Encomio y crítica al KaiZen

La filosofía es una disciplina originaria de todo conocimiento y de toda ciencia social, de la cual estas se han desprendido y desarrollado, en occidente, desde la época de esplendor de las polis griegas y sus filósofos mas reconocibles. Sin embargo, y a pesar de que desde finales del siglo XVIII y durante el XIX la filosofía ha estudiado e influido notablemente formas socio-políticas de las sociedades recientemente industrializadas, durante el siglo XX ha quedado relegada a un ámbito intelectual y teórico, apartándolo de la práctica en especial en cuestiones de producción y gestión empresarial, que sin embargo se han desarrollado notablemente, dando lugar a nuevas formas de gestión y una amplia oferta social de estudios específicos al respecto. Sin embargo, la filosofía, mas allá de la ética empresarial, tiene infinidad de aplicaciones prácticas que pueden ayudar a la empresa no solo a optimizar su efectividad, sino también a ubicar a la figura empresa en el marco social, y afilar el significado de este rol.

Recientemente estoy introduciéndome en este mundillo de la filosofía en la empresa, que es algo relativamente nuevo, tal y como yo entiendo su planteamiento. La figura del filosofo de empresa está empezando a tener ya cierta trascendencia en EEUU, aunque en Europa todavía no está demasiado afianzado, pero en cualquier caso, y por ello esta entrada viene numerada, solo pretendo exponer aquí apenas la orientación y planteamiento, en lineas generales, que creo debe tener la integración de la filosofía en las estructuras empresariales de la actualidad y el futuro próximo.

En el panorama actual de la filosofía en la empresa, ha triunfado y se ha implantado con notable exito la denominada filosofía KaiZen, cuyo creador es el japones Masaaki Imai, y cuya doctrina se basa en la (traducción literal de KaiZen) mejora continua: de los procesos enfocados en el individuo. No se trata de mejorar la gestión, o de mejorar ciertas partes inconexas de la producción, sino que es una filosofía de mejora que deben asimilar e interiorizar todos y cada uno de los empleados y directivos de la empresa, fomentando el trabajo en equipo y la creatividad, así como una comunicación vertical fluida y sin tapujos que permita a cada individuo dar lo mejor de si en la empresa. Esto incluye la necesidad de favorecer la conciliación de vida personal, familiar y profesional, y es en definitiva muy interesante, pues pretende alejarse del quietismo y dedicar una buena parte de los recursos de la empresa al análisis de los defectos del proceso y la búsqueda de soluciones creativas. Esto nos lleva a una cualidad que debe ser de las primeras en interiorizarse, la humildad individual, cada trabajador debe ser capaz de aceptar las críticas constructivas y favorecer la solución al problema productivo o conflicto. Para conocer a fondo la filosofía KaiZen son recomendables los libros del autor, cuyos títulos dan una variedad de enfoque al respecto de esta filosofía, desde su principios a su aplicación práctica. A pesar de ser esta mi recomendación a los interesados, dejo también aquí un link bastante esclarecedor: Filosofía Kaizen 

Sin embargo, en mi aproximación a esta filosofía, me es inevitable, a pesar de todas sus virtudes, destacar sus inconvenientes, que en mi opinión se centran en la dificil práctica de esta fuera de su cultura de origen, y en su falta de compromiso social de la figura de la empresa:

Por un lado, al introducirnos en el Kaizen, pronto advertiremos que la cultura japonesa está muy patente en su forma, y que como sus caracteres destacan, esta relacionada con la filosofía zen. Esto hace que, aun siendo una filosofía para la eficacia, tan típica en la cultura nipona, su aplicación exportada sea complicada, pues en culturas muy distantes la adaptación de estos principios las desvirtuan por completo, haciendo que el esfuerzo en aplicarla pueda dejar de ser rentable.

Sin embargo, por otro lado, y aquí recae,en mi opinión, la crítica mas importante: El principal problema es, como el de otras filosofías de empresa y de gestiones al uso, la no percepción de la empresa como institución social que tiene responsabilidades. Es cierto que la filosofía KaiZen aboga por una mejora de las condiciones del trabajador, así como por su implicación en la labor productiva y directiva, en cuanto a la opertura que da a las nuevas ideas desde todos los estratos de la organización, pero en cualqueir caso, la mejora que supone es la de tratar al trabajador, a la persona, ya no como mero medio productivo, sino como lo que llamariamos un fin intermedio, es decir, un fin, solo en la medida en que también es un medio. Lo que quiero expresar en este sentido es que el interes por esta actitud con el trabajador, la posibilitación de una comunicación vertical fluida y sincera, la conciliación familiar etc … se hacen con el fin ultimo de afilar la eficacia empresarial, teniendo en cuenta las necesidades estrictas del consumidor, a quien también debe escucharse desde el mismo momento de diseño de cualquier producto y proceso productivo. Pero hasta aquí parece llegar la responsabilidad social de la empresa, al buen trato del trabajador en su propio beneficio, acompañado de una producción que no intenta vender su producto, sino que intenta crear productos que la gente necesita. Es inevitable apreciar un gran y positivo cambio en lo que esto significa, sin embargo creo que la responsabilidad de la empresa va mas allá.

Desde el momento en que los modelos económico-productivos a nivel mundial hacen de lugar de trabajo algo a lo que obligatoriamente las personas deben someterse, adquieren la responsabilidad de ofrecer, no solo la posibilidad de orientar la realización personal del trabajador a través de su labor, sino la de dar al trabajador la libertad y posibilidad de realizarse libremente. Esto da como resultado la necesidad de que la empresa asuma dos finalidades, la sustentación de todos sus empleados a través del proceso productivo y la venta de su producto, responsable y coherente con las necesidades del mercado, por un lado, y la educación y potenciación de las capacidades de sus empleados escogidas por ellos libremente, haciendo que el compromiso sea fuerte y voluntario. El problema es que esta actitud empresarial sería loable pero inocente si solo la adquiriesen algunas empresas, de manera que esta mejora debería alcanzar a todos los sistemas productivos para que el mundo empresarial sea el mas cercano al mundo humano de las inquietudes, que permita saltar de empresa en empresa persiguiéndose a uno mismo, y que el trabajador, educado también en esta forma, de siempre lo mejor de si mismo.

Y bueno, hasta aquí esta introducción crítica, que he de admitir inmadura e idealista, y que ilusamente aspiraría a catapultar a la empresa hacía un rol social comprometido, y no como el actual, que se autopercibe como el de un ente social que debe velar únicamente por la micro-sociedad que alberga.

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