Sueño de buenos

Los buenos, suelen pacer en rebaños tranquilos, interesados en el forraje y en los prados, en que no falte agua ni sombra, en que la tormenta no les pille sin un techo a mano. Parece que piensen mientras rumian, parece que paguen por el prado, parece que vistan con las manos, y que no haya un amo. La vida les resulta sencilla, caminan convencidos de que el mundo es a su imagen y semejanza, que los seres vivos son placidos y habladores, en el peor de los casos algo egoístas. Su obtusa tranquilidad desprende una convicción fuerte: que los enemigos hay que creárselos,  que las historias que se ven o se oyen son cosa de locos, que algún sinsentido se ha apoderado de los protagonistas, una minoría, en una locura destructiva y atroz, y que en realidad hay justicia y paz a pie de calle.

Aun recuerdo cuando aquel taquillero del cine tomo mi billete de veinte por un extremo, me miro sonriente, se diría que agradecido, y dio orden de imprimir entradas para un estreno esperado. Yo procuraba acallar esa extraña repulsa, esa extraña sensación, tan frágil y poco abundante, aquel susurro al oído. – Sus entradas y su cambio caballero –  Es un buen dia, un final de tarde soleado, propicio para la ensoñación y la visita de Hedoné, mas el cambio está equivocado, ligero inconveniente fácilmente subsanable – Disculpa, te he dado un billete de veinte – apunto sonriente, permaneciendo a la espera de una complaciente y concesiva señal.  Aquel susurro retorna, narra el movimiento del taquillero, impasible, que se inclina hacia un lateral ocultando su cabeza tras la pantalla expendedora, se demora al menos diez segundos sin decir palabra, para finalmente enderezar su tronco esgrimiendo una mueca de desidia y cansancio –  No, lamento comunicarle que me ha dado un billete de diez – el susurro se convierte en grito y cual silencio me chilla al oído. Retorno a la ligera escaramuza con renovadas fuerzas, las acompaño de amplia sonrisa y mirada sincera, las acompaño de firme convicción. – No, discúlpame, pero estoy seguro de haberte dado un billete de veinte, por favor compruébalo de nuevo. –  La frase es demasiado larga, demasiado tiempo como para mantener la duda en el exilio, mis ultimas palabras desdibujan mi sonrisa, solo queda mi mirada sincera. Sin mediar palabra desaparece de nuevo, sino él, al menos si su cabeza y hombros. El joven sufre en su cabina, su imagen engominada y sonriente queda en una espalda medio vuelta y curvada, algo sudada y con toda seguridad no coronada por aquella sonrisa inicial, casi agradecida.  De nuevo situa frente a mi aquella cara, esta vez también se muestra sonriente, socarron, casi desafiante; en mi pensar se barajan posibilidades, debe ser el cristal reforzado, el sudor, el cansancio, un mal dia, una mala semana, un desamor, una pelea, o algo. – No, no, lo he comprobado, me has dado uno de diez, nada de veinte, lo siento.

¿Como que lo siente? un momento, solo es cuestión de revisarlo otra vez, ahí sigue mi convicción, aunque no la sonrisa ni la mirada sincera, ahora mi semblante es serio y este aspirante a hijo de puta acaba de dibujar un ceño fruncido. He llegado a ese estado, la desconfianza, parece plausible que esta situación sobrepase el estatus de error administrativo, todo es posible, yo creía que no, pero así es, ¿es esto un enemigo? ¿es esta la actitud del malo de la película, del truhan, del mameluco del desierto? – No, en serio, te he dado un billete de veinte, estoy seguro, acabo de visitar el cajero, compruébalo de nuevo y veras que llevo razón.

–         Caballero, ya tiene las entradas y el cambio, la fila tras de usted es muy larga, le ruego deje paso.

Si, parece que así es, no acabo de comprender porque a mi, no acabo de comprender porqué, Algos.

–         A ver, te he dado un billete de veinte, te has equivocado; me faltan diez euros, que no es poco, y si no me das el cambio voy a tener que redactar una reclamación.

–         Lo siento caballero, no tengo que darle nada, si no deja paso llamaré a seguridad.

Punto de inflexión, cambio, ensoñación, odiar el prado, la tormenta, y desear un amo para dejar paso al odio mundano.

–         ¿Seguridad? A ver, el que debería llamar a la policia soy yo, me acabas de estafar diez euros y encima me tratas de tonto. Llama a quien quieras, no me voy a ir  de aquí hasta que me des mi dinero.

El empleado pivota sobre el eje de su silla giratoria, agarra un radiotransmisor portátil y ejecuta su amenaza. Me cago en su puta madre, no , tranquilo, no es por faltar, es pura frustración, tranquilízate, tu eres más listo, menos hijo de puta, pero mas listo, espero que sea suficiente.

–         A ver chiquitín, no es necesario llamar a seguridad, no he mostrado ninguna agresividad física y no te he insultado verbalmente, a pesar de merecerlo, así que la presencia de un par de gorilas esta totalmente injustificada.

El joven sonrrie, de nuevo desafiante, no vuelve a dirigirme la palabra, se limita a exclamar:  ¡Siguiente, siguiente, siguiente! Una mano se posa sobre mi hombro, el mundo da la vuelta y ahí están, dos hombres uniformados, camisa caqui y pantalón negro, esposas, porra, escudo distintivo, poco pelo, escasa dignidad, y algo de hambre, supongo.

–         Joven, acompañenos.

–         Si, y un cojon de toro mecanico. Exigo una solución administrativa, ustedes deben proteger el complejo de amenazas físicas, no burocraticas, así que cerrad el pico y marcaos diez flexiones, una por cada euro que me ha estafado este listillo.

Sonrrien, les habré hecho gracia, siempre he sido un tio simpatico. Mi hombro libre se ve ocupado y atenazado, casi en volandas soy conducido a una puerta de servicio lateral, activo mi verborrea de emergencia, el botón rojo junto a la visión nocturna, hemisferio izquierdo. Resulta ineficaz, maldita sea, botón verde de pensar, pensar, pensar… Auch!

Acabo de recibir un buen golpe en las costillas, duele, otro en la cara, ese ya ha sido molesto de veras, uno de ellos saca su porra forrada en cuero de cerda, de su madre, y la descarga en mi espalda, así a bote pronto calculo un moratón de unos quince días, a este guardia le falta practica, será nuevo, otro porrazo en el muslo, marca del siete, no es grave, y ahora si, ahora si que me ha dolido, el guardia mas fornido me sacude una patada en la espinilla con las botas de servicio, se acabó.

Me agacho en el momento en que uno de los guardias intenta golperame de nuevo en la cara, la energía cinética no se desperdicia, la recibe su compañero. Rebusco en mi tobillera hasta encontrar el pequeño revolver y les vuelo la cabeza a ambos en un tris, antes de irme mojo mis dedos en su sangre y dibujo una poya en la pared, después dispongo sus cadáveres en posición de porculizante y porculizado, desnudos de cintura para abajo, para terminar mi show con un disparo directo al recto y por duplicado. Hedoné, me está entrando sueño, echo de menos mi prado, mi tormenta, mi forraje y mi odio al odio.

–         Lo siento caballero, no tengo que darle nada, si no deja paso llamaré a seguridad…

¿Me está escuchando?… Caballero… ruego se aparte de la fila… ¡Caballero! …

Sonrío caviloso, escuchar no es necesario, Hedoné, ensoñación, esperado estreno, los buenos …

–         Está bien, tome sus diez euros, buenas tardes, disfrute del…  , disfrute.

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2 responses to “Sueño de buenos

  • Nodea

    No hay nada mas poderoso que el arte de una persona 🙂

    Supongo que no es suficiente con ser bueno, los demas tambien han de serlo, ¿no?

    Te felicito, se me ha pasado volando.

  • Beijabar

    Gracias por la lectura Nodea, si, este realto es uno de esos que te sale un dia con algo de indignación al comprobar que a veces lo del “karma” no es suficiente xD , me alegro de que te haya parecido ligero y entretenido, en realidad en un relato es lo que se busca, también desde el punto de vista del escritor. Un saludo.

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