Sobre el humor y la risa I – El humor en la Grecia clásica

En esta y sucesivas entradas voy a intentar adaptar un ensayo que he realizado,  una suerte de arqueología del humor con sentido crítico; en él pretendo vincular las formas culturales del humor y la risa con una utilidad o comprensión de esta influida por el poder y por las jerarquías sociales heredadas. Pero aun mas, partiendo de la contraposición explicitada en la historia sobre el humor,  su apropiación o no a las situaciones y los usos sociales, pretendo también dotar de una especie de finalidad natural al humor y la risa, que es precisamente de poco gusto por parte del poder, de manera que parece darse a entender, en mi subjetiva visión, que el humor y su uso en las personas las definen de alguna manera como ajenas al poder-serio. Quizá se pueda inaugurar de aquí otro modo de poder, otra forma de influir en el mundo por parte de los individuos, de mayor alcance y quizá con caracteristicas diferentes, aunque esa cuestión requerirá al menos otro ensayo para postularse. Por ahora comencemos con una introducción y una investigación sobre el origen del humor occidental y sus formas en la Grecia clásica:

Definición de Humor:

“El humor se entiende como cualquier mensaje, transmitido por el gesto, la palabra hablada o escrita, la imagen o la música que se proponga provocar la sonrisa o la risa”

Esta noción de humor es, sin embargo, moderna, y fue recogida por primera vez en Inglaterra, 1682. Antes de esto humeur, palabra francesa de la que deriva la inglesa, aunque no así su posterior acepción, refería a los cuatro principales fluidos del cuerpo: sangre, flema, bilis y bilis negra, tal como lo hace invariable desde al acepción griega. Es por tanto la concepción de humor que trabajaremos aquí de origen plenamente inglés, siendo el humor inglés, el primero en dar nombre y apellidos a este concepto, como reconoce Voltaire y Víctor Hugo en Francia,  o Lessing en Alemania.

Posteriormente este concepto se amplia, se integra en el lenguaje y se clasifican sus formas, dando lugar a términos como joke, o gag, y aunque rastrear el torrente de términos que orbitan alrededor del humor en las diferentes culturas modernas sería una tarea fascinante prefiero hacer un recorrido mas centrado en sus formas, en las intenciones en las que se descompone dentro de los marcos culturales. Dar cuenta de las ocasiones en las que es usado, de su excelencia en determinados momentos históricos y no así en otros, y de cómo la risa es un gesto humano que sigue siendo misterioso y cultural e históricamente variable en sus formas, en sus finalidades sociales, y en lo que la provoca.

En un primer instante histórico en referencia a los estudios sobre el humor, sociólogos, filósofos y psicólogos pretendieron que existía una especie de ontología del humor, como si el rasgo de la risa o la intencionalidad humorística fuesen parte de un a priori epistemológico, sin embargo me parecen fenómenos culturalmente determinados a lo largo de la historia.

El Humor en la antigua Grecia

El humor en la antigua Grecia se caracteriza por la figura del bufón, pero no el bufón medieval que incorpora ya un objetivo de entretenimiento, aquí la figura, en la etapa más temprana, es un ciudadano que acude a los banquetes para intentar dar a las conversaciones aristocráticas que en ellos suceden un toque de alegría, normalmente con finalidad definida. El humor en esta época esta reservado al ámbito privado referido, y cuando sucede en público, como en comedias teatrales tan conocidas como las de Aristófanes, está ubicado en un marco de festividades, normalmente en honor de Dionisio, que suponen precisamente una excepción del orden normal de la polis, del que habitualmente se haya excluido.

El humor de la época clásica toma forma principalmente en la burla, es por esto la inapropiación para el ámbito social aristócrata de la marcha habitual de los asuntos de la ciudad, ya que la burla puede tomarse como ofensa pudiendo tener desagradables consecuencias sociopolíticas. Esta es la razón por la que las excepciones en las que es utilizado, suponen precisamente un marco en el que implícitamente se permite la mofa de uno mismo por parte de todos los presentes, entendiendo la ocasión para el divertimento y no para asuntos más serios, aunque manteniendo esa “malicia” burlona. Las festividades tenían y tienen, una finalidad de demarcación temporal, pues la continuidad rutinaria en etapas era delimitada por ellas, y era el momento para la relajación considerada necesaria también para el buen orden social, de ahí su sentido.

Volviendo a la figura del bufón, diremos además que este termino evoluciona y se disocia en aspectos y actitudes que merecen otros términos, supone entonces una mezcla de cómico y adulador. Muchos ciudadanos, de aristocracia menor, y con cierto ingenio, se procuraban el beneplácito de un ciudadano ilustre gracias a la adulación, de esta manera eran invitados a los banquetes donde además cumplían la función de desprestigiar, en su mayoría con una técnica de jocosa comparación, a los contrarios del ciudadano, invitados del mismo estatus que se reunían en ocasiones para tratar temas sociopolíticos. De esta manera el bufón formaba parte de la ventaja de “jugar en casa” que representa que una decisión deba tomarse en la residencia de uno u otro aristócrata local.

Aproximadamente en el S.V A.c. el acontecimiento e institución que constituían los banquetes pierde su fuerza, las cuestiones políticas, sociales y económicas reciben su lugar en el agora y los participantes son designados por sorteo, en una adjudicación de cargos públicos. De esta manera, el banquete adquiere pues una finalidad plenamente ociosa, en la misma medida que parte de la aristocracia ve liberado parte de su tiempo de las obligaciones políticas, y de igual forma que se reduce la inclusión distribuida de los ciudadanos en dichos asuntos. Esto supone, como toda ampliación del marco del ocio, una oportunidad para las artes, y en el caso de los banquetes para los entretenimientos, entre ellos los bufones. A pesar de los cambios se mantiene la competencia que alimenta la labor de adulación y comparación jocosa de los bufones, ahora no entre ciudadanos por motivos políticos, sino precisamente con motivo del ocio, de los mejores espectáculos, manjares o decoraciones. El bufón, amplia también sus artes, y lo cómico se traduce por una representación de lo grotesco que potencialmente habita en cada acto o palabra de comensales o incluso demás artistas, aunque aquí la burla deja de ser redirigida con una finalidad maliciosa, para recaer en el mismo bufón, que de esta manera hace reír mutando la finalidad al puro divertimento.

Es más tarde, y a tenor del cambio de ubicación, fruto de la organización de la polis, del lugar indicado para la discusión de asuntos políticos; y por la influencia de los banquetes precedentes, que el humor aparece por primera vez como una forma de contrariar el orden social imperante, de tal manera que es incluido como estrategia entre los oradores, y pasa a tener un lugar en la retórica. En la misma medida encuentra pues también su uso en el agora y las situaciones apropiadas, pero distinguir estas situaciones y su medida es complicado, y causará tendencias que describiremos más adelante, en contra de la risa y el humor. Respecto al uso retórico, aristocrático y bufonesco del humor, encontramos una ejemplificación bastante interesante: como supone el que existiese un club de cómicos, llamado “El sesenta”, donde se reunían cómicos para charlas amistosas e hilarantes, se practicaban trucos y se inventaban chistes.

La primera recopilación de chistes data del siglo III D.c., e incluía referenciados chistes procedentes de este club. Esta recopilación es extremadamente útil para analizar la función social del humor, sus formas de utilización y temáticas preferentes. Respecto a estas últimas es interesante, para contextualizar el humor epocal, referir que las burlas de los chistes referían en una gran mayoría a maneras de ridiculizar habitantes de otras polis o extranjeros, así como sus costumbres culturales. En menor, pero amplia, medida, eran los eruditos y estudiosos objetivo de los chistes, esto resulta especialmente curioso, en primer lugar porque parece dar una razón primera del nacimiento humorístico en los estratos sociales populares, y segundo porque puede dar lugar a la contraposición, entre la erudición y el sentido del humor, que mas tarde se explicita en Aristóteles y Platón, y que supone base para posteriores tendencias contra humorísticas. Es posible que el poder del saber académico, vehiculase cierto rencor social de un difícilmente describible talante psicológico, que iniciase de algún modo la tendencia del gravitas,  la seriedad para asuntos serios, esto trae fácilmente a colación la pregunta ¿qué es un asunto serio? pues más allá de la importancia de un asunto, la seriedad refiere precisamente a la forma de tratarlo, pero esta forma de trato no parece estar directamente relacionada en abrupta e incompatible contraposición con la eficiencia de las decisiones tomadas al respecto, o de la coherencia de las argumentaciones necesarias en un debate.

A lo largo del S. IV A.c. encontramos un umbral con respecto a la forma del humor, este abandona, o al menos relega a un segundo planto, la mofa burlona como intención para adoptar la finalidad del divertimento puro, el humor intenta de esta manera hacer reír, simplemente, sin tener un objeto de este, un interlocutor ingenioso que lo genera, y unos receptores en función de público. De esta manera empiezan a aparecer también chistes que no intenten ofender a nadie, sino valorar la risa por si misma. El motivo de este umbral parece sucederse durante el S III, en el que aparece una tendencia al rechazo del humor tosco y burlesco, mediado normalmente por ataques personales comparativos, y de esta manera aparece el humor inocente.

En sus textos, Platón y Aristóteles dedican sendos capítulos al fenómeno del humor y de la risa, que es en su opinión natural, sin embargo y en relación con lo anterior señalan la importancia de la moderación en este, un ejemplo claro de justificación para esta aparece en “La República”, centrada en el estamento de los guardianes: para estos es necesaria en su función contener y administrar la risa, en especial en su trato con los ciudadanos o guardianes de otras polis, porque un humor “violento”, genera reacciones y relaciones violentas, y es contrario al principio general que rige el funcionamiento de la ciudad en la obra, la armonía. De esta manera, y con justificación erudita, el humor hiriente pasa a un segundo plano, y al humor inocente se le empieza a llamar “ingenio”, y se asocia con la mesura y la prudencia, valores en alta estima social y cultural de la época, y por tanto como esencial, el no extralimitar el humor, en los comportamientos aristocráticos considerados correctos. La razón de este ingenio y de su inclusión en las formas y modales aristocráticos tiene que ver con un aburguesamiento en pleno esplendor de la polis que trae consigo un refinamiento moral. Es en mi opinión pertinente enunciar al menos la duda entre la relación cultural invariable que los escritos teóricos de la época establecen entre el ingenio y el refinamiento moral, pareciese que se intenta más bien ajustar la lucha de dominación social a unas normas controlables, por primera vez aparece, a mi modo de ver, la risa como peligrosa, no en consecuencias, sino como factum libre e incontrolable, como escape y ataque en el dominio, como un arma en manos de todos.  Sin embargo, es necesario asumir que aunque los textos y por tanto las mayores referencias que se pueden encontrar, refieren a la aristocracia; el pueblo llano, los artesanos y esclavos, y aun los guardianes en intimidad mantienen el humor tosco, el de la mofa personal, que de alguna manera se mantiene a pesar de las pretensiones eruditas por refrenarlo, que no van más allá de su alcance también limitado.

Corrientes contrarias al humor y la risa

Entre los siglos IV a. C y III d. C surgen varias tendencias contrarias a la risa, tanto entre sociedades de guerreros como la espartana, como en escuelas ascéticas comola Pitagórica.

Los espartanos hacían gala del llamado humor tosco, y en nada se contagian del ingenio, sin embargo su uso queda enmarcado dentro de lo considerado el adiestramiento de los guerreros. Los banquetes vuelven a tornarse situaciones clave, más se descubren importantes diferencias con las formas griegas de este, aquí los jóvenes eran iniciados con amplias sesiones de burla y caricatura fusionada y alimentada con la fiesta, pero solo con el objetivo de fortalecer el carácter, pues la consideración del humor a nivel social general era entendido como de mal gusto y enemigo del gravitas necesario para la concentración en la lucha, y era de tal manera que aun durante las celebraciones en las que se atacaba humorísticamente a un iniciado, este podía, cuando su aguante llegase al limite, pedir que las mofas parase, y de inmediato así sucedía. El humor era utilizado, y si no carecía de esencia propia, al menos no les era agradable ni reconocido un disfrute en su uso, por lo que su existencia social era meramente funcional.

Por otra parte, los pitagóricos consideraban la risa enemiga del ascetismo del erudito, era expresión del cuerpo y enemigo de la espiritualidad. Quizá lo más importante es como está tradición epocal y cultural ha sido heredada por el ascetismo cristiano y los Padres dela Iglesia.Deesta manera llegaría ala EdadMediauna consideración de in apropiación de la risa y su suscitación, el humor, que fue inculcada y transmitida a través de las reglas monásticas que guiaban la educación de los clérigos y cristianos de clase alta, prueba de la herencia ascética es la recopilación por Santo Tomas de la argumentación a favor de la prudencia en la risa desarrollada por Aristóteles. Mas adelante intentaremos desarrollar en algo más de profundidad el papel del humor y la risa enla Edad media, así como su trato.

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