Sin importar el problema, la solución eres tú!


En un intento de ahondar en la filosofía práctica, uno se da cuenta de que aun en la importancia de la cultura, de las estructuras practico-racionales relacionadas con la sociedad o la economía, no podemos encontrar el motivo, de manera completa, de porque las cosas marchan “tan mal”. Y es que la filosofía práctica que ha tomado contacto con las prácticas socio-económicas, ha mantenido siempre cierta coherencia y contacto ético con la realidad, de donde no se desprende que los sistemas sean buenos o malos por si mismos. Parece que es sobre ellos sobre los que queremos hacer recaer la culpa de los problemas sociales, de la lucha de clases, y de la vida cotidiana; sin embargo, una importante parte de las causas de nuestros problemas es estrictamente moral, y descansa sobre un sistema axiológico cada vez mas pobre, y en el que apenas se hacen esfuerzo por regenerar los valores con trascendencia práctica, en un mundo donde moralistas, tertulianos y periodistas traen al campo de batalla solo cuestiones de retiro y humo en forma de cortina que importan bastante menos que el pan que llevarse a la boca.

La ética, los estudios morales, así como otras disciplinas como la economía, forman parte de la filosofía práctica. Y en este márco creo necesario, para concretar mi crítica social, echar una ojeada a la filosofía de Adam Smith, el considerado padre del capitalismo, repasando algunos apuntes de mi puño y letra.

Adams Smith consideraba que los sentimientos morales son primordiales  para la socialización, en especial la simpatía, entendida como rasgo de tolerancia y buena voluntad, clave para una convivencia social optima. Solo es posible una sociedad con sentimientos fundantes morales en el que la simpatía es de destacar.

Las fuerzas sociales que imperan en el hombre desde la antiguedad, como la tendencia al interés propio y al intercambio, suponen una estructura psíquica para cientos de procesos, que mediante métodos de coordinación, dan como resultado una sociedad. Parte de esta estructura psíquica, pensamos aquí en la tendencia al intercambio, se institucionalizan de diversas maneras a lo largo de la historia (desde el truque, hasta la economía actual). Son pues ciertas fuerzas motrices naturales del ser humano. La libertad, el interés y el intercambio son los que, en auge, dan lugar al tipo de sociedad mercantil en el que ahora vivimos.

En su obra “Sobre la riqueza de las naciones”, Adam Smith se pregunta – ¿Qué es lo que da valor o riqueza a las naciones? – El modelo francés fisiócrata responderá que la fuente está en la tierra, la riqueza de la tierra es la riqueza de la nación, sin embargo Adam Smith se avanzará a la historia advirtiendo y enunciando  que  la riqueza la causa el valor del trabajo. A. Smith, piensa que la política es, más bien, una política ético-económica: Porque el mercado, que se basa en contratos, requiere del estado como marco jurídico-ético en el que establecer las relaciones mercantiles libremente pero con garantías. La filosofía política intenta dar cuenta pues de la motivación natural del hombre en economía, mejor llamada economía política.

El filósofo escoces se dio cuenta de que la economía, observada como actividad, era expresión de la libertad natural, y dio cuenta teórica de ello estableciendo ciertas pautas de correlación entre la economía y los aspectos emotivos y sentimentales en sociedad. La simpatía era pues la clave moral del sistema social, porque todos juzgamos correctas o incorrectas las acciones de los demás. A pesar de esto, surge en los escritos de A. Smith el concepto de observador imparcial, como una parte de nosotros que resulta un observador imparcial sobre el que debe recaer el juicio de los comportamientos ajenos y propios.

Esta filosofía práctica, puede entenderse, como una respuesta a la nueva realidad histórica en la que ha irrumpido la nueva actividad económica, aunando los factores económicos y morales en la simpatía.  La nueva y desbordante actividad económica de la modernidad chocó con el humanismo cívico, que propondrá la crítica de si se puede mantener al mismo tiempo que unos intereses económicos y morales, una postura cívica moral correcta. Es decir, si esta tendencia (económica) supone una mejora o evolución social del individuo o una corrupción de la virtud cívica clásica. Hay pues una lucha entre el civismo tradicional virtuoso y la tendencia mercantil, a la que Adam Smith propone el concepto de simpatía como base moral de la sociedad mercantil en un intento de resolver este conflicto, abriendo nuevos caminos para la filosofía práctica.

Creo que se puede apreciar con sencillez, que no es el neoliberalismo mas voraz lo que Adam  Smith defiende o promulga, sino que mas bien acomete una filosofía que intenta aunar una filosofía humanista con el intento de comprender un devenir histórico-económico que se abalanza con demasiada rapidez sobre el mundo postmedieval tan poco acostumbrado a los cambios. ¿Como, pues, hemos llegado a esto y porque culpamos al liberalismo o al capitalismo mas voraz? Mi respuesta es – Porque en algo hay que escudarse en la lucha ante la injusticia de la vida.

Sin embargo, es posible que tengamos que tornar nuestra reflexión hasta una autocrítica ya no social, sino personal, y enfocar nuestros esfuerzos en nosotros mismos sin afan generalizador, dejando que el mundo siga el curso que merezca pero conscientes, al menos, de que hemos iniciado un intento de regenerar viejos valores pragmáticos que marcarán la diferencia de la ejecución de la realidad social, política y económica del futuro. Cada vez tiene menos importancia, en comparación con los valores de los agentes que ponen en práctica los sistemas, el color de estos. La razón instrumental ha tumbado los ideales de justicia, y el rencor ha alumbrado una generación mal encarada hacía las claves de su destino. No es el capitalismo, no es el comunismo, no es socialismo ni el liberalismo … la solución a los problemas del mundo eres tu! Exígete lo que mereces!

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