Recambios baratos para mi viejo motor

Cuando uno piensa en el niño que fue, no puede evitar sentir nostalgia pues, aun sabiendo que algo de aquel niño persiste en su interior, no será lo suficiente como para atesorar la antigua capacidad de generar aquella felicidad, tan sencilla que el mundo mismo parecía irradiarla. Siguiendo este nostálgico reflejo sobre las aguas tranquilas, uno no puede evitar dejarse llevar hasta lo profundo de su mente en un pensamiento irresoluble: ¿Que me diferencia de aquel niño? No de sus experiencias, felices o dolorosas, ni de su aprendizaje, tampoco claro de su cuerpo o de la complejidad de su mente, aspectos estos, sobre los cuales el recuerdo pueda no resultar tan nostálgico como primitivo; sino respecto a aquel yo interior con el que hablas cuando no llevas mascara alguna, cuando te desnudas en espíritu solo por el placer de recordar como se siente.

Durante buena parte de nuestra vida llevamos máscaras: aquello que llamamos el carácter de la persona es un juego de máscaras únicas que son el intento de tu persona, un ser particular, de jugar al teatro del mundo y adaptarse. Además, tu verdadero yo siempre está detrás, siendo tu, así que no hay que interpretar esto como hipocresía o malicia, sino como el mecanismo del yo en la sociedad que nos es natural; sin embargo este no es el tema sino para entender lo que llamo “la desnudez”. Ahora bien, uno se desnuda en espíritu en diversas ocasiones, a veces directamente un suceso importante te arrebata a la fuerza máscara y vestuario, o tu mismo te arrancas el habito iracundo y apremiado por enfrentar, con la sinceridad que sabes necesaria, los problemas de la vida. Sin embargo creo que es el nudismo por placer y sin presiones, el que de veras te lleva a conocerte algo mejor; ese que sucede, sentado en la mullida tranquilidad de la ocasión, y que acaece como un diálogo interno en el que quizá, hablas con ese niño dormido.

Un día ese niño me dijo resentido: – Has cambiado -. Dime algo que no sepa – pensé – Vaya ayuda el crío de los cojones… Necesito algo mas que martirios punzantes de las manos de un infante rechoncho que vive disuelto en mi memoria… Pero pensando en él, recordándolo solo por placer de martirio, me di cuenta al final de algo evidente: ¿algo que faltaba? no, algo que cambiaba (como veis mi raciocinio tampoco me es de mucha ayuda)… pero por suerte la imaginación de la teoría, mal guardada y peor organizada, que llena los estantes de la biblioteca medio vacía y abundante en porno que tengo sobre los hombros, me susurró un concepto a caballo entre motor de acción y motivación personal, y que sin palabra propia que asignarle, mutaba por minutos de “la curiosidad” a la “ambición”.

El niño cabrón sonríe, y a mi se me descuelga la mandíbula, aunque esto solo dura un momento. Después, quizá antes de aceptarlo siquiera, surge enseguida la pregunta acerca del porqué, para la que no tengo respuesta. En cualquier caso mis instintos mutan de conocer a controlar, utilizar, cambiar… Y entendería esto de alguien que conoce todo lo que hay sobre este mundo, pronto quiere ponerse manos a la obra y cambiar cosas a su criterio, pero ese alguien no existe, y aun su idea esta muy lejos de mi. Apenas se nada de lo que es, y ya quiero crear… e imagino que debe ser natural y apropiado, pero al menos creo que vale la pena dedicar un rato a desnudarse y descubrir este lunar, que se va haciendo mas grande cada minuto y sin saber porqué, y con el que aun habrá que ver si se está de acuerdo.

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