muchos que no pueden evitar pensar, maldición donde las haya, y lo que es peor, sentir.

España tiene lo que se merece, y lo que se merece es sufrir por lo que llamaremos, a falta de otra palabra mas religiosa que aparejar al patriotismo, sus pecados. Pero España somos, lamentable e inevitablemente, todos y cada uno de nosotros, inclusive los inocentes. Y así el día de un españolito de a pie, condenado a pensar y a sentir, se torna una montaña rusa de iracunda crispación, tímida esperanza y dolorosa resignación.

Las personas no queremos gran cosa, bueno si, ser felices. Sin embargo entre los políticos, los mercados y los medios no hay manera, todo pinta mal, y no habría mas problema si ahí se quedase, porque nunca una pintura, ni aun de Goya, mordió a nadie. Pero lo cierto es que las palabras de la desesperanza suelen materializarse con cierta eficiencia, y una triste dicotomía se introduce en cada individuo que, recordemos, no pueda evitar pensar y sentir.

– España es una vergüenza. En manos de políticos caciquistas navegamos hacía el desastre. No hay ya ley ni moral que se respete, y aquí solo estamos esperando ya el turno para el matadero. Ya no es el de bienestar, aquí no queda ni estado. – Se escucha en las calles seguido de murmullos de aprobación. – Aunque quiero emigrar ¿como podría? Aquí está mi familia y mis amigos, aquí he nacido y aquí he vivido, bebiendo y comiendo de aquello que llenó mi espíritu de infancia y dio sentido a lo que llamo hogar. – Se escucha en las alcobas, seguido de un suspiro de resignación.

Y así el espíritu del ciudadano se va aplastando cada día que pasa, acosado por la desesperanza manifiesta y por el amor a su patria y a su gente, y así mismo mengua el espíritu de una nación, y se aproxima su muerte.

Ejercicio: Intente sintetizar, tras la lectura de esta entrada, el concepto de patria que aquí se esconde, porque en la obligación de advertirle me veo, de que es esta la palabra mas prostituida de nuestro lenguaje socio-político y mediático.

Ahora bien, que su condena no le haga desistir de seguir buscando un sucedáneo eficaz, porque es innegable que le traerá mas felicidad que cualquier patriotismo.

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