Sobre el humor y la risa II – El humor en el Imperio Romano

Seguimos con el ensayo sobre el humor y la risa, en esta ocasión centrandonos en su concepción histórica occidental durante el imperio Romano, describo algo con respecto a obras teatrales con base en diferentes autores de la época, pero sin duda aquí el protagonista aboluto es Cicerón,  y la teoría sobre el humor expuesta por el jurista, en la que podemos apreciar trazos elaborados e inteligentes pero también un poder infiltrado modernamente críticable. Allá vamos:

El humor y la risa en al Roma clásica

El humor que se desarrolla en la Roma clásica, es el máximo exponente y heredero del considerado ingenioso en la antigua Grecia, heredada de esta y su aristocracia. Fue amplificada en este proceso, la importancia del ingenio como parte de la retórica y la oratoria de los aristócratas y gobernantes romanos, afinándola y afilándola aun mas, tal es así como lo expone Cicerón en sus textos al respecto de la cuestión, que son de especial importancia por aunar la experiencia practica, teórica y jurídica, pero que tienen el defecto historiográfico de no centrase en los detalles, por suerte algunas otras fuentes arrojaran algo más de luz a la cuestión del humor popular. Es en especial por el progresivo afilado de los comentarios desarrollados en los ejercicios de ingenio humorístico de los que la vida política y económica del imperio hacía gala, que pronto resurge la tendencia de rechazo a un carácter burlesco que había renacido en una sociedad que aunque influida por la griega, había vuelto a extralimitarse, según criterio de prudencia Aristotélico, en el uso del ingenio. Ahora, quizá con la diversificación de influencias en el pensamiento, aparece una escisión teórico práctica de la cuestión, respecto a los que apoyan el uso prudente y los que defienden el humor tosco, aunque la cuestión no es realmente tan fácil y se complica:

Cicerón intenta explicitar en su obra unos limites del humor en la practica, siguiendo el criterio de, por un lado, lo conveniente, entre lo que se incluye aquello considerado culturalmente elegante, fino e ingenioso, y en contraposición el humor considerado inaceptable, el descrito como “indecoroso para el hombre libre”, descarado e ignominioso. Es en este ultimo aspecto donde se aprecia una influencia del poder, traducido aquí en la aceptada jerarquía social, pues la descripción “indecoroso para el hombre libre” dice, como también han considerado otros estudios, que el humor era tosco o ingenios, mas que por palabras fácilmente relativizables en la retórica como “fino” o “elegante”, por el estrato social al que perteneciese el usuario. Y la asociación del humor burlesco con la ausencia de libertad suponía una coacción ofensivo-social con al que intentar inculcar la valoración del humor. De esta manera el saber vuelve a vehicular un poder aristocrático aun en una cuestión como el humor, que puédese parecer al margen, pero que sirve según conveniencia para calificar a alguien como de inferior categoría, o para elevar un humor tosco a ingenioso.

El humor tosco en esta época se diferenciaba, siguiendo los registros al respecto, por tocar temas inapropiados, según la clasificación de Cicerón: Deformidades corporales, grandes desastres naturales o bélicos, y tragedias. En cuanto a este criterio, aparece por primera vez el termino “payaso”  como aquel que no conoce los limites de la correcta utilización del humor, marcados por la “seriedad y la inteligencia” en palabras del jurista. Aquí por tanto podemos observar una asociación implícita entre el humor ingeniosos o aristocrático, y con la crítica ya construida con respecto a la seriedad, ahora el criterio descrito se torna aun mas evidentemente criticable, si así es deseado: pues teniendo en cuenta que la corrección del uso del humor puede ser relativa a la boca de las que salen las palabras, estas se tornan en tal caso inteligentes. De esta manera el humor parece convertirse, si no lo fue desde el comienzo, en una nueva herramienta para ampliar la diferencia entre las clases sociales. El discurso intenta someter el humor y la risa a un poder, bajo al autoridad de la sabiduría aun culturalmente incuestionable.

Pareciese, al acompañar el nombre de Cicerón las justificaciones y argumentaciones sobre los criterios del humor aquí mentados, que este fuese su interés, y su propia causa, sin embargo Cicerón fue muy criticado a pesar de su ingenioso humor, precisamente por su procedencia provinciana, lo cual rebajaba sus formas a lo tosco según su misma clasificación. El humor de Cicerón es celebre por su ingenio en la historia, precisamente por usarlo en asuntos sociopolíticos y jurídicos, integrándolo en la retórica, puede que desde una posición no lo suficientemente privilegiada como para estar exenta de críticas. La practica hace pues incoherente una teoría, y convirtiendo de nuevo su praxis en algo directamente vinculado al poder ejercido sin tapujos.

Una muestra mas de esta critica evidenciable, que aquí solo de manera personal podría calificarse como falta de coherencia en usos y criterios, es que los payaos, aquellos de risueño ingenio devaluado, eran comúnmente instructores en su campo de los principales oradores de la capital, de aristócratas que deseaban aprender a usar el humor, en todas sus formas, y que por fortuna no se verían ensombrecidos por sus maestros gracias a la jerarquía.

Este humor que se enseñaba a modo sofístico por los payasos, ingenioso y fino para los fines que los aristócratas iban a darles, terminó por  ser esencial para la cortesía, pues permitía decir las cosas tal y como eran pero preservando las formas, no sin hacer gala de cierta malicia. Y era en aquel momento, e inaugurando una  nueva asociación con referencia al orden social, un símbolo de urbanismo. El urbanita era el refinado aristócrata, la asociación queda así clara, y el provinciano, clasificado así por el uso de su humor, era de menor clase social, aunque también la asociación podía ser la inversa según la conveniencia. Aquí se puede observar que la consideración de la dominación era de carácter naturalista, y en ningún caso el capital tenía que ver con la posición social, me resulta interesante por la contraposición a la actualidad, y por la adecuación al retrato cultural que tratamos.

En lo referente a las obras teatrales cómicas, se mantiene un humor que aunque ingenioso sigue introduciendo las temáticas consideradas toscas, superando los limites de la corrección pero presentado en abstracto, y abandonando las temáticas políticas en su gran mayoría para hacer aparecer una nueva tendencia que marcaría el teatro epocal, la de los enredos familiares y amorosos. Los chistes que se utilizan suelen tener una transfondo, encerrado en su ingenio, de crítica a los valores sociales.

Siguiendo con el uso aristocrático, el humor de burla ingenioso, con las críticas a la jerarquía implícita que se desprende de sus usos y formas, se añade una utilidad de exclusión, hay una permisividad hacia las bromas, que evolucionan en la microsociedad aristocrática, precisamente porque fomentan la cohesión y la diferenciación del grupo, pero por el contra hay una condena al humor utilizado como crítica contra el grupo o alguno de sus integrantes, pues aquí se encuentra un peligro claro, en la posibilidad de la debilitación del grupo en su estructura interna y en su autoridad. El humor temido por la aristocracia empieza también a ser utilizado en su beneficio, parece seguir arquetipos de contacto social con las novedades, miedo, rechazo, adecuación y liberación.

El jurista explicita también que la ley romana prohibía en aquel momento, y como tipificación de una influencia en la moral social, la mofa pública aun usando el ingenio de la época, pues mofarse en publico, usando el ingenio o no, de un ciudadano, aristócrata; y para transgredir esto, el humor alcana una nueva cota de sutilidad, se hace menos explícito aun, en cuanto a las asociaciones para representar, sin hacerlo, las cuestiones y personajes públicos. Esta tendencia puede observarse en las comedias de Planto, aunque también la fuerza de la ley y como el humor se desvía a temas más generales, aun en políticas, sin tratar cuestiones concretas. En el imperio es común el humor étnico, no como reproche o burla sino como medio de afirmación de la propia identidad. Plauto presenta en sus obras un humor más tosco que el de la aristocracia, sin embargo solo queda autorizado a ser representado en las fiestas estatales o privadas, donde se hace una interrupción del orden habitual. Plauto se basa en las comedias griegas como las de Aristófanes, su finalidad no es retórica sino artística y de manera innovadora se observa la tendencia teatral del humos inocente e ingenioso, en cuanto a un aspecto tosco que esconde un ingenio para tratar los temas prohibidos, el problema de tales estrategias humorísticas era que quedaba solo al alcance de los más despiertos.

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