La necesidad de leer ficción

La lectura tiene muchos fines mas allá de los meramente informativos o didácticos, y al intentar hablar de estos fines nos metemos de lleno en un intento de explicar que es la literatura. Y es que apena leer que el 30.5% de los Valencianos no lee nunca o casi nunca, o en definitiva, preocupa leer los resultados de la “Encuesta de hábitos y practicas culturales en España“, entendiendo lo que a esto se refiere: Por un lado, la lectura es una herramienta de uso común en la sociedad, muchos de los que puedan confesar que no leen nunca o casi nunca, lo hacen en su trabajo, leen informes o manuales, o en sus estudios, dedicados desde idiomas hasta oposiciones. Sin embargo leer literatura, la ficción, aporta al individuo una abrumadora cantidad de beneficios, aporta la posibilidad de experimentar mas allá de su propia vida, de vivir más de una vida, de ser mas de una persona, solo en su imaginación.

La literatura nos da la posibilidad de mirar por otros ojos, y es en mi opinión, y en la de reputados literatos, intima amiga de la tolerancia, de la misma manera que no leer es enemiga de esta. Al leer una novela se plantean una serie de situaciones vitales comprometidas, que plantean dilemas y enfoques, y en las que participan personajes. Ante esto, el lector tiene la oportunidad de, en primer lugar, apreciar un enfoque general que corresponde al autor:

Cada autor tiene sus propias temáticas que le suscitan interes, tiene sus propias estructuras narrativas y cuenta, como no, sus propias histórias, por lo que es inevitable que la lectura de las obras de diferentes autores nos transmita diferentes sensaciones: en ocasiones nos atacan la razón, y nos hacen reflexionar de manera crítica, en ocasiones hacen que nuestro corazon se acongoje y tiemble ante la posibilidad de errar en la comprensión de nuestros sentimientos, y en ocasiones, simplemente sincronizan con nuestra alma de tal manera que su lectura nos produce un placer fisiológico. Sin embargo, mas allá de esto, cada autor dota a sus historias de un carácter único, por lo que cada obra está expresando una sensibilidad única que corresponde a una inquietud y un momento determinado en la vida del autor, es por esto que a veces, al leer una novela, sentimos que ha aparecido en el momento exacto en que necesitábamos leerla. Esta es la cuestión de las obras en si.

Cada novela, cada historia narrada, pretende dar cuenta de una experiencia demasiado compleja como para ser transmitida de manera meramente instructiva, y nos pone, empatia mediante, en una situación y realidad vital que no es la nuestra, pero que está construida de tal manera que estimula nuestra imaginación, lo cual ademas de ser una ventaja en si misma, nos permite crear nuestras propias analogías e identificaciones con nuestros medios de vida reales; en definitiva, una novela nos permite vivir algo internamente, y por ello ganamos experiencia vital, sin haber vivido la experiencia, propiamente dicha. Esta experiencia es sin duda subjetiva, y en nuestro afan natural por el juicio moral, nos eleva hacia la tolerancia y la autoreflexión a traves de los grandes protagonistas de la literatura, los personajes.

Una vez adentrados en una historia, nos encontramos con que los personajes son personas vivas, cambiantes, personas descritas y perfectamente posibles, personas sobre el papel a las que llegamos a conocer mejor que nuestros familiares mas íntimos, y de las que nos es mas fácil imaginar aquellos rasgos no descritos. Esto supone que ningún personaje es igual para dos lectores diferentes de la misma obra, y mediante la imaginación, se crea siempre con todos ellos una relación, que en base a nuestra moralidad y personalidad puede ser de identificación, comprensión o rechazo. Pero en cualquier caso obtenemos de todos ellos una visión peculiar de la situación, que nos invita a entender la subjetividad natural de nuestro propio devenir, y nos hace mas sabios en el sentido mas alejado de los conocimientos teóricos.

Por ello, en mi opinión personal, leer es una necesidad del hombre social, del profesional, del  padre, del hijo, del compañero, del amante y del que, en definitiva, pretende afrontar su vida con la coherencia necesaria para hacerle sentir feliz. Porque la salud de la mente humana está ligada, en mi opinión, a la flexibilidad de la sensibilidad, y la literatura ha sido siempre el descanso del hombre ante la condición humana, tanto al leer como al escribir.

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