Lo bueno de la muerte.

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En algún momento de la juventud, la idea de la muerte entra en tu mente como un elefante en una cacharrería. La vida transcurre, normalmente a estas edades, entre problemas que requieren atención inmediata, amigos y fiestas a los que quieres dar dedicación exclusiva, estudios o trabajos de prioridad relativa y parejas que consiguen hacerte sonreír a la vez que embotan tu cabeza cual vino peleón. El ritmo de vida, de trabajo, de actividades, es alto; caminas por la calle con una sensación, una intuición de seguridad, algo que bajo mi experiencia cabría clasificar prácticamente de “biológico”, algo innato: la vida se presenta larga y provechosa, llena de oportunidades, aun por definir, digna de esfuerzos titánicos y de nobles causas por las que llorar, llena de pensamientos a diez, veinte y cincuenta años vista, miradas a un futuro aparentemente asegurado en una imagen mental que aprieta con fuerza la mano de la opulencia burguesa; la expectación del sufrimiento y la muerte, por otra parte, sea en los medios, en la calle, en tus viajes … no son para ti. Tienes un presentimiento, eres especial: tú no morirás en un accidente de tráfico, ni de un disparo, no sufrirás cáncer a una edad madura y tu memoria no se deshará, al llegar la vejez, como un terrón de azúcar al entrar en una taza de poleo. Tu vida será interesante, emocionante hasta cierto punto, después calmada, siempre en tus manos y presta a responder a tus golpes de timón. Es lo menos para alguien como tu, eres fuerte y formado, alguien que puede decidir donde quiere ir, que quiere hacer, y como moldear el resto de su vida según unas ideas que, sin saber como han llegado ahí, parecen lo que siempre has deseado. Sin embargo, todo cambia el día en que la muerte ocupa un lugar en tu cabeza,  y surgiendo durante los pensamientos mas dispares, tu mente empieza a verla como una posibilidad.

Cuando esto ocurre, te encuentras desubicado durante un tiempo, progresivamente la idea de la muerte se cuela en tu mente, con la edad, imagino, y te aterra. Empiezas a pensar en ella, te preguntas como será, intentas imaginarla sin acercarte a la verdad, acompañado por un vértigo inigualable, el del destino inexorable, pues si hay un destino común, es morir. El timón de tu mente y tus brazos remeros empiezan a parecer una fuerza que, aunque a tener en cuenta, es nada contra el mar del devenir. Empiezas a pensar en la muerte como un final aceptablemente aterrador, y  en la vida incontrolable como en una oportunidad de ser feliz: los problemas empiezan requieren una atención menos inmediata, salvo el problema de intentar no tener problemas contigo mismo, y el miedo a la muerte te espolea de una manera que no ha conseguido ningún idealismo, aunque quizá esta sensación sea el único idealismo.

Con el tiempo, aprender a convivir con la posibilidad de la muerte, propia y ajena, ocupa buena parte de tus momentos de reflexión, y ¡que gesta!, una utopía, una labor subyacente a la vida de carácter casi biológico, quizá un saber bajo, quizá un existencialismo experiencial, quizá una ontología vibrante y una metafísica aplastante y cruel. Y así es, que progresivamente lo ves claro, vivir no es vivir, vivir es el esfuerzo de convivir contigo mismo, y hay que reconocer que es un proyecto inigualablemente interesante y llamativo, oscuro en algunos sitios, pero que llama a la aventura como ninguna ficción, y pareciese que la vida continua, pero su sabor ha cambiado, sigue gustándote, quizá mas, pero este es sin duda mas agrio, punzante, y te sientes agradecido por un sufrimiento latente, un terrorífico látigo dorado y negro que no te deja caer, y entonces vives tu vida racional como un animal, y mueves la cola, dando gracias a la muerte y a la imaginación, porque la imaginación, ese oscuro y brillante núcleo del ser humano, da vida a todo lo que eres en una fugacidad cruel y aliviadora al mismo tiempo.

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15 responses to “Lo bueno de la muerte.

  • Nodea

    Yo los pocos recuerdos que mantengo de mi infancia se suelen asemejar a pensamientos existenciales. Cuando tenía alrededor de 6 años, me di cuenta de que iba a morir. Yo no tuve una educación religiosa, no me inculcaron ningún pensamiento, y lo que vi fue la nada. Me puse a llorar, le pregunté a mi madre si me iba a morir. No podía entenderlo, ¿por qué vivimos si vamos a morir? Creo que fue una experiencia demasiado temprana.

    Luego a lo largo de mi vida a veces si tendí a creer en el más allá, pero no lo mantenía por mucho tiempo. Al final me he quedado con la necesidad de no existir para promover la vida intensa. A mi no me da miedo la muerte, lo que me da miedo es morirme sin alcanzar lo que quiero. Lo único que me angustia algunas noches es pensar que vivo y voy a morir sin cumplir mis deseos. Pienso, “ya que voy a morir, al menos morir con tu mano”.

    Hay algunas personas que caen en el nihilismo y en la quietud precisamente porque van a morir y lo saben. Creo que es algo grave, porque ya que vamos a morir, mejor morir habiendo vivido lo mejor posible.

  • marionaral

    ¿qué más da haberse muerto sin conseguir lo que se quería? No habrá un “tú” que pueda lamentarse por ello, jaja.

    “La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos” (atribuida a varias personas, así que mejor dejo la autoría en blanco).

    A mí lo que siempre me ha llamado la atención de la muerte es que la mayoría de personas parecen vivir como si no existiera, como dice Berto al principio del post.

  • Nodea

    Pero ahora me importa, no puedo regirme en “voy a estar muerto y poco importa lo que consiga”. Lo que suceda cuando esté muerto sólo me interesará cuando esté muerto (si es que hay algo), igual que lo que suceda en mi vida me importará sólo estando vivo.

    Hay cosas más horribles que la muerte. Hay mucha belleza en la muerte:

  • Xrod

    La muerte…esa palabra que todo el mundo sabe su significado, unos pocos lo entienden y otros tantos hacen como si no existiera. Efectivamente comparto que uno empieza a entender la muerte cuando piensa que puede morir, tal y como tú dices, pero discrepo en verla como algo aterrador.
    La vida puede ser muerte y la muerte vida y ya me entiendes…en este aspecto existen múltiples puntos de vista difíciles de generalizar… Para mí la vida es un paso con un significado, un objetivo, hasta quizás una meta; también es una búsqueda. Cada uno tiene que buscar sus respuestas por más que haya muchas a disposición nuestra.
    La muerte no me aterra, debería hacerlo? No sé lo que es, ni lo he sentido, no sé si duele o da placer; no tengo razones para tenerle miedo, tampoco para quererla, lo único que sé es que llegará, es algo lógico, obvio, nacemos para morir; no le busquemos un significado, es así y es así. Es una parte más de la vida no es un punto y final, es un punto y seguido.
    Muy bueno el escrito, da que pensar y que reflexionar, espero que de mas que hablar.

  • marionaral

    Ya, Nodea, entonces si te diagnostican un cáncer terminal y te dan 6 meses de vida, ¿te amargarás esos 6 meses al ser consciente de todas las cosas que no habrás podido hacer? Las personas nos caracterizamos por el dinamismo, la actividad…pero no sólo por eso, ¿no? ¿O sí?

  • Nodea

    De hecho es algo que pienso de vez en cuando, y creo que no podría soportarlo. Seguramente se me iría la olla, yo tengo algo que hacer todavía, y si fuese inevitable…. A saber, pero seguramente me amargaría.

    No solo es la actividad, pero las personas tenemos por lo general objetivos con más prioridad que otros, y si no se alcanzasen…. sería horrible. Es un tema que me deprime bastante la verdad

  • Beijabar

    Muchas gracias por los coments, lo cierto es que la muerte es percibida por todos de maneras muy diferentes, este texto es solo una percepción personal de la integración de la idea en la vida, que ciertamente trae respuestas muy variadas. Lo único que gustaría en explicar es el porqué la temo: Por un lado es una consecuencia práctica deducible – no se como es la muerte, pero en cualquier caso estará ahí cuando me muera, así que intentaré retrasarlo todo lo posible para ver que me depara la vida, y algo que retraso todo lo posible, debe ser algo que temo inconscientemente. En segundo lugar, hacer el esfuerzo de imaginarme la muerte me trae ese vértigo inigualable que describía.

    Una cuestión que me surge es la de que, posiblemente, dependiendo de nuestras ideas religiosas, ontológicas o metafísicas con respecto a la muerte, hayamos desarrollado formas diferentes de entenderla y aceptarla.

    Cita: “Los dioses del Disco nunca se han preocupado mucho de juzgar las almas de los muertos, así que la gente sólo va al infierno si es allí donde creen, en su fuero más interno, que merecen ir. Lo cual no creerán si no lo conocen. Esto explica por qué es tan importante disparar a los misioneros nada más verlos.”

    — Terry Pratchett, Eric.

  • marionaral

    Nodea, pues quizá deberías hacerte un replanteamiento vital, porque si no, como dices, quizá te vuelvas loco. Mira, por ejemplo, yo enfermé con 14 años, y es algo crónico que me ha limitado y me limita bastante, he de pasar mucho tiempo en cama. Muchas veces me deprimo pensando en todas las cosas que no podré hacer, y sí, la la actividad es esencial en la vida del hombre. ¿qué hacer entonces cuando llega la enfermedad, o la frustración o los contratiempos de la vida? Digo yo que habrá de consistir en algo más una “vida lograda”, dado q hay gente q ha hecho muchas cosas en su vida y se deprime, y otros que quizá están muy impedidos o llevan vidas muy simples y se sienten felices y tranquilos.

  • Nodea

    Bueno, yo no soy una persona ambiciosa. De hecho, la mayoría de cosas que busca la gente yo las ignoro, pero es bueno tener deseos, y tampoco creo que sea un deseo demasiado exigente. No es cuestión de estar siempre activo, es cuestión de que lo que hagas te sirva y lo disfrutes. A veces pienso que si tuviese lo que deseo disfrutaría más, y que el fin último existencial es experimentarlo. Morir sin experimentarlo me parece triste, pues ser arrojado aquí sin proposito es el principal motivo para buscar uno, y si ese no lo logras es como si la vida hubiese estado más vacía. Soy una persona un poco perturbada, y de hecho suelo pensar todo este tipo de cosas a menudo.

  • marionaral

    ¿y no se te hace raro que busquemos propósitos? Es decir, que tengamos una naturaleza abierta, sin definir…los animales se limitan a seguir sus instintos, y desde que nacen son lo que son: un perro sólo ha de hacer lo que hace un perro. ¿por qué en los hombres es diferente? ¿No se te hace raro? ¿Por qué no hay animales con problemas existenciales? Yo muchas veces he pensado que es una especie de “sobrevolución” que se llega a poner en nuestra contra, como un león que desarrollara unos colmillos tan grandes que le impidieran al final caminar, ¿al hacernos ese tipo de preguntas estamos haciendo un uso sobredimensionado de nuestra inteigencia? Por lo visto Schopenhauer pensaba que la fe era como una facultad sin “objeto”, como si tuviéramos vista y viviéramos en un mundo donde no existiera la luz, o como tener oido en un mundo sin “ondas auditivias”. ¿Tú qué opinas?

  • Nodea

    Tal vez no sirva en el fondo para nada, pero a mi me sirve para mi propio disfrute. Me gusta como soy, me gusta ser reflexivo…… Que sirva o no es otra cosa, pero las grandes obras de la literatura están repletas de ese carácter. Hay gente que no es así, pero no hay nada mejor que otra cosa (al menos objetivamente). Para mi es importante la reflexión, la abstracción, la introspección, la contemplación…… Yo sin esas cosas no soy nada xD Sirven para ser lo que soy, y estoy orgulloso de ser lo que soy, no creo que tengamos que buscarle otra utilidad. Todo ello al ser

  • Beijabar

    Quizá nuestro sentido sea, en gran parte, cuestionarnos a nosotros mismos. Puede sonar estúpido, pero creo que merece al menos una reflexión al respecto.

  • marionaral

    Ay, yo no dije que fuera algo menospreciable, de hecho estoy estudiando doctorado en filosofía a tiempo completo, jeje. Cuando acabe habré dedicado 7 años sólo a este asunto! Sólo digo que nuestra tipo de naturaleza abierta me sorprende mucho. Se le puede ver desde un punto de vista “negativo”, como el que expuse. Pero creo que ese punto de vista sería reduccionista, porque sólo contemplaría nuestra inteligencia como una herramienta para la supervivencia. Sin embargo, no estamos hechos sólo para la supervivencia, dado que teniendo todas las necesidades físicas cubiertas, estamos aquí reflexionando y deseando con todas nuestras fuerzas obtener respuestas. Es más, podría decirse que alguien podría vivir en condiciones muy precarias pero sentirse feliz y completo por haberle encontrado un sentido a su existencia. Y hay gente que lo contrario: lo tiene todo, pero su angustia existencial le lleva a la depresión e incluso a un proceso autodestructivo (p.ej:, Amy Winehouse). Eso hace que todas las explicaciones reduccionistas-evolucionistas que suelen darse de nuestra naturaleza humana me parezcan muy insuficientes. Me refiero al tipo de argumento “sólo somos un conjunto de moléculas”, “en realidad los sentimientos son sólo una serie de alteraciones de no se qué área cerebral”. No son afirmaciones falsas, pero si son muuuuy incompletas.
    Mira por ejemplo la frase de Berto, que se cuestiona acerca del sentido: ¿qué animal busca un sentido? La misma existencia de algo así como “sentido” es sorprendente, y ya no me refiero al “sentido de la vida”, sino en general al fenómeno de interpretación y comunicación. Realmente somos seres muy complejos y sorprendentes, ¿no?

  • Nodea

    A mi tampoco me convencen los reduccionismos actuales o los dualismos. Yo pese a ser agnóstico y muy escéptico, me gusta decir: “Pinto mi cuadro”. Me aburre la gente que solo puede aludir a la ciencia o a la religión. Me encanta cuando existen esos “artistas” de la vida que dan sus propias interpretaciones y sentimientos, aunque no parezcan convincentes, al menos son preciosos.

  • marionaral

    Bueno, y no sólo los artistas, la antropología da para muchísimo, y creo que algunas de las conclusiones a las que se llega pueden incluso adquirir la categoría de “conocimiento”, sin limitarse al argumento “científico-positivo” o al de “fe”, como tú bien dices.

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