Cotorra libre soy

Es quizá en una conversación circunstancial con conocidos lejanos, o escuchando obligado una conversación ajena o comentario a espaldas, mientras trabajo o paseo, cuando constato que, vayas donde vayas, encuentras gente que todo lo sabe, de todo opina, y a todos aconseja que hacer, aun sin que nadie le haya pedido consejo alguno. Ante esto me pregunto donde ha quedado la virtud de la prudencia, donde perdimos el norte, buscando un camino entre la expresión libre y un individualismo radical, este último el cual, con el tiempo se me está revelando como enemigo del “buen vivir”.

Estas personas han abandonado por completo la prudencia, opinan sobre política o sociedad, sobre tal o cual personaje público, o sobre el compañero de al lado, arrojando al mundo información privada previo análisis, crítica y conclusión precedida de un sonoro: “lo que debería hacer es …”, y me encuentro algo sorprendido al darme cuenta de que aun sin que me ataña, me molesta.

Esto se ha exponenciado en las redes sociales, la opinión de todos va y viene por Internet, porque la revolución que ha surgido es precisamente la de dar voz a todo el mundo, sin embargo, no todo el mundo tiene algo que decir. Yo mismo estoy quizá contradiciendome, y quizá alguien piense al leer esto: “para decir esto mejor callarse”, y puede que tenga razón, pero también puede que no. A esta molestia que me provoca la opinión arrojada en la calle sin prudencia – sabiendo o sin saber (habría que ver que es “saber de algo”) , atañiendo al interlocutor o no, y en definitiva por mera fisgonería y banalidad en muchos casos – y ante estas actitudes de “porteras y cotorras”, la sabiduría popular social ha dado respuesta, normalmente una actitud esquiva y la exclusión de los círculos personales de confianza de estos sujetos.

Pero cuando volvemos a Internet, cuando volvemos al agora mundial donde todos opinamos como porteras y cotorras, cuando la prudencia no limita lo que alguien desea comunicar, la abrumadora cantidad de información fundida entre opiniones, y de opiniones a voz en grito, nos hace diluir tanto los criterios que al final nada queda, y ya no se escucha a aquel que antes, social y consensuadamente reconocido para tal efecto (si alguna vez hubo de esto), opinaba de manera crítica, abierta y no dogmática, consiguiendo que la gente, independientemente de que se estuviese de acuerdo o no, disfrutara desgranando sus argumentos y reflexionando. Sin embargo, el comentado e ingente exceso de opiniones termina por encerrarnos en nuestro propio criterio pre-juicioso, impide que nos comuniquemos realmente, que los debates tengan la posibilidad de cambiar la opinión del otro. Los adultos nos volvemos herméticos ante el prejuicio padre de que todo el mundo dice tonterías, y el problema de los prejuicios, como no, es que normalmente tienen una base real, y es que, como decía, no todo el mundo tiene algo que decir, aunque desde luego, nadie tiene el derecho a decidir que es o no publicado en un mundo libre, en un ciberespacio libre. Así que aquí nos hallamos, en la encrucijada entre una libertad que defendemos y necesitamos, por la cual vehiculamos la expresión de nuestro ser, y la cara oscura de la misma, que nos está haciendo cada vez menos libres, pues nos hayamos encerrados e inmóviles en nuestra mente.

Como filósofo, no me compete a mi dar soluciones, aquí presento el problema, y al azar reflexivo dejo el “progreso” de la libertad de expresión, que hoy en día es mas bien libertad para decir gilipolleces.

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2 responses to “Cotorra libre soy

  • Nodea

    Creo que te has olvidado que uno escucha si quiere, la prudencia no está sólo en la emisión, también en la recepción, y sobretodo en “hacer caso o no” Tal vez para ti haya algunos que “no tengan nada que decir”, pero para otros sí, porque precisamente hay distintos niveles, y no se puede criticar, porque lo que para ti es obvio e innecesario, para otro no lo es. Es primordial saber esto, porque no todos basan su vida en la reflexión, y no todos ya saben lo que tú sabes, así que se conforman con respuestas vagas, superfluas….pero es acorde a su “nivel”

    • Beijabar

      Es el tema, nadie puede poner un criterio, sería injusto y por supuesto nadie desearía eso, pero el problema que yo destaco es precisamente ese filtro que tenemos. Filtrar se convierte en una costumbre, y como el porcentaje de opiniones que no te interesan por su base es alto, finalmente terminas por no ser susceptible a casi ninguna opinión, y el aprendizaje espontaneo se detiene, interiorizándonos y anteponiendo siempre nuestro criterio. Ante tantas opiniones y tanto trabajo que cuesta el filtrar y desgranar, se termina por no hacerlo y las opiniones personales no evolucionan. ¿No crees que pueda pasar? Aun con todo, no crítico yo la libre opinión en internet, la ejerzo yo mismo y me parece un gran avance, pero aprecio que aparece progresivamente una cara oculta relacionada con la llamada “infoxicación”.

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