Inducción: Acerca de la idea de conexión necesaria

En esta entrada voy a intentar analizar la hipótesis escéptica de Hume con respecto a la inducción, críticando su coherencia en el marco del empirismo, mas para esto veo necesario introducir primeramente la propia concepción de empirismo: Para Hume, todo conocimiento proviene siempre de lo dado, es decir, de la experiencia, y no concede la existencia de conceptos a priori en la mente humana, sino que todos ellos son fruto de las impresiones extraídas de una experiencia práctica, que se origina en la observación entendida como sensaciones proporcionadas por los sentidos.

La inducción, por su parte, es la inferencia de una norma, entendida como conocimiento natural, a través de la observación de una regularidad en la relación de dos sucesos. Ejemplo: si arrojo una piedra contra un cristal este se rompe, y no necesito hacerlo para saber lo que ocurrirá, porque he observado la regularidad. Dicha norma es entendida como conocimiento, pero el conocimiento es algo que se obtiene con proyección hacia el futuro, es decir, una norma o ley natural inducida es útil porque nos permite hacer predicciones del resultado de unos sucesos antecedentes. La búsqueda de conocimiento nos sitúa inevitablemente en el contexto del experimento, y este no es otra cosa que el intento de demostrar una ley natural por medio de un ejemplo de esta, sin embargo, nada ocurre hasta que ocurre, por lo que una regularidad pasada no puede considerarse por si misma una demostración lógica unívoca de una norma o ley natural.

Entrando en la relación de los sucesos que suponen esa regularidad de la que deducimos conocimiento, es necesario observar que existe en nosotros la idea de conexión necesaria, es decir, la comprensión de un enlace entre un antecedente y un consecuente que no puede ser de otra manera. Esta necesidad es lo que hace que podamos llamar a un antecedente causa de un consecuente, sin embargo el gran problema para un empirista como Hume es determinar que impresión de la experiencia es la que hace nacer en nuestra mente esa idea de causa necesaria en la cual se apoya todo el conocimiento predictivo. Además, Hume cree que las experiencias de sucesos son independientes unas de otras, y que no se puede tener, digámoslo así, una impresión de la experiencia que construya la idea de conexión necesaria en si misma, de manera que intentará explicar la posibilidad del conocimiento inductivo desde el empirismo a través de los conceptos de habito, como observación de regularidad, y ante lo insuficiente de este, dirá que puede tratarse de una propensión o tendencia a observar la causalidad en la regularidad, pero eso es contradecir su empirismo, porque supone admitir una predisposición innata del entendimiento humano.

Por todo esto, habremos de concluir que el argumento de Hume de que el conocimiento inductivo es irracional, porque no hay impresiones de experiencia que generen la idea de conexión necesaria que sin embargo acepta admitir que tenemos, supone una incoherencia con su empirismo, por el cual no hay ideas que no provengan de la experiencia.

Sin embargo, Kant intentará dar una nueva óptica al argumento del filósofo escocés, intentando dar lo que llama un giro copernicano, es decir, un cambio de paradigma: De alguna manera, la idea de conexión necesaria aplicada a la experiencia nos da un conocimiento que no podemos imaginar de otra manera. No podemos imaginar un mundo sin la idea de causalidad. Esto hace que Kant comprenda que el paradigma, la premisa a hacer inamovible en el argumento de Hume, deba cambiarse. En este intento la premisa: “No es posible la existencia de ideas que no provengan de las impresiones de la experiencia” es sustituida, y se supondrá en su lugar que no es posible imaginar un mundo sin conexión necesaria, y que por tanto esta existe y es base de nuestro conocimiento. De esto se deduce que lo que falla es el empirismo radical de Hume, y esto nos lanza sin compasión de nuevo al problema de dilucidad el origen y forma del conocimiento.

Kant dirá entonces que, dado la vuelta, el argumento pasa a concluir la existencia necesaria de juicios sintéticos a priori. Es decir, hay ideas innatas en nuestra mente y, hete aquí el gran descubrimiento, nuestra concepción del mundo parte y toma forma en tanto a esta. Esto supone mucho más de lo que pueda parecer, pues supone que nuestra racionalidad, siendo tal, es subjetiva del ser humano. Que las ideas que poseemos de manera innata, como la de causalidad, las relaciones matemáticas o las nociones de tiempo y espacio, toman forma y realidad en el suceso de la experiencia, y de alguna forma la condicionan. Nuestra función cognitiva tiene, por decirlo así, un cristal determinado que da forma a la imagen que recibimos del exterior, la experiencia. De esta manera no es posible una experiencia puramente objetiva, la experiencia se mide con referencias y asociaciones que provienen de ideas que compartimos como genero y constituyen la racionalidad humana, de manera que no existe, o al menos no nos es accesible, una experiencia puramente objetiva del mundo.

Este giro trascendental supone, en mi opinión, la gran ventaja de reconciliar de alguna manera el empirismo más radical con el racionalismo del mismo tipo. Un esquema cognitivo humano, unas ideas a priori, que se activan, funciona y adquiere su sentido únicamente junto con la experiencia fáctica, dando como resultado una experiencia compleja que puede ser interrogada para conseguir lo que con justicia podemos llamar conocimiento humano.

En cualquier caso hemos de concluir que, aunque al aceptar el argumento trascendental kantiano, la conclusión escéptica de Hume no es posible en virtud de su razonamiento lógico original, sigue existiendo un problema en la conclusión de su argumento. Este es aquel al que atañe su conclusión, es decir si el conocimiento inductivo es racional. Una tesis afirmativa a este respecto se enfrenta a nuevos problemas ya bajo el estudio del método inductivo: Estos problemas tendrán relación, ya no con la noción de conexión necesaria, sino con la condición de suficiencia de la observación de relaciones para la atribución del estatus de ley natural a la regularidad observada y, por tanto, la atribución de conocimiento.

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