¿Mal aprendiz, o mal maestro?

¿Mal trabajador, o mal empresario? A menudo me pregunto, al margen de las tendencias y valores de una economía capitalista, por las críticas a la productividad española provenientes de política y capital europeos. No somos productivos, dicen, y debemos serlo mas, al parecer, para tener una oportunidad de satisfacer un nivel de competitividad que nos mantenga en el mercado productivo mundial. Este discurso, además, tiene su espejo nacional en la palabra de la patronal, y reputados empresarios, como Juan Roig – Director General de Mercadona – nos recuerdan que necesitamos ser mas productivos, trabajar mas; sin embargo yo a menudo me encuentro con una perspectiva experiencial sobre la que una reflexión sencilla arroja una luz poco esperanzadora: el trabajador siempre paga el pato, también ante las críticas. Creo la cuestión es mas complicada, y es en gran parte el modelo de empresario nacional, lo que da a nuestro sistema productivo esa mal reputada dinámica.

Hay que reconocer que un empresario es, o debería ser, una persona valiente, en parte es un líder social, alguien que asume riesgo y responsabilidades, económicas y sociales, y que es origen estructural, en dichos aspectos, de riqueza. Sin embargo, mi experiencia en lo que se refiere al empresario nacional es, por lo géneral, mediocre o mala, y esto trae consecuencias que los mismos no están dispuestos a aceptar sobre sus hombros, lo cual pone de manifiesto la escasa comprensión del carácter de la función que desempeñan.

Ocurre en nuestro pais que las empresas son poco rentables, y esto teniendo en cuenta que los sueldos en España son de los mas bajos en la Unión Europea, lo cual me hace conjurar la proclama de que, un modelo de empresario nacional que, sin generalizar, no se puede comparar al de nuestros convecinos, nos supone un mal endémico. La administración deficiente de una empresa, difusa en sus objetivos, con un gusto predominante por el dinero rápido, y constantemente escudada en – la palabra maldita -, el “dinamismo”, frente al compromiso social que supone su función, es origen estructural del carácter de nuestras “deficiencias productivas”.

Cada vez más, abunda el modelo de empresario-nieto, carácter que suele venir acompañado de una vanidad autoritaria que tapona los oídos al grito de la prudencia que debiera guiar la dirección empresarial, y que traduce el trabajo de los empleados a una escasa productividad real. Una mala planificación de objetivos con una deficiente distribución de funciones y tareas hace que, digámonos así, el motor de una empresa tenga fugas que le restan no pocos caballos de potencia. Esto hace que la situación de las empresas sea económicamente precaria por norma general, con pocas expectativas de crecimiento, y menos de poder ofrecer una trayectoria profesional a sus empleados, así como una remuneración acorde al potencial profesional de estos. Ante la situación, no es difícil suponer que trabajadores que se sienten frustrados, mal dirigidos y escasamente remunerados, vean curvar su espalda y espíritu creativo antes de la treintena, pagando el pato y escuchando que  deben trabajar mas, y por menos, si quieren conservar su puesto, que la cosa está muy mal. Cuesta abajo ésta, que no augura un final feliz para el cuento político-social en el que desempeñan el papel de príncipe encantador.

Sucede pues, retomando la mecánica metáfora del motor de explosión, que un mal diseño de este hace un requerimiento excesivo a las piezas que lo conforman, lo cual produce normalmente que estas estallen en mil pedazos ante la fricción y la tensión del funcionamiento, dando además unos pobres resultados de potencia. Esto se eterniza por una sencilla cuestión, las piezas son sustituibles, y las reformas laborales intenta fomentar esto porque lo que el mercado laboral necesita es “dinamismo”, de nuevo el vilipendiado término actuando de escudo negro. – Yo te maldigo, dinamismo mal entendido -. Pues en este motor anticuado y oxidado, todos son víctimas, trabajadores y empresarios, pero los segundos lo son normalmente de si mismos, y el dinamismo que se requiere es el de integrar  valores y equipos que se encarguen de una mejora continua del diseño. – Es decir, querido empresario, se espera de ti que te bajes del burro autoritario y abraces la humildad y la responsabilidad del verdadero liderazgo -.

Un motor-empresa bien diseñado, y siempre pendiente de la orientación de sus actualizaciones, sin fugas y bien sincronizado, produce riqueza suficiente como para crecer. Y lo hace comprendiendo su  base, sus trabajadores, y les brinda un trato justo, una valoración honesta, y una proyección profesional. Pero esto es solo la vertiente económica, pues además este modelo de empresa produce equipos conformados por personas felices, que se ven realizados en su trabajo, y que asumen los valores de sus líderes, a desear: humildad, gusto por el trabajo bien hecho y responsabilidad – valores que por supuesto no son un uniforme que te quitas al salir del puesto de trabajo- . Si este ilusorio escenario fuese real, el dinamismo del mercado laboral sería entendido de otra manera, y las exigencias de este a los sistemas educativos serían también otras.

Políticos y empresarios son, en un mundo como el actual, responsables, líderes y maestros de ciudadanos, que por ahora están provocando una espiral descendente en la calidad del espíritu del pueblo español, aunque también europeo – no entronicemos al bufón solo porque duerma en el castillo- y que enarbolan un discurso poco menos que esclavista. – Así que mi mensaje para ti, trabajador, es “se en tu trabajo el mejor empresario que puedas”, y para ti, empresario “se en tu dirección el mejor trabajador que puedas” -.

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2 responses to “¿Mal aprendiz, o mal maestro?

  • tere

    Estoy de acuerdo con la descripción de empresa-empresario mayoritaria en nuestro pais, pero no te engañes, así es en la mayor parte de europa. El modelo empresarial europeo no funciona, no hay mas remedio que darles la razon a estadounidenses o japoneses. Estos modelos, con unas u otras metodologías implican a toda la estructura empresarial, desde el director general a la señora de la limpieza, y te motivan haciendote sentir parte importante…… no machacandote.
    Además en españa tenemos un problema GRAVE que nos han metido en la cabeza: pensar que el empresario es el enemigo. Yo creo que trabajador y empresario tienen que ser aliados porque dependen uno del otro.

    • Beijabar

      Gracias por la lectura! La verdad es que esa visión de enemigo hacía el empresario es muy poco provechosa, pero con la falta de empatía tan radicalizada hacia el trabajador es difícil establecer una nueva cultura del trabajo; solo ver propuestas y presiones de organizaciones como la CEOE dan una idea de su percepción de si mismos. Quizá la crisis de lugar a una nueva generación de emprendedores mas responsables y forjados en una cultura de empresario-abuelo, porque “la bonanza” económica de estos últimos 15 años, estafa en toda regla, ha creado la peor generación, que sufriremos aun mucho tiempo.

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