Sobre el ritmo

Ha sido recientemente cuando, como si se tratase de un gran secreto solo accesible sabios monjes sintoistas, me he percatado a mi peculiar manera, de una de las cualidades, quizá requisito, del éxito personal – expresión en la cual “éxito” no tiene el significado tópico, y aunque el significado que le atribuyo aquí no será explicitado en la entrada, creo que el lector podrá deducirlo de esta – esto incluye facetas laborales, educativas, sentimentales o incluso interiores – refiero aquí a la relación con uno mismo-, y es la cuestión del ritmo, sobre la que pretendo extenderme a continuación.

Creo que desde un punto de vista filosófico, habría que enmarcarlo en la necesidad de una suerte de educación estética para la filosofía práctica, aunque creo que es mas bien un rasgo de inteligencia emocional con, además, un componente racional e intelectual, analítico, y relacionado con conocer el entorno, necesario para poder sentir ese ritmo. Una vez conocido el entorno en el que te mueves y quieres realizar tu proyecto – de vida, de pareja, de amistad, laboral … – cobra una relevancia espectacular, a mis deslumbrados ojos, el intento de adecuación a este.

Principalmente este ritmo tiene dos componentes necesarios, uno es el tiempo, lógicamente, y el otro es el carácter de las personas que habitan, también lógicamente, todo ámbito de la existencia humana. Controlar el ritmo pues, es estar despierto a las circunstancias de cada uno, al entorno y a como cada persona se ve afectada por él, para intentar incidir de manera determinada en estas, en el momento preciso para que tu esfuerzo sea efectivo, y con una finalidad determinada. Cuando pretendo destacar el rítmo de esta manera es porque asumo un savoir-faire, una racionalidad o un sentido común que diga que hacer, y no pretendo decir con ello que saber “que hacer” sea sencillo, nada mas lejos, sin embargo el ritmo es percibir lo necesario para saber “cuando hacerlo”. Esto se complica enormemente en todos sus casos: tanto cuando estás buscando esos momentos en una situación concreta, como en una serie de ellas que suman una situación vital, es tremendamente complejo analizar el estado interno, y el flujo dinámico de estos estados, que determine el momento en el que determinada actitud, sierva de tu finalidad, encaje perfectamente en el otro y provoque la reacción adecuada, esto es a la vez mas y menos dificil en las personas que son importantes para ti, porque las conoces, pero a la vez tu visión de la situación esta sesgada por tu implicación. No pretendo con esto decir que sea algo utilitarista o sistemático, nada mas lejos, me parece que el ritmo se siente y está mas cerca del corazón que de la cabeza.

La cosa se complica aun más en una segunda posibilidad de trato, el trato contigo mismo. Es este el clásico de conocerse a uno mismo, complejo de por si, y que de nuevo se divide en “que” y “cuando”, pero que es solo el preámbulo a la gran cuestión del ritmo: el sincronizar tu estado, administrandote acciones que provoquen actitudes que sean adecuadas para situaciones por su adecuación a la comprensión de estos mismos factores en las personas con las que tratas, aun mas, si estas personas son importantes para ti. De esta manera el ritmo toma un sentido humanista, adquiere un estatus de necesario en un trato relacionado con determinadas éticas, poder dar y recibir, desde el conocimiento interno que administra los momentos, lo necesario a/de otras personas que son importantes para ti, y cuyas demandas y posibilidades vienen de un conocimiento externo.

La cuestión del ritmo es por tanto inabarcable, infinita. En ocasiones pienso de él que no se puede aprender, sino que se nace con ritmo o sin, hermano este quizá del de la música y la danza, y del que yo tanto carezco. Pero después veo que eso es, aun complejo, simplista para lo que intento exponer, y que quizá la única maestra de ritmo es la experiencia, al margen de la facilidad que cada uno tenga para apreciarlo. Se me revela, en cualquier caso, el ritmo como aquello que es origen y consecuencia de un “progreso real” en cualquier ámbito de la vida, porque cuando algo se mueve al mismo ritmo no hay limaduras, desgaste, y las relaciones de todo tipo se vuelven puras, eliminando falsas intenciones y provocando que tratemos a las personas como fines, aun sin saber que significa esto o que filosofía engloba. El ritmo, subjetivo e imperfecto siempre, es en mi opinión un punto importante de aquella utopía que llamamos vivir felizmente.

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