Sobre el humor y la risa V – Mark Twain y el sentido trágico del humor.

Aquí tenéis la penúltima entrega de entradas sobre el humor, la risa, su historia y naturaleza bajo un análisis crítico y subjetivo. Esta vez trata de exponer la concepción moderna del humor, aunando su naturaleza ya expuesta históricamente, en la literatura del genio Mark Twain (seudónimo).

Mark Twain es una figura de gran importancia en la literatura del siglo XIX y XX, y que además guarda rasgos que lo hacen especialmente interesante para este estudio. La figura del escritor norteamericano está colmada de adulaciones a su prosa, gozaba en su contemporaneidad del reconocimiento de los excelentistas “brahmines” literarios de Nueva Inglaterra, y en cuanto a su progresiva escala en el mundo de la literatura, pronto también con absoluta libertad editorial, esto hace que a través de sus textos publicados podamos retratar un análisis de su humor y finalidad relativamente fiel.

Samuel Clemens, el verdadero nombre que es esconde tras el pseudónimo de Mark Twain,  hacía sin duda uso de un humor ingenioso en su literatura, pero se puede apreciar claramente un hastío por la estupidez humana en las formas de éste, contra la que expresaba su desdén. Su risa y humor eran, como suele decirse, por no llorar, y en su visión del mundo se escondía siempre entre las carcajadas la desesperación y la angustia, una angustia que le acompañó toda la vida y que le mostraba la estupidez humana, una y otra vez, en la opinión publica de su literatura: Aun contando con el beneplácito editorial que le daba libertad, los prejuicios y la inercia del discurso del pensamiento y la literatura epocal arrebataban la opción de crecimiento en las interpretaciones de sus obras, la cultura oscurecía todos los posibles mensajes de sus obras, y el seguía de manera encubierta riendo de la estupidez humana.  El autor norteamericano fue siempre amante del oeste, donde se crió, y retrata en sus obras este ambiente de manera magistral, incluyendo una mordaz replica al publico al que iba dirigido: el este y en especial Nueva Inglaterra, donde los literatos se movían en una suerte de prejuicios contra el oeste bárbaro y salvaje, y una envidia a la sofisticada y luminosa Europa. Esta estupidez prejuiciosa e hipócrita era objeto de fina y burlesca crítica por su parte, que hacía de las obras que tanto encandilaban al este norteamericano una carcajada a sus espaldas, giradas voluntariamente por sus prejuicios. Se alza aquí el ejemplo vivo en Samuel Clemens del “historion”, concepto que describe al disfrazado Mark Twain, que interpreta la comedia y la tragedia encubiertas mutuamente con maestría.

Una de las características, que por otra parte y en opinión personal, demuestran una inteligencia viva y afilada, era que Mark Twain era sin duda, un improvisador nato: en sus comienzos su escritura venía improvisada con una suerte de estilo sincero y en el que había más de su personalidad que de teoría literaria, y sus obras fricciónales tenían gran influencia de su vida, además de haber escrito multitud de crónicas de viaje en su juventud. En cualquier caso no es extraño haber podido leer en uno de sus últimos ensayos la siguiente cita:

“Una y otra vez he pagado las consecuencias, a veces muy amargamente, por haber actuado primero y reflexionado después. Pero atormentarme con esta convicción no me ha servido de nada. Todavía ahora actúo como me impulsan a hacerlo el temperamento y la circunstancias, y tan solo más tarde reflexiono sobre ello”

En el chiste hay siempre huellas conscientes e inconscientes, porque aun en la finalidad intencional pura del humor, la risa, se esconde siempre una angustia ante la irremediable estupidez humana, aquella angustia de ver que nadie entiende la subjetividad y su soledad, la relatividad de todo en un mundo a la deriva, y la aceptación de esto con resignación. Consideramos que esta visión del mundo es fruto de la multitud de viajes que realizó el autor a lo largo de su vida junto a su hermano Orión, recorriendo parte de Suramérica, toda la costa este de Norteamérica en una interesante búsqueda de la fortuna, el retrato de los buscadores de oro en Nevada, y por supuesto su viaje a Europa y Asia Central.

Pronto algunos críticos empiezan a entender algo más a Twain y ven en su humor literario una sagaz crítica de importante transcendencia. En “Las aventuras de Tom Sawyer” o “Huckleberry Finn”, obras de las más famosas en su repertorio, se ve claramente la influencia de su realidad e infancia en el oeste, pasada en el pueblo de Hannibal, Connecticut. Y resulta a través de estas historias, de risueña aventura, bastante clara la intención de retratar un oeste, irónicamente como tosco y bárbaro, que en parte lo era, pero intentando dotar a sus personajes de una humanidad sintiente que intenta diluir de manera magistral los prejuicios del este sobre su hogar en la frontera. Otra obra caracteristica es “Un Yankie de Connecticut en la corte del Rey Arturo”. Donde retrata la contraposición entre al América epocal y la cultura europea en clave de humor, por supuesto en América surgieron rápidamente interpretaciones miopes y patriotescas ante una angustia vital que Twain reviste con una cáscara de humor, caracterizada como una ingenuidad americana casi pretendidamente virgen, que deja translucir la que considera la fuente del humor, el dolor en exclusividad.

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