El realismo de Epicuro y Lucrecio

En esta entrada pretendo realizar un análisis sobre las formas que caracterizan el atomismo antiguo, y si mantiene una adecuación con el realismo, que intentaremos definir mas allá del Aristotélico. Para entender la noción de realismo de manera mas completa he acudido, siguiendo una sugerencia, al “Diccionario de Filosofía” de Ferrater Mora,  centrándome en su tercera definición, a saber: aquella que tiene que ver con la teoría del conocimiento y que implica dos vertientes: la gnoseológica y la metafísica, y de las cuales, ambas son interesantes para la cuestión.

Por un lado el realismo gnoseológico afirma que el conocimiento es posible sin necesidad de suponer, como hacen los idealistas, aunque este es un concepto completamente moderno, que la conciencia impone a la realidad ciertos conceptos o categorías a priori; lo que importa en el conocimiento es lo dado y en manera alguna lo puesto por la conciencia o el sujeto. Contra este realismo gnoseológico estaría contrapuesto el idealismo de figuras como Kant y Descartes. Por otro lado está el realismo metafísico, que afirma que las cosas existen fuera e independientemente de la conciencia o del sujeto, es decir que hay una realidad física objetiva, al margen de las limitaciones que puedan tener nuestros sentidos e intelecto para captarla y comprenderla.

Si embargo, el realismo gnoseológico puede a su vez ser concebido de dos maneras: como realismo “ingenuo” o “natural” o como realismo empírico o crítico. El realismo ingenuo supone que el conocimiento es una reproducción exacta (una “copia fotográfica”) de la realidad. El realismo empírico o crítico advierte que no puede simplemente equipararse lo percibido como lo verdaderamente conocido, y que es menester someter lo dado a examen y ver, para luego tenerlo en cuenta cuando se formulan juicios definitivos, lo que hay en el conocer que no es mera reproducción.

Entrando a analizar en concreción la teoría atomista de Epicuro, en mi opinión la calificaría, para comenzar, de acuerdo con el realismo metafísico, ya que Epicuro considera el mundo constituido por átomos flotando en el vacío, y los sentidos como parte de un todo alma-cuerpo, en el que el alma es la que tiene la capacidad de sentir, pero siempre que esté unida al cuerpo, ya que en el momento en que se disocian al extinguirse la vida toda percepción queda imposibilitada, ya que es susceptible de excitarse ante los efluvios que emana la realidad, a los que llama “simulacros”. De esta manera y a través de estas emanaciones y el movimiento explica Epicuro el funcionamiento de la vista y el oído, como consecuencias del continuo movimiento de los átomos, que se proyectan provocando las sensaciones pero siendo repuestos para no dejar de componer en modo alguno la realidad. Esto es coherente, como el propio Epicuro señala, con lo que nos dictan los mismos sentidos, con la posibilidad de ejercer fuerzas que dañen o erosionen los objetos, que son alimentados de átomos a una velocidad constante, pero que pueden ser privados de ellos a una velocidad mayor, lo cual también explica el envejecimiento de cuerpos y objetos.

Los átomos no son infinitos pero si incontables y en constante movimiento a una velocidad continua, que depende de algunas fuerzas y del vacío, pero no del tamaño de los átomos, el cual considera variable pero sin llegar nunca al punto de se apreciables por los sentidos, ya que son la unidad mínima de composición de la realidad. Habla además de ellos con diferentes propiedades según su tipo, la cantidad de tipos de átomos no es demasiado amplia, pero si las posibilidades de sus combinaciones que considera también incontables.

Todo esto, que en mi opinión caracteriza una visión realista del mundo,  queda a mi parecer confirmado con un concepto introducido como el pegamento de todo este sistema, el tiempo. Sobre el tiempo Epicuro dirá que no ha de ser estudiado como las demás cosas, pues tiene un carácter peculiar: media, de alguna manera, la relación en la que ha intentado ahondar, que incluye a sujeto y objeto, en el ámbito de la percepción, y caracteriza una realidad física en la relación de la experiencia y la velocidad de la realidad en cuanto a su composición atómica, en cuya explicación se extiende en su Carta a Herodoto.

Sin embargo, también siguiendo a Epicuro creo que no podríamos considerarlo del todo un realismo gnoseológico, porque el alma es caracterizada como necesitada del cuerpo y viceversa, así como alimentada y llenada por las emanaciones y simulacros de la realidad, pero sin duda se le concede una conformación especial, también atómica, que reúne unas cualidades que le permiten las fusión con el cuerpo y su necesidad, además de el potencial para ser excitados y afectados por las emanaciones comentadas. De tal manera que hay un ligero hueco para la metafísica, como una parte de la física que da origen a toda la comprensión de esta, y es el carácter de la forma de la combinación atómica que caracteriza al alma. Todo esto a pesar de que Epicuro da explicación a la posibilidad de las percepciones erróneas como también afectadas por diferentes cualidades de combinaciones atómicas, todos los errores de percepción tienen también una explicación fisicista, por lo que de alguna manera parece albergar la intención de caracterizar a su gnoseología de lo que Ferrater Mora llamaría un realismo ingenuo.

De igual manera, quizá aun con más fuerza, parece caracterizar la realidad Lucrecio en su poema Sobre la naturaleza, ya que entiende la percepción como combinación de los sentidos, como susceptibilidad a las emanaciones de una manera completa. Por lo que sin duda su visión heredera de Epicuro se mantendría en lo que consideraríamos un realismo metafísico, en el que una realidad, aun difícil de comprender, existe sin ninguna duda al margen de nuestra existencia y pensamiento, sin embargo, Lucrecio inaugura una evolución respecto a Epicuro al decir que no captamos a priori, con la mera ayuda de los sentidos, la economía refinada y secreta de los agregados de átomos que componen toda la realidad, pese a que esa economía existe, inmutable y eterna, mecánica. Al practicar este método se deja de pensar el mundo de manera superficial, para hacerlo con la profundidad que requiere. Que hay que utilizar los sentidos sabiendo que el conocimiento pasa por ellos es aceptado por Lucrecio, pero además es menester no contentarse con estas percepciones y añadir las potencialidades de la deducción, la razón y la reflexión. Es por esto que parece justo considerar a Lucrecio como un realista crítico en cuanto al significado gnoseológico del realismo.

Por otro lado, la cinética de la que Lucrecio habla permanentemente parece más importante y más interesante que las descomposiciones infinitas que conducen a la unidad básica. La dinámica importa más que aquello con lo que se tropieza tras una reducción intelectual del todo en sus partes más simples. El filósofo utiliza una metáfora muy apropiada, y es la cinética del lenguaje, como partículas pequeñas y en cantidad escasa, las letras, pueden expresar todo lo imaginable en combinaciones infinitas. La naturaleza de Lucrecio es este inmenso poema del impulso vital escrito con un puñado de partículas elementales, no por los dioses, sino por una fuerza-causa y sin otra razón ni otra justificación que un postulado ontológico: el clinamen. Este concepto vendría a ser una suerte de desviación de lo átomos, una inclinación sin la cual nada hubiese existido, es lo que Lucrecio proponer, a priori, para justificar lo posible y lo real, la inclinación existente, algo así como una energía propia de los átomos.

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