Sobre el humor y la risa IV – El carnaval

Con la ayuda de otro gran historiador francés, Aron Gurevich, presentamos ahora una crítica sobre los estudios hechos por Bakhtin sobre el carnaval, fenómeno ubicado entre finales de la edad media y renacimiento, en una concepción tradicional, que aunque acertada, deja muchos aspectos críticos en el tintero que Gurevich trata de sacar a la luz. Ya falta menos para terminar de exponer este ensayo sobre el humor y la risa, que aunque de tema interesante es algo pesado para bloggear, solo dos entregas mas, una de ellas las conclusiones. Vamos a ello:

Bakhtin y el carnaval medieval

Aron Gurevich nos presenta una perspectiva crítica de los estudios de Bakhtin sobre el carnaval, añadiendo perspectivas y fuentes que no recoge el pensador ruso en la primera mitad del siglo XX.

Analizando el ensayo de Bakhtin sobre el carnaval en la edad media y el renacimiento en el contexto del humor, observamos que Bakhtin enuncia la cultura renacentista como la de la risa y el humor en su clamor popular. Cuando lleva cavo su trabajo, la cultura popular no era my considerada por los historiadores, de ahí que sus ensayos sean de especial importancia para este trabajo, al posar su atención en la concepción cotidiana, en los detalles de la vida diaria.

Que se hable de una cultura de la risa en el Renacimiento contrasta sobremanera con la sombría imagen que los historiadores nos dejan al respecto en la edad media, por tanto es remarcable este estudio como umbral en la historia del humor, intentaremos profundizar algo más.

En la edad media, imperaba el gravitas, por la influencia eclesiástica y principalmente en la sociedad docta de los estratos más altos, sin embargo, el humor popular se desarrollaba en subterfugio para los cronistas e historiadores, desembocando en  la cultura carnavalesca. Bakhtin describe el carnaval como un fenómeno persistente de lejanos orígenes, en cuanto a una conexión pretendida con las antiguas Saturnales y Bacanales, como la evolución de las festividades de exclusión temporal del orden social que ya se celebraban en la Grecia clásica y la antigua Roma, sin embargo, y aquí comienzan las interesantes consideraciones críticas de Gurevich, en sus estudios Bakhtin no incluía la influencia religiosa en la cultura carnavalesca, como si esta fuese de origen espontáneo y liberador, sin embargo la cuestión parece algo más complicada.

Más allá de la concepción carnavalesca como  un fenómeno de la cultura popular libre, que constituya una fiesta en la que los sentimientos populares se encontraban libres de obstáculos para ser expresados, el carnaval como festividad anual, que aunque parecida a otras, tenía un carácter propio, distaba en forma según el momento y el lugar, como expresión y a la vez influencia de la cultura no solo popular, y que incluida no solo festejo y risa, sino también crueldad y odio.

Había en el carnaval elementos latentes de lucha y revuelta, en la historia real, la risa y la alegría venían unidas al odio y al miedo. A pesar de las conexiones comentadas de la festividad con otras más antiguas, el carnaval con las implicaciones sentimentales descritas se puede considerar de nacimiento exclusivo a finales dela Edad Media, Gurevich la ubica a finales el S. XIII, principios del XIV. Si se estudia la cultura medieval se puede observar que uno de los principales aspectos era el miedo, un miedo intenso ligado a la idea del infierno tras la muerte, por ello podemos constatar que en la cultura popular coexistían el humor y la risa con el miedo, de ahí podemos desprender precisamente que el miedo era psicológicamente compensado con mascaras de felicidad y risa, de alegría tragicómica.

En la idea del carnaval residía pues la idea de la reversión y huida de la realidad, de la subversión del oren  social y religioso al que se sometía la cultura popular fuera de la festiva excepción, sin embargo, el espíritu del carnaval durmiente en el imaginario popular que no tenía tan polarizado el bien y el mal, el cielo y el infierno, tan definido como en la cultura oficial, era producto de la experiencia cotidiana de la religiosidad personal y social. Por tanto podemos concluir que la religiosidad oficial tan presente en los principales estudios históricos tenia una diversidad de enfoques y perspectivas culturales y personales en la interpretación del pueblo llano, que se asemejaba  a una cultura de la superstición, y la praxis del orden social religioso quedaba así progresivamente relativizada, en conexión con la idea carnavalesca , en el colectivo popular con una cantidad incalculable de interpretaciones que liberaba de aluna forma las ataduras del pensamiento erudito.

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