¿Porqué contamos / escribimos historias?

Históricamente, el hombre ha introducido una forma de comunicación mas allá del dialogo directo, es la narración; los cuentos, las leyendas, epopeyas y canciones, que cuentan gestas, amores o intrigas, que son una forma de comunicación asociada herméticamente al hombre en sociedad, y que tiene su forma mas moderna en el mal llamado genero novela. Tenemos la sospecha de que esta forma de comunicación es necesaria en la medida en que hay contenidos de la experiencia temporal y espacial de la vida, solo expresables por medio de la narración debido a su complejidad. Es la cuestión del porqué contamos historias.

El filósofo americano Hyden White define: “La narración es un sistema muy efectivo de producción de significados discursivos, un sistema mediante el cual puede enseñares a las personas a vivir una relación imaginaria con sus condiciones de vida reales, una relación irreal pero válida con las formaciones sociales en las que esta inmersa, esto explica la universalidad del discurso narrativo como hecho cultural”

Para este autor, la narración amplifica la conciencia, sensibilidad y percepción de la ética ante la experiencia cotidiana. La naturaleza de la narración, es suscitar la reflexión sobre la naturaleza misma de la cultura y la humanidad. Y es que en el relato, los personajes relatan sus deseos, elecciones, errores y dudas, hablamos aquí de acciones y sujetos irreductiblemente particulares, de tal manera que aun siendo entes ficcionales, son en muchas ocasiones posibles y marcados por la época de creación, haciendo posible la conexión empática con el lector u oyente de toda narración.

La narración, según C.S. Lewis en “La experiencia de leer”, nos permite ver una diversidad de enfoques sobre las cuestiones, nos permite imaginar mundos posibles, conseguimos así ver por otros ojos, nos permite acceder a experiencias distintas de las propias, y por tanto ser mas conscientes del mundo y su subjetividad, pues inevitablemente se crea con los personajes de una narración un vinculo empático, que puede ser de identificación, cercanía, rechazo o extrañeza, y que sin duda abre nuestras mira y nos permite sentir de otra manera en nuestra vida, y afrontarla de manera diferente.

J.G. de Biedma dirá que el relato no enuncia verdades, enuncia las condiciones dentro de las cuales es verdadero algo intuido sinceramente por nosotros, pero el desarrollo de la conciencia ha parcelado la realidad en un sentido muy amplio, en campos con alambradas, por ello distinguimos entre ideas, sentimientos y sensaciones, sin embargo la narración aspira a afectar nuestra sensibilidad compleja, aboliendo estas alambradas de la vida práctica.

J.P. Sartre – entendiendo al hombre como el núcleo del relato – dirá que cada hombre quiere narrar o escribir para dar algún sentido a lo que experimenta. Cada hombre es un narrador potencial de si mismo.

“El relato es, ante todo, el retrato complejo del hombre haciéndose a si mismo, el retrato del hombre en acción.”

Ante estas líneas de Sartre, Albert Camus hace una pequeña corrección o puntualización: “Un hombre es la suma de sus actos, de los que ha hecho y de los que puede hacer, por lo que la creación, la labor de narrador, de escritor, debe ser entendida también como dar forma al destino propio”

La narración está asociada con un ejercicio intelectual, la posibilidad de descripción sintética y simultanea de los aspectos más contradictorios de la vida propia y social. El relato crea lazos afectivos, no meramente intelectuales, lo que nos lleva a mirar la realidad, a actuar, de otra manera, bajo un tratamiento unificado de la sensibilidad. La narración ayuda a vivir la propia vida ampliando nuestro universo, imaginando otras maneras de organizarlo, abriendo hasta el infinito la posibilidad de interactuar con nosotros mismos o con los otros. Todorov dirá además, que la narración da forma a los sentimientos, potencia la imaginación positiva de situaciones y estimula la tolerancia, fomentando la multiperspectividad y en consecuencia la reflexión crítica.

El gran problema de las narraciones es que no se encuentran, al ser leídas, con un yo constituido, la identidad es cambiante, de manera que los relatos son capaces de poner en crisis la imagen previa que los sujetos tienen de si mismo.

Citando a Milan Kundera: “Aprendemos de las novelas cosas muy diversas de nosotros mismos, no solo al imaginar otros puntos de vista, como en el caso del perspectivismo expuesto por Todorov o Lewis, sino que el personaje no es simulacro de un ser viviente, es un ser imaginario, un ego experimental que completa de forma diversa la imaginación del lector”

Es por esto que las narraciones inauguran, más bien introducen y destapan, dos cuestiones sobre las que afectan y entre las que se encuentran entretejidas:

– La cuestión de la necesidad de la narración para la autoconciencia personal.
– La cuestión de que la narración pone en crisis el concepto superficial de la identidad personal.

Cuestiones muy interesantes para se desarrolladas posteriormente.

Entrada basada en Investigación Docente de Estética  2010-2011 – Prof. J.V. Selma (Universidad de Valencia, Facultad Filosofía y Ciencias de la Educación)

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