El existencialismo de base en la vanguardia artística

La vanguardia y el existencialismo tienen en mi opinión una relación muy cercana: algunas teorías de la Vanguardia parecen pretender que el existencialismo es un movimiento dentro de la propia vanguardia artística, un -ismo resultante como pudiese ser el realismo, el dadaismo o el futurismo; sin embargo, el existencialismo es en mi opinión la esencia primera que surge de, y a la vez provoca, la vanguardia artística; no es por tanto hija sino hermana. Vanguardia y existencialismo surgen de la misma crisis cultural, apoyandose mutuamente como antaño lo hicieron sus padres, también hermanos; hablamos de la filosofía y el arte, que históricamente han proyectado, anticipado y definido el futuro político, social e ideológico de la Europa moderna. A continuación pretendo exponer los grandes rasgos del paralelismo que encuentro, entre el existencialismo y los movimientos artísticos de vanguardia, que serán a la práctica respuestas a la radical libertad que el existencialismo postula:

En primer lugar hay que hacer la presentación del enunciado principal del existencialismo, el de que la existencia precede a la esencia, por coherencia, en el caso del existencialismo filosófico, con una concepción de Dios desligada de la praxis vital, esto significa que el existencialista, habiéndolos creyentes y no creyentes, afirmará que en cualquier caso es indiferente ante la libertad que caracteriza al ser humano (este concepto de libertad proviene de Unamuno y Kierkegaard) y esto, esta libertad, inaugura un subjetivismo completo, que según algunas críticas puede desembocar en la supresión de todo contenido moral que haga funcionar nuestras sociedades.

Dostoievsky escribe: “Si Dios no existiera, todo estaría permitido”. Este es el punto de partida del existencialismo. En efecto, todo está permitido si Dios no existe y, en consecuencia, el hombre está abandonado porque no encuentra ni en si ni fuera de si una posibilidad de aferrarse. No encuentra excusas. Si en efecto, la existencia precede a la esencia, no se podría jamás explicar la referencia a una naturaleza humana y fija, dicho de otra manera, no hay determinismo natural.”

De igual manera, la vanguardia y su autocrítica parte, igual que el existencialismo, de la subjetividad del cogito ergo sum, pero no del sujeto filosófico, sino del artístico. Sucede al reconocer que la institución del arte tiene forma pero no autoridad para dar esta forma, conscientes de la libertad del arte, en tanto creación del hombre libre, debe en coherencia suponer que no hay un arte correcto o incorrecto, que del sujeto depende su arte, pero que de igual manera que en la construcción moral de los sujetos, cuando un artista elige su arte, está eligiendo el arte con mayúsculas, está eligiendo la forma de ese dios, que es en este ámbito ese arte con mayúsculas y como institución, de la que hay que cuestionar hasta su estatus. Igual que el hombre que elige su conducta está considerando que su ley moral libremente escogida sería sinceramente apropiada para todos los sujetos, y aun respetando la subjetividad de sus congéneres al respecto de esta cuestión, el artista sabe que su libertad es también su responsabilidad, y que el arte es lo que el, y otros muchos hagan del arte, pero que no tiene sentido en coherencia someterse a leyes del arte o a formas institucionales, sino que el arte debe erguirse desde el profundo concepto de la libertad humana como su obra. Dando así forma no solo al arte, sino también al sujeto.

De esta manera además, y a través de ese inventar el arte, podemos caracterizar con razón lo que Peter Bürger, en su libro “Teoría de la Vanguardia”y con la ayuda de Marx, llama crítica inmanente y no autocrítica. El subjetivismo no es trivial y caprichoso: como hemos dicho, a través del reconocimiento de la dignidad humana, apoyada en la filosofía kantiana, cuando legislamos moralmente lo hacemos para todos; ya hemos hecho de esto el traslado al ámbito artístico, pero lo que no hemos destacado es que ese afán objetivador nos permite el derecho legítimo de juzgar otras posturas, y esto es lo que da lugar a la crítica inmanente, interna, a la institución del arte, además de la invención, en el proceso artístico creativo, de la misma institución del arte.

Por tanto este tipo de arte supone además el compromiso del juicio, porque se elige el arte frente a otras posibilidades de este, durante la creación concreta, por lo que se deposita en la obra artística la creencia de que es mejor opción que otras. Además, y para concluir, cabe extraer la máxima que aleja este libre subjetivismo de la posibilidad de retornar a un determinismo artístico, a una forma concreta de la institución del arte, pues  cuando declaro la libertad a través de cada obra o crítica, no puedo sino querer otra cosa que la libertad para todos los artistas, de igual manera que lo que legítima para juzgar me obliga a respetar, bajo la enorme responsabilidad de dar al arte la forma solo encajada en el molde del propio arte, que por tanto no será concretado jamás, y en constante evolución dará sentido a su autonomía.

Extracto adaptado del ensayo inédito: “El existencialismo de base en el espíritu de las vanguardias artísticas”  de un servidor, basado en la siguiente bibliografía:

– “Teoría dela Vanguardia”– Peter Bürger

– Transcripción de la conferencia “El existencialismo es un humanismo” Jean-Paul Sartre

– Ensayo “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” – Walter Benjamin

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