Teoría y práctica: Protesta Ciudadana*

Los estados de derecho son aquellos que responden al, aun hoy tan presente, ideal ilustrado que Kant llamaba “estado republicano”; este se basa en el sometimiento a las leyes, porque las leyes son producto del diálogo social: Los ciudadanos deciden sobre las leyes y voluntariamente se someten a ellas en un intento de salir de un estado salvaje, un estado pre-social de aquella humanidad que, poniéndonos en antecedentes, contraería aquel contrato social que mas le guste al lector, sea el de Hobbes o el de Rousseau. 

En cualquier caso, los estados surgen para desplazar la coacción que unos individuos ejercían sobre otros hacia un único ente que concentraría el poder y que, reconocido omnipotente, impartiría justicia. Mas como el mismo Hobbes advirtió, surge la posibilidad de un Leviatán: ese monstruo que es un ente, un rey o un gobierno y que, una vez dotado del poder para administrar justicia e igualar a todos los subditos bajo ella, no reparte sino arbitrio e injusticia.

En nuestra actualidad, los estados de derecho se configuran a través de una democracia de mayorías, y aunque ya no somos súbditos, o al menos no solo subditos, sino también ciudadanos, tenemos algunas manera de mostrar que no estamos de acuerdo con las decisiones políticas que, se supone, deben representar nuestra voluntad popular: Este es el origen teórico de las protestas ciudadanas en democracia. Cuando la legitimación de un gobierno tiene origen democrático, las protestas sirven de una suerte de baremo sobre la opinión social no requerida, pues en tal caso se utilizará el referéndum. Cuanto menos propenso a referéndum es un estado y su tradición política, mas cerca está del Levitan y del autoritarismo, y cuando el Leviatan se ha erigido ya sin remilgos ni caretas, la protesta adquiere una nueva dimensión, pues ya no se trata de una expresión política sino de reacción política, es decir, de guerra contra un tipo de régimen que no se contemplaba cuando uno fue a depositar su voto. Este expresa su condición de adversario con el uso de la violencia contra la libre expresión, como amenaza a la forma estatal que considera al manifestante, y no legítimo soberano de este.

Esto, y no otra cosa que muchos se empeñan en caracterizar, es el movimiento indignado: que trasciende las ideologías tradicionales para demandar seriedad, compromiso y coherencia en la política, esa palabra que antaño significo la mejor manera en la que un pueblo pueda gobernarse a si mismo, y que hoy la gran mayoría no podemos pronunciar sin una mueca de asco.  En este ideal nos va la esperanza, a un país como España, de rescatar la verdadera política y la verdadera democracia de las garras de ese engendro bipartito y rencoroso hijo de la dictadura franquista, que ha legado sin embargo la misma aristocracia económica de la que intentamos desprendernos y que, cambiándose el pijama, duerme aun en nuestra cama y en nuestras pesadillas.

Por ello las protestas están dividiéndose; entre los que aun articulan las voces de las bocas que les dieron para hablar, aunque hayan sido deconstruidas por el mismo espíritu que lleva a Ferran Adriá a cobrar 200€ por un plato de comida, y los que han comprendido que se necesitan nuevas bocas y nuevas voces para que el mensaje abandone el circulo vicioso y vacío que el Leviatán ha preparado: Los sindicatos han dejado de ser un interlocutor social para ser el perro de su amo, pues progresivamente se han visto en situación de dependencia del estado, y en la siempre presente guerra de clasess, no ha dejado sin adalides. Esto puede entenderse, como harán muchos para justificar el liderazgo sindical, como el peligro de un “ejercito” sin instrucciones de donde y como luchar, sin embargo creo que existe la posibilidad de entender esto como la evolución natural de la protesta ciudadana y la lucha por los derechos del trabajador: La misma autonomía que nos confiere esos derechos ha de ser cuidada con mimo, y asociarse puede coartarla con la misma extraordinaria fuerza que reside en la sociedad, de manera que conformar una horada de libres pensadores reactivos puede ser aquello que deje vacíos los frentes habituales y abra las brechas en las partes blandas de la armadura de escamas del Leviatán. Ante sindicatos y huelgas, métodos de antaño, el capitalismo se hace fuerte (reformas laborales, domesticación sindical) y es por eso que las antiguas armas y formaciones ya no sirven: ahora nos toca imaginar una nueva forma de luchar.

* Fotos Manifestación 19F – Valencia

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