Vino viejo

Las calles de Londres se me antojan grises y frías, más aun en la noche, y no me place recorrer sus tejados aun abrigado bajo mi gruesa túnica. Mis piernas me impulsan dando saltos,  alternan su apoyo entre azoteas,  cornisas, mástiles o chimeneas;  cruzo la ciudad avanzando en dirección noroeste, aunque lentamente, esta noche estoy un tanto caviloso y somnoliento. Atravieso Greenwich esquivando las múltiples cuerdas, cables y antenas que pueblan los húmedos tejados, cuando, peligrosamente cerca, percibo el sonido que produce el imponente Támesis. En cuestión de saltos,  el reflejo que la intensa iluminación londinense arroja  sobre la superficie del agua me deslumbra por completo, evitando que salte hacia ella aun aturdido.  Los Sabak contamos con un sentido de la vista muy desarrollado y los cambios repentinos de luminosidad pueden cegarnos fácilmente, nuestro oído, en cambio, no es mas fino que el de cualquier humano, aunque si nuestro olfato.  Siguiendo mi camino, comienzo a remontar  la ribera sur del rio en dirección oeste, hasta dar con el paso subterráneo de Rotherbithe Túnel. Desde la azotea de un edificio adyacente observo como la boca del túnel se hunde profundamente bajo el inmenso cauce.

–         Este no es un paso precisamente discreto – susurro,  antes de dejarme caer sobre el remolque de un enorme camión que ya ocupa la rampa descendente. Tomo asiento sobre la superficie del improvisado vehículo, apoyando junto a mí el pequeño bastón de retorcida madera que siempre porto. En ocasiones como esta mi reducida estatura es una ventaja, apenas un metro y treinta centímetros; mi indumentaria se ajusta bien a mis medidas excepto la ondeante cola de mi vieja túnica que mide casi dos metros: Heredada de mi abuelo, esta prenda que antaño fue de color rojo brillante se ve ahora oscura, habiendo adquirido  un tono próximo al del vino tinto.

Ya en marcha y bajo tierra, disfruto con la sensación que  el aire caliente produce al retirar mi capucha y agitar mis hojas sin mucha compasión, pero tengo que cerrar los ojos ante el incesante y vertiginoso desfile de luces que ya me marean. Al cabo de unos segundos  el aire empieza a sentirse más fresco, es la señal de que la salida esta próxima, me incorporo y empuño con fuerza mi reseco báculo. Instantes después el camión emerge al otro lado del Támesis, donde una retención de tráfico detiene la metálica masa sobre ruedas y me da la oportunidad de encaramarme de nuevo a los tejados bajo la protección de la noche. Aliviado suspiro, y emprendo de nuevo el camino hacia el noroeste, Camden es mi objetivo esta noche.

Salto entre las azoteas veloz, como caen los frutos de las ramas de su madre; el destino esta próximo, y mis conjuros deben estar preparados cuando llegue el momento. Concentrado como estaba, casi acabo estrellándome contra el pavimento  siete alturas más abajo,  al tropezar con un cable del tendido eléctrico  en Cardington Street; los años no pasan en balde, y con los lustros mis hojas pierden su original verde brillante. Sigo adelante, un tanto ausente, hasta encontrar el enmarañado tropel de vías superficiales que sirven a la red del metro de Londres, siempre tan útiles. Escojo una de tantas vías que se alejan en dirección oeste, particularmente una que no parece estar en uso.  Pierdo mas de cinco minutos buscando entre mis ropajes, reviso la bolsa y los pliegues que la exagerada longitud de mi túnica produce, tan útiles para ocultar objetos y en cambio tan enemigos de la organización, prácticos a medias, pero ya soy viejo para cambiar.

–         Maldita sea Krimby, donde te has metido – exclamo, arrepintiéndome de inmediato. Por suerte no parece haber nadie en los alrededores; el silencio es nuestra divisa, pero temo que la edad me  haya convertido en un confiado cascarrabias.

Finalmente logro encontrar el utensilio, con vida propia, que buscaba murmurante; Krimby.  Este es mi compañero,  un extraño escarabajo completamente negro, de brillante y pulido exoesqueleto, y ligeras alas de insecto; su particularidad es que no son afilados arpones los que culminan sus extremidades, sino funcionales ruedas similares al de un ferrocarril antiguo. Resulta particularmente útil para desplazarse por la superficie;  esté en el país que esté, y a pesar de los estándares ferroviarios que condicionen el ancho de las vías, mi viejo amigo se adaptará.

Krimby posee un alma  infantil que contrasta y complementa  la mía, es menester sin embargo, aplicarle una sutil disciplina para que mantenga la calma durante nuestros trabajos nocturnos. Tras aplicar sobre él mi “Gigant bean” su tamaño se multiplica hasta alcanzar la envergadura de un gran can de la superficie. Acaricio suavemente su cabeza mientras me subo sobre su dura espalda, los años han convertido este asiento en el más cómodo que pueda imaginar. Acto seguido mi fiel compañero ensambla sus circulares apéndices en los raíles de la vía elegida y se pone en movimiento a gran velocidad, no debemos perder más tiempo.

Dejo las vías en Parkway, obligando a Krimby a retomar su tamaño habitual, esto no le complace en absoluto, ya que goza con la amplia capacidad de movimiento que tanto contrasta con la que le permiten mis ropajes, aun con sus reducidas proporciones.  Tras zanjar dicha disputa con un capón, continuo por esta importante avenida hasta el cruce de Greenland Place. Desde lo alto del edificio la plaza se ve sobrecogedora, aun vacía y en la noche.  Sentándome sobre el bastón, en vertical equilibrio, comienzo a meditar; es menester que mi mente se despeje para ejecutar la percepción de aura.

Demasiado tarde, ya esta aquí. La información era correcta, el tiempo escaso y mi puntualidad, tan relativa como siempre. Apenas emprendo el arduo proceso que la meditación perceptiva implica, me veo obligado a interrumpirlo para salvar mi vida saltando hasta la azotea colindante.  El hillwox no solo esta aquí, sino que al contrario que yo, ya  ha percibido a su enemigo y no ha dudado en instigarme con su poderoso y característico “Black fire”.

La bola de fuego es negra como el carbón, si la observas con detenimiento puedes alcanzar a ver un reflejo azulado en su interior, y claramente descubrirás la estela de níveo humo que deja tras de si. Ha impactado exactamente donde yo me había situado hace apenas unos segundos, excavando un enorme boquete tridimensional, de forma esférica y mas de6 metrosde diámetro; es probable que haya heridos y aun bajas humanas, pero yo no puedo hacer nada.

¡Ahí esta! – Exclamo fuera de mi, cuando mis ojos encuentran la estilizada silueta de mi enemigo. Su raza se caracteriza por tener la forma de un felino, suelen ser  completamente negros y de tamaño algo superior al de un gato común. En el extremo de su cola arde incombustible una pequeña llama azabache que origina el poder de su “Black fire”, pero esto no es  todo, su inteligencia y maldad innata les han concedido el titulo de enemigo natural de los Sabak  y son tan  capaces de utilizar la magia como nosotros.

Es hora de esforzarse al máximo, las rodillas de este viejo aun pueden ser de utilidad, no voy a perder como no le he hecho durante 100 años – La lucha comienza y he aquí mi estratégico primer paso. “Big Tree”.

El hillwox se ve tremendamente sorprendido cuando el roble florece a la velocidad del rayo y con el tamaño de un edificio de seis plantas. Greenland place se ve absorbida por la mágica vegetación que súbitamente destroza el pavimentado suelo,  provoca también  algunos daños menores a los edificios adyacentes con sus múltiples ramas que ya se extienden por las azoteas como vegetales sierpes. Silencioso, me deslizo por la copa del árbol acercándome al estupefacto ser que, aun inmóvil, examina con detenimiento el suelo de la plaza. Cuando la oportunidad se presenta no se puede desaprovechar.

– “Pinocho noise” –oculto entre el ensombrecido follaje mi susurro da vida al hechizo. Repentinamente, el extremo inferior de mi bastón crece longitudinalmente, rápido como el ataque de un lancero y en dirección al objetivo seleccionado con milimétrica precisión.

Aunque mi milimétrica precisión deja bastante que desear desde hace algunos años y, aunque el ataque coge por completo desprevenido a mi enemigo, solo logra perforarle uno de sus felinos pabellones auditivos, dejando una marca similar a la que provocaría  una boca circular al borde de su oreja.

Maldigo mis cansados ojos mientras rechinan por si solos los pocos dientes que me quedan, el maldito hillwox ha descubierto mi posición entre la vegetación y parece haberse enfurecido bastante. Restableciendo la longitud habitual de mi báculo, vario mi posición, rápida y silenciosamente, aun atento a los movimientos del aparente felino. Mientras me desplazo con los ojos fijos en su figura detecto como susurra unas incomprensibles palabras, su magia esta en camino y subestimarla puede significar la muerte.

De pronto su boca se abre desorbitadamente y deja paso a un torrente de aves negras, cuervos parecen, y tan veloces como estridentes envuelven a su creador en un torbellino de oscuridad de amplio diámetro. Esto hace que los ataques precisos queden descartados, quiere jugar fuerte y sabe que tiene ventaja. Es momento de inmovilizarlo, he de encontrar la manera o estaré perdido.

Nuevamente es mi enemigo quien da el primer paso, antes de que pueda pensar un movimiento efectivo los cuervos que antes envolvían y ocultaban su cuerpo se han fundido sobre su lomo, adoptan la forma de plumosas alas negras y el hillwox emprende el vuelo sobre la copa del árbol lanzando “Black fires” sobre varios puntos del follaje. ¡Como lo habrá descubierto! Estratégicamente situados, los diferentes focos del temible y negro fuego consumirán la copa de mi “Big tree” en apenas uno o dos minutos, dejándome sin protección y posiblemente algo chamuscado. Tengo que salir de aquí, pero con este monstruo sobrevolando la copa me será difícil hacerlo con seguridad. Aunque en momentos como este mi experiencia es de gran ayuda.

– “Wood Fusión” – Mi cuerpo se funde con la madera del árbol sobre la que mis pies se apoyan; lentamente, me desplazo por el interior de la madera hasta situarme bajo tierra. Es momento de terminar con esto y se como hacerlo. – “Cactus Boom” – Emergiendo  desde la oscura tierra y atravesando el duro pavimento, tan débil frente a mis fuertes raíces, ejecuto mi ataque absoluto. En el extremo de mi bastón florece una esfera de cactus del tamaño de un balón de futbol; mi fuerza no es lo que era pero sigue siendo suficiente para elevar esta esfera hasta la altura a la que mi enemigo sobrevuela mi anterior escondrijo a la espera de que sucumba a la amenaza del fuego negro. ¡Ahí va!

La esfera, impulsada por mi bastón manejado con ambos brazos, se eleva a gran velocidad hasta la altura apropiada y es entonces cuando… ¡Boom! Estalla como lo harían los mejores fuegos artificiales, expulsando, con la fuerza de la pólvora, cientos de espinas venenosas en todas direcciones; inevitable, venenoso y mortal. Se termino el juego.

Ha sido una ardua batalla, debo retirarme lo antes posible. El servicio de limpieza aparecerá en unos minutos para recoger los desperdicios y recomponer el campo de batalla.  Mis pensamientos vuelven a centrarse en mis hijos, también viejos pero no tanto; y en mis nietos aun jóvenes.

Mientras me alejo en dirección a Regent’s Park detecto la presencia del enemigo, pero no es posible sobrevivir a esa distancia del “Cactus Boom” ¿Qué demonios esta pasando?  Detecto mas de un enemigo, las auras son Hillwox, no hay duda ¿Mi mente esta sufriendo una alucinación? Los hillwox nunca actúan en pareja y menos en grupo. Mis nerviosos ojos examinan el lugar con inquisición ¿Dónde están, donde? ¡Ahí hay uno! Maldita sea, esta preparando un “Black fire”, debo… La presencia de otro enemigo se evidencia justo tras de mi, al instante también arriba,  a la izquierda,  sobre un edificio, otro hillwox prepara su cola para golpearme con su fuego. No puedo escapar, mis oídos ensordecen con el grito compuesto que estos crueles seres producen con sus chillonas voces – “Big Black Fire” – temo que no hay salida, antes de mi fin solo puedo arrojar  a Krimby por la obertura de una alcantarilla próxima. Me resulta difícil desprenderlo de mis ropajes a los que se agarra con todas sus fuerzas pero por fin, consigo deslizarlo por la obertura antes de que el fuego me consuma sin remisión.  Estoy contento, he visto muertes peores.

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