Walter Benjamin y el camino artístico hacia el cine

Esta entrada intenta suponer una reflexión práctica sobre el cine como vanguardia artística, enmarcada en el estudio algo detallado de los medios de reproducción técnica de las obras de arte, de manera necesaria para dar cuenta de sus inicios en el marco de las vanguardias de principios del Siglo XX, abriendo además la reflexión al carácter y poder político que el cine tiene en potencialidad con respecto a la influencia social y de masas. Esta labor será llevada a cabo siguiendo siempre como guía el excelente ensayo que al respecto escribe Walter Benjamin en 1936, La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica .

Benjamin comienza hablándonos de cómo los medios técnicos de reproducción, y en especial la fotografía, hacen posibles ventajas e inconvenientes en lo que podríamos llamar la imprecisa evolución del concepto de arte. Por un lado, estos medios nos acercan la experiencia artística, haciendo que la obra de arte esté a disposición de cualquier persona casi en cualquier momento, algo acusado además hoy en día con medios telemáticos, pero no es solo esto lo que la tecnología ha conseguido, sino que ha hecho evolucionar la forma en la que miramos las cosas, en que percibimos la realidad, permitiéndonos acceder a momentos concretos, a la posibilidad de fraccionar la imagen en acción, y a alcanzar detalles que se escapan a la percepción física del ojo humano. Sin embargo, la reproducción ha hecho que la percepción artística cambie perdiendo algo, el aquí y ahora de la obra de arte, lo que constituye un concepto de autenticidad, lo que hace de la experiencia artística irrepetible en su subjetividad concretada, y lo que Benjamin llamará el aura.

Sin embargo, estos medios comienzan a constituir arte en si mismo, aun independizándose necesariamente de la concepción de obra original por su carácter de reproducción reproducible. La fotografía supone el preámbulo de lo que podemos considerar el agente de las consecuencias más importantes de esta revolución artística: el cine. Estas consecuencias son las que suponen  la sustitución de la predominancia del arte en una concepción cultural, derivada de su utilización histórica alrededor del culto social, por un caracterización práctica orientada a la política (según Benjamin), y que podríamos llamar estética o exhibitiva. Esto produce además que estas obras/reproducción, como es el caso de la fotografía, requieran de una dirección para su comprensión, en especial al adaptarse a la prensa, sería el caso correspondiente el de los pies de foto; en el cine una secuencia tiene lugar a ojos del espectador como un todo que no puede degustarse a placer, y cada fotograma debe su sentido y a su vez da este, al siguiente; el tiempo de exposición a la obra está marcado y de igual manera su ritmo, con objetivo de orientar a esa transmisión dada, alejada de una reflexión e interpretación subjetiva, que es la que a mi entender produce que Benjamin le de ese carácter político, en marcando su reflexión en su propio contexto histórico.

La cinematografía basada en un invento técnico de reproducción de realidad se separa de lo que tradicionalmente había sido la interpretación como espectáculo ficcional. Esto produce que la percepción se aliene, pues subyacen al cine muchas características que lo implican. Es el caso de la actuación de los actores, sus espectadores no están ya frente a el, y no tiene una autonomía sobre la actuación, su público es el medio técnico. una cámara, y su actuación depende de la dirección, esto produce un cambio en los modos de interpretar y en lo que se busca de un actor. Por otra parte, esto está directamente relacionado con ese sentido que las obras-reproducción llevan y transmiten, está la cuestión de la fácil manipulación de este, más que manipulación creo que habría que decir creación en si misma, a través del montaje (ver Efecto Kuleshov).

Sin embargo, estas características en la creación mediada por estos nuevos recursos técnicos, que tienen las consecuencias presentadas en cuanto a la recepción del arte y de la realidad, no deben ser comprendidas como una involución, como una manipulación maligna o como un declive del arte, pues abren juntas a su vez una nueva posibilidad de creación artística, que como bien indica Benjamin, no sabemos si es consecuencia directa de una alienación cultural en la forma de percibir la realidad previa al desarrollo de los medios técnicos, es decir, lo que es una consecuencia también puede haber supuesto a la vez una causa necesaria.

En cualquier caso, el cine como medio técnico de reproducción permite dirigir y controlar la creación de una narración de acciones hasta un nuevo nivel solo alcanzado en la narración escrita. Si a esto sumamos que los medios técnicos han evolucionado al servicio del cine para dotarlo del poder necesario para representar cualquier cosa, nos referimos a la perfección en la iluminación, decorados, selección de planos, montaje, etc. el cine se convierte, según una reflexión personal, y en virtud de sus características compartidas con la narración poética expuestas por Aristóteles en La poética, a saber: la necesidad de narrar siempre hechos relevantes para la trama, así como dotar visualmente al espectáculo de lo necesario para que represente un goce estético puro, en un medio nuevo pero ideal de narrar historias.

Por otra parte, tal y como señala Walter Benjamin la revolución artística que suponen los medios de reproducción, por su desplazamiento del ámbito del arte, del culto a la exhibición, como prioritario, alterando estas sus formas, produce en la época de las vanguardias un rechazo por la incomprensión de estas nuevas formas, y se alzan las vanguardias sobre la premisa de “el arte por el arte”, afilando por un lado su mensaje antiburgués característico del arte en la época, y a su vez aceptando en el arte tradicional esa vertiente exhibitiva que va a buscar el choque reivindicativo. Es en este marco en el que podemos ubicar el dadaísmo, destacado por Benjamin a este respecto y que supone una repulsa ante todo tipo de orden en una realidad desbocada. En el Manifiesto DADÁ se puede apreciar esa respuesta, algo pesimista pero siempre crítica, creo que podríamos decir que de carácter nihilista ideológicamente, que mantiene con fuerza y mediante la búsqueda del impacto en el espectador, la pregunta por el fundamento del arte, pero a la vez, su carácter práctico le constituye también la labor de estar dando forma al arte en ese mismo momento de la creación artística. Hilvanando estas ideas con la obra de Hans Richter de titulo, traducción al ingles, Ghost before breakfast, podemos apreciar la creación mixta del cine, con todo lo dicho a su respecto, con un carácter vanguardista evolucionado con forma de abstracción, de expresión libre. Aquí me gustaría introducir una reflexión personal según la cual el goce de la creación abstracta se desplaza a la propia labor creativa más que a la recepción de esta por un público, pero a la vez el potencial de goce depende directamente de esa exposición.

Por ultimo es destacable como Benjamin ve mas allá de las críticas al incipiente cine, que en parte con justicia, es caracterizado como un goce colectivo, para las masas, de manera peyorativa y asociada con el abandono de ese carácter irrepetible y subjetivo que hasta ahora tenía el arte. Para Benjamin el orden del arte cambia con el cine, el público se proyecta de alguna manera sobre la obra, parafraseando al autor: “la masa dispersa sumerge en si misma a la obra artística” y esto, con sentido a mi parecer en cuanto a un concepto de creatividad entendido como la capacidad de generar conexiones entre ideas preexistentes que den lugar a nuevas ideas, toma el control y limita las posibilidades imaginativas de la masa colectiva, aunque solo si ese es su objetivo. Esto sucede además por fuerza de la costumbre, y aquí es donde a mi parecer reaparece es aspecto de culto del arte de manera que domina las costumbres sociales, y consigue así por la repetición de ciertos esquemas dirigir el pensamiento o al menos limitarlo en sus posibilidades creativas, en virtud de unos intereses determinados, de una tradición, de un poder, que en sentido Foucaultiano no es algo concreto, sino difuso y relacional, en parte histórico e impredecible, y que en su vertiente fáctica a mi me gusta llamar devenir, ajustándome a aquel término existencialista.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: